Amenazas e intimidación en plena noche

PH: Colectiva Fotografía a Pedal

Fabián Gorosito tenía 22 años. El 15 de agosto de 2010 apareció flotando boca abajo en la zanja de un descampado del partido de Merlo. Tres días antes, Maximiliano Silva y los hermanos Daniel y José Mancini, amigos del joven, fueron torturados e interrogados por policías de la seccional 6ª de Mariano Acosta por su relación con Fabián. El miércoles pasado, su madre, María Viera, denunció frente a los Tribunales de Morón permanentes amenazas e intentos de asesinato.

“Esto no da para más. Cada vez estamos peor. Desde el mes de marzo tengo custodia policial, cuando me tiraron un coche encima”, cuenta a En Tránsito María Viera, la mamá de Fabián Gorosito. En la madrugada del sábado la mujer y Daniel Mancini fueron víctimas de amenazas e intento de asesinato. Desde que inició el segundo juicio que investiga la responsabilidad de una mujer civil y 11 policías de la Comisaría 2ª de Merlo en la muerte de Fabián, los ataques contra su madre y sus tres amigos se profundizaron. “El viernes a la noche, para la madrugada del sábado, me chocaron una camioneta contra la reja de mi casa. Luego se dirigieron a la casa de Daniel, que vive a tres cuadras. Le tirotearon la casa. Le tiraron tiros a él. Era como si dijeran ‘acá estamos’”. Un tiempo atrás, la mujer y los tres jóvenes fueron abordados por tres patrulleros que, a alta velocidad y con sirenas encendidas, los siguieron desde Ferrari hasta Mariano Acosta.

Según advirtió la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), que recientemente presentó ante el Juzgado de Garantías 6 de Morón un habeas corpus preventivo; ya en el primer juicio que se realizó en el 2013 se había alertado al Tribunal de los episodios de hostigamientos y amenazas hacia los testigos, familiares y abogados de la causa. “Desde que se inició el juicio las tres víctimas han sufrido múltiples amedrentamientos. Están absolutamente vulnerados en sus ánimo en relación a acechos permanentes, automóviles sin patentes que rondan de noche, envenenamiento de los perros de uno de ellos el día que se inició el juicio, merodeo en las escuelas donde mandan a sus hijos”, detalló Margarita Jarque, Directora del Programa de Litigio Estratégico de la CPM.

El juicio tiene como imputados a Adrián Giménez, Pablo Nievas, Raúl Ortíz, Cristian Fortunato, Luis Fernández, Hernán Oviedo, Gabriel Sánchez, Leonardo Ose, Rubén Villalba, Marcelo Dipierro, Gonzalo Cueli, todos ellos efectivos de la Comisaría 2ª de Merlo. Además de Aixa Sosa, pareja de Giménez, y con quien presuntamente Gorosito mantenía una relación. En el 2014 Giménez ya fue condenado a 13 años de prisión por haber secuestrado y torturado a los hermanos Mancini y Silva. “Tres días antes del homicidio de Fabián hubo un hecho de torturas graves contra tres jóvenes. Este grupo de policías imputados buscando ubicar a Fabián Gorosito a quien finalmente lo asesinan pocos días más tarde”, explicó Jarque.

El martes de 21 de agosto comenzó el segundo juicio que investiga la muerte de Fabián. En el 2013, en un proceso que la Comisión Provincial por la Memoria calificó como plagado de irregularidades, el Tribunal Oral nº 5 de Morón absolvió a todos los imputados. Pero la Cámara de Casación Penal bonaerense anuló el fallo y ordenó comenzar un nuevo juicio. “En el primer juicio pude entrar pocas veces. Yo estaba con mi marido y ellos decían que invadíamos la sala, que los amenazábamos y el tribunal siempre cedió para ellos”, afirmó María. Mientras que Margarita Jarque aseguró que “los testigos tienen miedo y piden no declarar delante de los imputados”.

En un comunicado, la CPM consideró que  estos hechos de intimidación y amedrentamiento “constituyen actos ilegales, son manifiestamente persecutorios y graves, dado que los comenten quienes cuentan con medios, información e impunidad para realizarlos. El accionar ilegal que se describe deviene característico de las fuerzas de seguridad, que tienen un dominio territorial y acceso a herramientas para efectivizar hechos intimidatorios de manera reiterada, con el fin evidente de evitar o desviar el control jurisdiccional e imponer el terror”.

“Hace ocho años vengo peleando”, relata María. “En este camino tan triste he encontrado mucha gente que nos da una mano incondicional. Esperamos tener justicia. Yo lo único que pido es justicia y que mi hijo descanse en paz”.

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