[Reseña de la entrevista* hecha en el 2010 – Por Gaby Pascual, año 2010] – ‘La historia no se ocupa del pasado, le pregunta al pasado cosas que le interesan al hombre de hoy, al hombre vivo’. Siguiendo esta idea ¿Cuáles son las cosas que le interesan a nuestro Osvaldo Bayer al interrogar al pasado? Él se define como anarquista y también como pacifista. Cuando se metió a indagar en el pasado, en los años ’60 y ’70, varios de sus amigos formaban parte de movimientos revolucionarios: Walsh, Urondo, Conti; y Bayer entró en contradicción con ellos porque se incluía a violencia como elemento de transformación. Intentando entender ese presente comenzó a preguntarle al pasado y descubrió historias con las que entró en discusión y hasta en contradicción en torno al uso de la violencia. ¿Es lo mismo la violencia desde abajo que desde arriba? ¿Es lo mismo Severino Di Giovanni que Julio Roca? ¿Qué relación hay entre genocidio indígena, asesinato de obreros y terrorismo de estado? Acerca de esto ha hecho historia. Escuchemos cuál es la concepción de historia desde la que se para Osvaldo Bayer para hacer historia.

– Bayer nació en Santa Fe en 1927. Estudio medicina, filosofía y finalmente se dedicó al periodismo y a la historia. En 1952 viajó a Alemania a estudiar Historia en la Universidad de Hamburgo ya que no compartía la orientación de la universidad argentina en los años del peronismo. Dice el propio Bayer: ’quise estudiar un año de medicina, para conocer el cuerpo, antes de conocer el alma estudiando filosofía’.

– Se casó con Marlies Joos y tuvo 4 hijos. Luego del exilio en 1975 la familia se radicó en Berlín y allí vive desde entonces. Al terminar la dictadura su mujer se negó a retornar al país por ello Bayer va y viene varias veces al año. En relación con esto ha dicho: ‘hace 27 años empezaba esta dictadura que hizo desaparecer a tantos queridos amigos y que a uno lo obligó a irse del país. Yo no voy a perdonar nunca tener que irme por escribir ’La Patagonia Rebelde’. Con un cambio absoluto y total también para mis hijos y mi mujer. Pero esto no es nada comparado con aquellos que perdieron la vida o sus hijos. Ninguna persona con un mínimo de sentimiento humanitario puede soportar una cosa así. Cuando yo tuve que irme, el brigadier de aviación que estaba en Ezeiza me dijo: usted jamás va a volver a pisar tierra de la Patria.’

– Como periodista trabajó en Noticias Gráficas (1956), Clarín (1960 – 1969), Imagen (1960), Página / 12 (1987), y Secretario General del Sindicato de Prensa entre 1959 y 1962. El periodista influyó en el historiador y viceversa. En 1957 vivió una experiencia que marcó su vida y su trabajo.

 

Quizás lo que vio y vivió en el sur contribuyó al proyecto de lo que sería La Patagonia Rebelde. En 1967 comenzó a escribir en la revista Todo es historia y allí publicó sus investigaciones con una mirada particular acerca de qué hechos rescatamos cuando escribimos historia y a quiénes rescatamos como sujetos históricos. Se volcó al estudio del anarquismo, de los anarquistas y del estado asesino. Ese año publicó los primeros resultados de su investigación sobre la matanza de obreros en el sur argentino en 1921. Este sería el origen del libro La Patagonia Rebelde, publicado en tres etapas: en 1972 los tomos I y II titulados Los bandoleros y La masacre; en 1974 el tomo III, Los vengadores y en 1975 el tomo IV, El vindicador. Este fue editado en Alemania por que ya él y su obra estaban prohibidos en nuestro país. Según Bayer este trabajo tuvo mucho que ver con su infancia. Recordaba que sus padres tenían dos miradas muy distintas sobre la represión de aquellas huelgas por parte del ejército. Su padre se refería a los hechos con ira y tristeza mientras que su madre confesaba a sus hijos cuando el padre no estaba que: ‘no fue tan así como lo cuenta vuestro padre’. Por eso ‘intentó develar cuál de las versiones era más cierta’.

 

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 – ¿Qué pasó en la Patagonia? En 1920 los trabajadores rurales patagónicos habían comenzado una huelga que finalizó el 20 de diciembre de 1921. En ese momento uno de sus líderes, el gallego Antonio Soto dijo: ‘Yo no soy carne para tirar a los perros, no me rindo’, se negó a entregarse y tomó camino hacia la cordillera. Bayer dirá al respecto: ‘tuvo razón porque apenas se rindieron los peones, el Ejército Argentino comenzó a fusilarlos, así porque sí. Se los fusiló y se los desapareció en tumbas masivas.’  Esto fue la Patagonia Rebelde.

– Después de la Semana Trágica entre 1919 y 1921, en todo el país estallaron movimientos reivindicatorios de los derechos obreros. En el caso de la Patagonia, se dieron dentro de los grandes latifundios ovejeros. El fin de la guerra generó la caída de los precios de la lana ($9,74 a $3,08) y la falta de compradores. Obviamente la peor parte de esta crisis recayó sobre los peones rurales cuyas condiciones de vida y trabajo ya eran inhumanas. Los salarios eran ínfimos y se pagaban con bonos o moneda extranjera, en las propias estancias debían pagar precios inflados por las mercaderías (80 centavos por un paquete de velas que valía 5), trabajaban con 18° bajo cero, los esquiladores cumplían 16 horas de trabajo, trabajaban los sábados, dormían hacinados, padecían erupciones y sarna que si se trataban los hacían con medicinas con instrucciones en inglés.

– En el invierno de 1920 bajo la influencia del movimiento anarquista en Río Gallegos comenzaron las protestas de los trabajadores rurales. Para 1921 se habían generalizado en toda Santa Cruz, llegándose a ocupar estancias y tomar rehenes. Entre la Sociedad Rural local y la prensa de Buenos Aires presionaron a Yrigoyen para intervenir en la zona. Así envió al coronel Héctor Varela y al 10° Regimiento de Caballería. Desde el Diario La Prensa se ‘exigía evitar los avances de forajidos y delincuentes, con feroces anarquistas a la cabeza, 600 de ellos armados, envalentonados por la pasividad oficial’. Mientras tanto la Sociedad Obrera de Río Gallegos planteaba: ‘llamamos la atención a los hombres públicos del país para que procedan al castigo de los gobernantes del territorio, únicos culpables de los luctuosos sucesos ocurridos’.

Varela llegó a Santa Cruz el 1º de febrero de 1921. Su llegada fue vista con optimismo incluso por la Sociedad Obrera: ‘nos devuelve la tranquilidad y las garantías que los atropellos de la policía nos habían quitado. Estamos seguros de que nuestros derechos de ciudadanos han de ser respetados por la presencia de estas fuerzas, y por consiguiente hemos de mantener el paro decretado con más energía que hasta la fecha. No importa que algunos patrones, confiados en que el ejército nacional se ha de poner incondicionalmente al servicio del capitalismo, hayan resuelto despedir a sus empleados. Estos sufren un gran error, porque la presencia de los elementos militares será el mejor contralor de la conciencia y educación de los obreros de Río Gallegos’.

– El representante de los estancieros fue el gobernador Izza. Si bien se logró un acuerdo reconociendo  la mayor parte de los reclamos de los huelguistas cuando las tropas de Varela abandonaron la Patagonia, comenzó la reacción patronal. La policía fue reforzada por guardias blancos organizados por la Liga Patriótica y los diarios de Buenos Aires siguieron haciendo pasar los reclamos obreros como hechos de vandalismo. En agosto de 1921 se volvió a la huelga: los puertos de Deseado, Santa Cruz, San Julián y Río Gallegos quedaron paralizados y se inició el paro en las estancias. Los estancieros y los embajadores de Gran Bretaña y  EEUU volvieron a pedir la intervención militar para que se defendieran sus intereses en el sur. La situación se agravó por la acción de grupos contratados por los patrones para romper las huelgas que cometieron desmanes que se atribuyeron a los trabajadores. Estos a su vez endurecieron su posición.

– El coronel Varela planteó que los huelguistas lo habían traicionado y lanzó a una represión indiscriminada. Amenazó a los trabajadores diciendo: ‘Si aceptan someterse incondicionalmente, haciéndome entrega de los prisioneros, las caballadas y sus armas, les daré garantías para ustedes y sus familias, comprometiéndome a hacerles justicia en las reclamaciones que tuvieran que hacer. Si dentro de 24 horas no recibo contestación de que ustedes aceptan el rendimiento incondicional, procederé.’  El 22 de noviembre hizo imprimir un nuevo bando, en el que decía: ‘Se pasará por las armas a quienes no se entregaren a la primera intimación de las fuerzas militares o fueren sorprendidos por éstas con armas en la mano en actitud de resistir’.

– Las tropas de Varela recorrieron las estancias de Río Chico, Bella Vista, La Anita (de Menéndez Behety), Tehuelches, Jaramillo y reintegraron a los huelguistas por la fuerza al trabajo o los fusilaron. Se calcula que fueron 1500. Algunos lograron escapar rumbo a Chile. Si bien los sucesos de la Patagonia tuvieron repercusión en el Congreso Nacional no se investigaron a fondo. El diputado Antonio Di Tomaso denunciaría: ‘Creyeron muchos de los obreros que la intervención de la tropa podría servir como un factor amigable, ya que se trataba de un elemento que tenía el prestigio de las armas de la Nación. En cambio, señores diputados, lo que se ha producido lo sabe todo el mundo. Se ha hecho una masacre y, para ocultarla se ha fraguado la leyenda del combate, se ha intentado dar la impresión de que allí ha habido batallas campales. Todo eso es inexacto. Desde luego hay un dato que todos los diarios recogen, que nadie se ha atrevido a tergiversar porque habría sido imposible hacerlo: ¡No se han producido bajas en las tropas! Es extraño que un ejército de bandoleros bien armados, con buenos tiradores, que pelean en batallas campales, no causen una sola baja a las tropas nacionales, mientras mueren decenas de ellos’.

Los anarquistas clamaron por los masacrados y juraron venganza. Dos años después el coronel Héctor Varela fue muerto por el hermano de uno de los fusilados en el Cañadón de la Yegua Quemada, Kurt Gustav Wilckens, que declaró haber vengado a sus compañeros asesinados. Mientras estaba en la cárcel de Villa Devoto esperando su condena, Wilckens fue asesinado por un miembro de la Liga Patriótica que trabajaba como centinela en la cárcel, Jorge Ernesto Pérez Millán Temperley. Este fue recluido en un manicomio, y a su vez fue muerto por un antiguo huelguista patagónico, Esteban Lucich, internado en el instituto para llevar hasta allí la cadena de revanchas rojas.

 

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– Hasta 1971 Osvaldo Bayer continuó publicando sus trabajos en la revista Todo es historia. Muchos se convertirían en libros. Vamos a repasar algunas de esas historias. En 1970 se publicó ‘Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia’. En 1973, durante el gobierno de Raúl Lastiri se le aplicó el Decreto 1774 que vetaba la obra. Desde ese momento desapareció de las librerías. Recién se reeditó en 1998 ¿Quién era Severino? Nos lo cuenta el propio Bayer.

 

– Severino Di Giovanni fue el hombre más perseguido de la década del ’20. Fue fusilado el 1º de febrero de 1931 por la dictadura de Uriburu. Tenía 29 años. Había nacido en Italia en 1901, estudió para maestro, no se recibió pero ejerció la docencia hasta que el fascismo lo obligó al exilio. En 1923 llegó a Buenos Aires con su esposa Teresina y su mayor hija Laura, luego tendrían dos hijos más. Al principio, cultivaba y vendía flores, luego consiguió trabajo como tipógrafo y se conectó con grupos antifascistas. En 1925 fue detenido por primera vez cuando ingresó al Teatro Colón en medio de un evento donde se encontraban autoridades nacionales y representantes del fascismo italiano acusándolos ‘asesinos’. A partir de allí las autoridades policiales lo calificarían como un ‘terrible agitador anarquista’.

– Mediante la revista Culmine propiciaba el anarquismo individual y la lucha por propia mano y cara a cara con el enemigo fascista. Financiaba la publicación con su propio trabajo, organizaba tertulias culturales y recibía el aporte de compañeros. A través de la revista se sumó a la campaña por la liberación de los anarquistas Sacco y Vanzetti detenidos y condenados en Estados Unidos, incentivando una movilización anarquista de 100 mil personas, en agosto de 1927 y atentados contra objetivos norteamericanos, por ejemplo, la embajada. En medio de estas acciones conoció a Paulino y Alejandro Scarfó y a su hermana América de 15 años, de quien se enamoró perdidamente.

– En diciembre de 1927 uno de los atentados tuvo como consecuencias víctimas civiles. La violencia dice Bayer, lo encerró en una trampa de la que no podría escapar. Las bombas anarquistas eran artefactos de hierro, dinamita y gelignita, se preparaban dentro de grandes valijas y se colocaban acostadas para su detonación. Carecían de precisión y eran muy poderosas. Esta situación dividió al anarquismo: los sectores revolucionarios apoyaron a Severino mientras que los anarquistas de La Protesta lo acusaron de espía fascista y agente policial. Se enfrentó a sus dirigentes Abad de Santillán y López Arango y en octubre de 1929 les exigió que se retractaran de sus acusaciones. Luego de una discusión con López Arango, lo mató. Grabada sobre el escritorio de Severino la policía encontró la frase: ‘Estimo a aquel que aprueba la conjuración y no conjura; pero no siento nada más que desprecio por esos que no sólo no quieren hacer nada sino que se complacen en criticar y maldecir a aquellos que hacen’.

– A partir de 1928 se conectó con el grupo de anarquistas expropiadores de Miguel Ángel Roscigna, y cometieron varios asaltos. En ese tiempo escribió: ‘Vivir en monotonía las horas mohosas de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir la vida, es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita del brazo y de la mente’. Hasta el golpe de estado de 1930 utilizó la violencia en la expropiación y liberación de presos. A partir de allí reinició los atentados con bombas. El 29 de enero de 1931 fue detenido al salir de una imprenta. Intentó escapar y lo persiguieron por las calles y techos de Buenos Aires. Atrapado en un garaje se disparó en el pecho pero falló y lo atraparon con vida. ‘Jugué y perdí. Como buen perdedor, pago con la vida’ dijo. También fue detenido Paulino Scarfó; ambos fueron torturados antes de ser fusilados, les aplastaron la lengua con tenazas de madera, les retorcieron los testículos y los quemaron con cigarrillos. ‘Las 5 menos 3, las 5 menos 2, rechina el cerrojo y la puerta de hierro se abre. Hombres que se precipitan como si corrieran a tomar el tranvía. Sombras que dan grandes saltos por los corredores iluminados. Ruidos de culatas. Más sombras que galopan. Todos vamos en busca de Severino para verlo morir.’ escribió Roberto Arlt. En secreto el cuerpo fue trasladado a la Chacarita. Al otro día su tumba amaneció cubierta de flores rojas.

América Scarfó fue la compañera de Severino Di Giovanni. Murió en el 2003 a los 93 años. Bayer la entrevistó para su libro en la década del setenta. Investigando había rastreado las cartas de Severino a América entre una quinta de Burzaco donde la pareja había vivido y un archivo olvidado de la policía federal. En su carta de despedida le había escrito: “más que con la pluma, el testamento ideal me ha brotado del corazón hoy, cuando conversaba contigo: mis cosas, mis ideales. Besa a mi hijo, a mis hijas. Sé feliz. Adiós, única dulzura de mi pobre vida. Te beso mucho. Piensa siempre en mí. Tu Severino”.

– Bayer cuenta que un día fue a visitar a América y ella le dijo que quería recuperar las cartas de Severino. Don Osvaldo lo fue a ver a Unamuno, el Director del AGN en los ’90, quien lo derivó al Ministro del Interior, Carlos Corach. Este les prometió hacer las averiguaciones. Cuenta Bayer que al despedirse le dijo: ‘No se olvide, Bayer, que yo me llamo Carlos W. Corach. Carlos, por Carlos Marx, y W. por Wladimiro Lenin’ ante lo cual Osvaldo le respondió: no lo parece. Luego se entrevistaron con el Jefe de Policía quien se negó a entregar las cartas porque ‘pertenecían a la policía’. América Scarfó terminó recuperándolas mediante un abogado. En una de ellas Severino había escrito: ‘el amor libre exige aquello que otras formas de amor no pueden comprender. Y nosotros dos, rebeldes divinos (jamás nadie podrá llegar a nuestras cumbres), tenemos derecho a desagotar el pantano de la moral corriente y cultivar allí el inmenso jardín donde mariposas y abejas puedan satisfacer su sed de placer, trabajo y amor’.

– Otro de sus trabajos sobre el movimiento anarquista se publicó en 1975 bajo el título ‘Los anarquistas expropiadores y otros ensayos’.  Dentro de estos ensayos estaba Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino? Durante la dictadura de Videla y Massera este texto sería quemado. ¿Quién era Simón Radowitsky? Había nacido en Ucrania en 1891. Llegó a la Argentina en 1908 tras haber participado en los primeros intentos revolucionarios en Rusia en 1905. Trabajó como obrero metalúrgico en el Ferrocarril Central Argentino y entró en contacto con la FORA mediante el Periódico La Protesta. El 1º de mayo de 1909 participó en los actos en conmemoración por los mártires de Chicago en la Plaza Lorea. El acto fue reprimido por orden del Jefe de Policía, Ramón L. Falcón provocando ocho muertos y más de cuarenta heridos.

– En su trabajo Bayer dice: ‘después de media hora de pelea brava la plaza queda vacía. El pavimento está sembrado de gorras, bastones, pañuelos… y 36 charcos de sangre. Son recogidos tres cadáveres y 40 heridos graves. Los muertos son: Miguel Bech, español, de 72 años, vendedor ambulante; José Silva, español, de 23 años, empleado de tienda, y Juan Semino, argentino, de 19 años, peón de albañil. Horas después morirán Luís Pantaleone y Manuel Fernández, español, de 36 años, guarda de tranvía. Los heridos son casi en su totalidad de nacionalidad, española, italiana y rusa. La conmoción de la ciudad es tremenda.’ La persecución se extendió durante una semana, la Semana Roja. El movimiento obrero en su conjunto con el apoyo del partido socialista declaró una huelga general, exigiendo la renuncia de Falcón. 80.000 personas acompañaron el sepelio el 4 de mayo. Los crímenes quedaron impunes.

– El 14 de noviembre, con solo 18 años Simón esperó que Ramón Falcón saliera de su casa y de un bombazo, lo ajustició. Bayer describe la escena: ‘Falcón es de los que saben morir. Él también ha ido en el coche al muere. Los anarquistas saben preparan bombas y esta no ha fallado. Ha sido lanzada con maestría. Ha caído ha espaldas del cochero y a los pies de Falcón y Lartigau. Al explotar ha desgarrado músculos, roto arterías y venas, cortado nervios y se ha adentrado bien en la carne antes de que las víctimas se dieran cuenta de lo que ocurría. Falcón siempre creyó que su cara y su mirada de halcón pararían la mano de cualquiera que atentara contra su vida. Pero ni siquiera ha podido decir: “¡soy el coronel Falcón!”. Su barranca Yaco está allí, en avenida Quintana y Callao. Y allí se desangra por sus piernas desgarradas y rotas, allí, tirado en la calle’.

– Tras este hecho Simón trató de suicidarse pero fue capturado y condenado a muerte. Al comprobarse que era menor de edad la pena fue cambiada por prisión perpetua en el Penal de Ushuaia, lugar en el que estuvo 21 años bajo el Nº 155. Cada año cuando se cumplía un aniversario del atentado ‘debía ser llevado a reclusión solitaria a pan y agua durante veinte días’ según constaba en la sentencia. En Usuhaia, Radowitzky se convirtió en el ‘mártir de la anarquía’ como referente para el resto de los presos y del movimiento anarquista. En mayo de 1918 el Diario La Protesta publicó una nota firmada por Marcial Sayós denunciando las torturas a las que era sido sometido y responsabilizando al subdirector del penal, Gregorio Palacios, y decía: ‘Tú, como los tigres, como las hienas, asesinas con lentitudes siniestras de degenerado. Esa voluptuosidad debes haberla sentido al matar lentamente al penado 71, a quien volvieron locos los martirios; esa misma histérica vibración de placer habrá sacudido tus nervios al ver los suplicios de Radowitzky, ayer fuerte y lozano, hoy triste, decrépito y enfermo por tu culpa. ¡Asesino infame! ¡Muere maldito!’.

– Simón intentó fugarse a través de los canales fueguinos pero fue capturado por un buque de guerra chileno y entregado a los carceleros argentinos. Finalmente, en 1930 Hipólito Yrigoyen firmó su indulto pero lo desterró al Uruguay, donde nuevamente fue detenido al ser considerado ‘extranjero indeseable’. En 1936 marchó a la Guerra Civil española y luego se trasladó a México donde murió en 1956 de un ataque cardíaco trabajando en una fábrica de juguetes. Tenía 55 años. Según Bayer así le cantaba el payador Manlio en la década del ’20 a Simón Radowitzky: ‘Traigo aquí para Simón este manojo de flores, del jardín de los dolores del alma y del corazón: traigo para aquel varón valiente y decidido, este manojo que ha sido hecho con fibras del alma, en un momento sin calma de rebelde convencido.

– La última historia que vamos a escuchar tiene que ver con un indio ranquel llamado Arbolito.  Osvaldo Bayer cuenta esta historia y dice: ‘En el año 1826, el gobierno de Bernardino Rivadavia contrató al oficial prusiano Rauch para matar indios, su misión era limpiar la pampa bonaerense de los ranqueles, esos hermosos indios que poblaban estas zonas con absoluta libertad. En sus partes militares decía que los indios ranqueles no tienen salvación porque no tienen sentido de la propiedad, también señalaba que los indios ranqueles eran anarquistas, así tal cual. Era un oficial prusiano muy valiente, él se adelantaba a sus tropas 200 metros por lo menos blandiendo su espada pero se encontró con la horma de su zapato, porque después de haber escrito un parte donde decía “hoy hemos ahorrado balas, degollamos a 27 ranqueles”, un indio joven, apuesto, alto de pelo largo, al que llamaban Arbolito lo estuvo esperando en una hondonada, y cuando pasó a toda velocidad en su corcel, se le fue detrás, le boleó el caballo, cayó el militar europeo, y el indio Arbolito cometió el sacrilegio de cortarle la cabeza. Así vengaba a tantos de sus compañeros de las pampas. La Ciudad de Buenos Aires recibió con toda pompa el cadáver del militar europeo. Arbolito se perdió en la inmensidad de las pampas, ya nadie lo recuerda. La ciudad donde ocurrieron los hechos hoy se llama Coronel Rauch, muchas calles recuerdan al oficial prusiano, pero ninguna a ese héroe de las pampas… el querido Arbolito.’

-Bayer fue a dar una conferencia a Coronel Rauch y contó esta historia cuando era Secretario General del Sindicato de Prensa allá por 1960 y parece que no lo pasó para nada bien. Vamos a escucharlo.

 

 

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– Osvaldo Bayer ha impulsado campañas y proyectos para lograr la desmonumentalización es decir bajar de las estatuas, nombres de calles y lugares socialmente sacros a personajes que han sido en realidad asesinos. Volviendo a la pregunta de la que partimos, ¿es lo mismo la violencia desde arriba que desde abajo? Bayer impulsa el cambio de concepciones históricas arraigadas desde hace tiempo en lo referido a ¿descubrimiento o conquista?, ¿campaña al desierto o genocidio? y en este sentido ha interpelado al pasado porque le interesa en el presente: ¿Merece Julio Roca tener un monumento y calles en todas las ciudades del país? ¿Quiénes deberían ocupar estos lugares? En este sentido ha propuesto que la ciudad de General Roca vuelva a llamarse Fiske Menuco y que la estatua de Roca (instalada allí cuando su hijo era vicepresidente) sea remplazada por un monumento a los pueblos originarios encarnados en una figura de mujer. Al presentar el proyecto dijo: ‘Los argentinos jamás hicieron congresos de historiadores para hacer una autocrítica de los crímenes oficiales que se cometieron contra los pueblos que durante siglos habitaron estas generosas tierras. Al contrario, glorificaron con los nombres de los asesinos lugares públicos. Cuando propusimos quitar el monumento a Roca y reemplazarlo por una obra escultórica ese proyecto fue rechazado por el macrismo, que señaló que en ‘historia hay que mirar hacia delante’. Ante tal argumento señalé públicamente: ‘Entonces, con ese criterio, Alemania tendría que tener todos los monumentos a Hitler’.

 

*La entrevista fue realizada en el 2010 por Alejandro Wassileff y Martín Messutti.