24 de Marzo: Crónica de un día que nos encuentra marchando.

 

[Por: Regina Scorza]

Es sábado y me despierto 8.30. Doy un par de vueltas: no me puedo volver a dormir. Agarro el celular, tengo algunos whatsapp. Es mi mamá que tiene una fiesta a la noche y me pregunta si le queda bien un saco. Contesto y me sumerjo en las redes. María Paz Casullo recomienda en Twitter “La gorra no se hereda” una serie de relatos de hijxs de genocidas publicadas en “El cohete a la Luna”. Leo un par: Erika Lederer y Florencia Lance transitaron infancias muy diferentes. Para la primera el maltrato era moneda corriente, en cambio, Florencia narra cómo su padre siempre fue cariñoso con ella. Sin embargo, a pesar de las diferentes crianzas, al conocer la participación de sus progenitores en los crímenes de lesa humanidad desobedecieron sus raíces. No había forma de compartir el horror. Hoy, por primera vez, se suman a lo que para muchas y muchos, es casi un rito.

Hace varios años -quizá 7- mis 24 de marzo son bastante parecidos y bastante diferentes. Lo parecido es que no hay otro lugar donde estar que no sea la Plaza de Mayo. Lo diferente pueden ser las compañías, el horario en el que llegue y en el que me vaya. Pero acompañar a las Madres y a las Abuelas, para mí, es un deber. Me gusta pensar que conformamos día a día lo que somos y lo que queremos ser en las acciones que realizamos. A mi me gusta estar en la Plaza los 24. Conformarme con esa presencia, a pesar del nudo en la garganta, de las lágrimas que se pueden caer, del dolor siempre latente.

Subimos en Ituzaingó. El tren estalla. Somos muchos yendo al mismo lado. Esas presencias que se festejan siempre, aunque no podamos ni movernos. Con mi compañero coordinamos encuentro con amigas. “Subí en vagón tres, puerta dos”. Indicaciones pavas en un mar de fueguitos. Flores y el subte nos encuentran al fin, otra vez, subir como podemos. Apretadxs pero juntxs: marchando.

El viaje nos va preparando, el hit del verano suena entre los pasajerxs, una y otra vez, Mauricio Macri y Patricia Bullrich son los protagonistas favoritos. Pero tampoco zafan del fervor popular Horacio Larreta y María Eugenia Vidal. En Plaza Miserere ya no quedan extraños. Estamos juntxs: marchando.

Salimos a superficie y siento una especie de deja-vú al ver los -ya clásicos- pasacalles de La Poderosa. La presencia de la organización es cada año más notable. No hay un rincón en donde no estén denunciando el accionar actual de las fuerzas de seguridad y sus vínculos con ese pasado espantoso al que todas y todos decimos ¡Nunca más!

Entre los afiches que inundan las paredes, se puede leer “30.000 no pudieron venir. La columna de Cambiemos tampoco”; “Las víctimas de los vuelos de la muerte no se ahogaron. Santiago Maldonado tampoco”; “Los genocidas continúan callados. Clarín y La Nación también”; “Rodolfo Walsh no cayó abatido. Facundo Ferreyra tampoco”.

El sol radiante de la mañana se fue perdiendo y frente al Cabildo ya está todo nublado. Como si el tiempo supiera que estamos ahí, por los 30000 a los que impidieron venir. Mi mirada se pierde en un grupo de personas lleno de nenes y nenas. Se ven radiantes: nadie les negó la memoria. Pienso en los más de 300 nietos que siguen siendo privados de su verdadera identidad. Por ellos: estamos marchando.

Los 24 son también fuente de trabajo para muchos. La Plaza no se priva de ofrecer su menú de hamburguesas y choripanes. También hay sanguches de salame, comerse uno es consigna cuando, hace días la policía detuvo a un chico por venderlos en la vía pública. Ante el repudio generalizado, un medio de comunicación con el okay de Maxi, el vendedor, difundió su teléfono y lo desbordaron de pedidos delivery. Pero no sólo se trata de comida, mientras caminamos también cruzamos un montón de personas vendiendo remeras, pines, imanes, entre otras cosas.  Los pañuelos inundan la escena y dan de comer. Las plazas no sólo denuncian ajuste, también visibilizan a los trabajadores de la economía popular y les dan un lugar de refugio.

 

Llega la lectura del documento. Los organismos son muy prolijos, nada queda fuera. Se recuerdan los crímenes de la última dictadura. Se denuncia el accionar de la justicia en los últimos meses: las prisiones domiciliarias, el intento del 2×1 que desencadenó en la histórica plaza de los pañuelos del 10 de mayo pasado con más de 500 mil personas en Plaza de Mayo y un millón en todo el país. También refieren al desfinanciamiento del gobierno nacional en los diferentes programas y políticas públicas de Derechos Humanos. Se trata de una política integral:  Hace un año, frente a esta misma Plaza alertamos acerca del negacionismo impulsado por funcionarios del Gobierno, que ha tenido diversos intentos para abrir la puerta a la impunidad. Venimos entonces aquí, también para recordarles a los negacionistas, una vez más, que los desaparecidos son 30.000 y nos faltan a todos, expresan en las primeros lineas.

Pero el documento es extenso, comparado con años anteriores, se denuncia la persecución a dirigentes opositores: judiciales, políticos y sindicales como también el cercenamiento de la libertad de expresión y la voluntad del gobierno por acallar a las voces disidentes. Están presentes El Chino Zanini y Luis D´elía, liberados ese mismo día. Para los organismos de Derechos Humanos se trata de presos políticos. Cuando nombran a Milagro Sala la Plaza tiembla fervorosa repudiando el hostigamiento producido hacia ella desde el gobierno nacional y el gobierno jujeño. El shock contrario ocurre cuando se menciona a Santiago Maldonado, hay un corte en el aire, una tensión. Silencio. Caras perdidas. Algunas llorosas. Dijimos “Nunca Más” pero Santiago no está. Tampoco están Rafael Nahuel ni Facundo Ferreyra. Estos casos no son casuales, según la CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional) una persona muere cada día por el accionar de las fuerzas de seguridad. El gobierno de Macri habilitó una política represiva que empeoró las cifras. Nos están matando y los organismos de Derechos Humanos lo están diciendo. Lo están nombrando. Lo están visibilizando. Como las madres hace 42 años, cuando -dictadura de por medio- rondaban la pirámide de Mayo buscando respuestas sobre el paradero de sus hijxs. Los 24 de marzo son eso. Son la ronda anual de los jueves. Ronda de balances que vuelca luz sobre lo que pasó y lo que está pasando, desde el lente de una generación acallada que peleaba por un mundo mejor: más justo, más igualitario, con más oportunidades.

La participación de los grupos económicos y sectores de la sociedad civil también fue recordada y denunciada en la lectura del documento. En ese sentido, el discurso volvió a cargar nuevamente contra la justicia lenta y benefactora de las corporaciones económicas. No escaparon del escrache: “la cúpula de la Iglesia (…) y los grupos económicos como Clarín, La Nación, La Nueva Provincia o la Editorial Atlántida; la Sociedad Rural Argentina, Ledesma, Ford, Fiat, Mercedes Benz, La Veloz del Norte, Acindar, Dálmine-Siderca y Loma Negra; la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica; la corporación judicial”. Si bien todos fueron repudiados mediante silbidos, Clarín, La Nación y la Sociedad Rural Argentina se llevaron los mayores rechazos entre los presentes.

Delante mío una nena de 6 o 7 años se duerme en brazos de la mamá, el papá le besa la frente y abraza a ambas. Pueden estar juntxs. La nena sabe de quién es hija. Los papás están vivos, están marchando.  Registro la situación y comienza a hablar Estela de Carlotto, ella ya encontró a su nieto pero sigue buscando a los que faltan: “Hemos resuelto 127 casos, pero aún son cientos los hombres y mujeres que viven con su identidad falseada (…) Necesitamos la ayuda de toda la sociedad para encontrarlos (…) Es imperioso que quienes tengan algún dato sobre un posible hijo o hija de desaparecidos, lo acerque a Abuelas (…) La identidad es un derecho, que entre todos debemos garantizar.”

Las políticas económicas del gobierno de Cambiemos también son blanco de los organismos de Derechos Humanos que denuncian el desempleo, el aumento en las tarifas, la interrupción de programas públicos esenciales, entre otras. Ya van casi 30 minutos de un discurso extenso pero complejo: la solidaridad con los familiares de los tripulantes del A.R.A. San Juan también se hace presente y la plaza acompaña con aplausos el reconocimiento.

Estela y Taty Almeida, son -quizá- las oradoras favoritas de esta multitud que desborda cuando las escucha, que las siente suyas. Es que ellas, junto con las otras, son también nuestras abuelas y nuestras madres. Nos enseñaron a luchar y a no declinar nunca. Tal vez sean sus 80 largos, los riesgos a los que se expusieron o la coherencia con que llevaron adelante su lucha. Pero su voz hace la diferencia en la lectura.

Con el pedido de una ley que permita la interrupción voluntaria del embarazo y el histórico saludo a los 30.000 desaparecidos que están presentes, ¡ahora y siempre!, culmina la lectura del documento y empezamos a desconcentrar. Pienso que somos muchxs, muchisimxs. Apretadxs nos dirigimos hacia Diagonal sur. Vuelvo a casa convencida de que estaremos allí las veces que haga falta. Porque la Memoria es el camino que nos va a llevar a la Verdad y a la Justicia, que nos va a permitir recordar siempre las vidas que nos robaron. Pero sobre todo, la memoria nos va a encontrar marchando para gritar fuerte ¡Nunca más!

 

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