Hoy como ayer, no pasarán

[Por Mariano Civitico, desde Macerata, Italia] Tal vez, hablar de antifascismo militante en Argentina pueda sonar a un concepto vago, sin un contenido específico, a un eslogan anacrónico circunscrito en ciertos ambientes anarquistas o, con suerte, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Pero aquí en Italia, por motivos históricos, culturales, sociales, políticos -y hasta de coyuntura-, combatir una ideología violenta y discriminatoria actualmente vigente no es sólo un deber cívico y una obligación moral, sino también una necesidad imperante.

Así como la pizza, el FIAT 600 y el neorrealismo, Italia inventó el fascismo. Se trata de un hecho histórico que aún incide en el presente, al punto tal de haber generado una cultura que, ante problemas actuales, apela a la mistificada figura de Mussolini para encontrar respuestas en un idealizado -y sobre todo tergiversado- ayer: “quando c’era lui” (“cuando estaba él”), se escucha decir todavía hoy como si fuese una especie de “con los militares esto no pasaba”. Por tal motivo la sociedad italiana mantiene en su interior reminiscencias fascistas, como el miedo y la estigmatización del extranjero frente a la población “autóctona”. A su vez, esto es alimentado con fines electorales por distintas fuerzas políticas que tranquilamente podrían vestir camisas negras como antaño.

Este escenario, adobado con un flujo migratorio mal gestionado desde todo punto de vista, desocupación y precariedad laboral, acceso a la salud pública cada vez más restringido, falta de oportunidades para lxs jóvenes, y una apertura y aceptación mediática a las ideas de derecha extrema, generó un caldo de cultivo que permitió una coyuntura en la cual se produce un atentado de terrorismo fascista como hacía décadas no sucedía en el país.

La crónica policial dice que el sábado 3 de febrero, en la ciudad de Macerata, el fascista confeso y ex candidato municpal de la Liga Norte, Luca Traini, de 28 años, realizó una serie de disparos desde su Alfa Romeo 147 contra inmigrantes africanos, hiriendo a seis personas. Fue detenido después de bajarse de su auto al grito de “¡Viva Italia!”, mientras hacía el saludo romano con su brazo derecho extendido. Para completar el cuadro, se encontraba envuelto en una bandera italiana a modo de capa.

Al momento de comunicar la noticia, la mayoría de los medios hablaron del acto individual de un “desequilibrado” y no de un acto terrorista de matriz fascista, como no hubieran dudado en calificar de terrorismo religioso si quien profesaba tal acto hubiese sido una persona de creencias musulmanas. Por tal motivo, el movimiento antifascista italiano llamó inmediatamente a realizar una manifestación de repudio en la ciudad de Macerata para decirle a lxs fascistas que “no pasarán”.

Sin embargo, en esos días previos a la movilización, el intendente de la ciudad realizó una petición para que no se lleve a cabo ninguna expresión de repudio con el argumento de no generar más tensión. Lo triste y vergonzoso fue que algunxs de lxs convocantes hicieron caso a este pedido. Así, las cúpulas nacionales de la ANPI (Asociación Nacional Partisanos de Italia), la ARCI (Asociación Recreativa y Cultural Italiana) y el sindicato CGIL emitieron un comunicado en el cual declaraban “suspender” la marcha antifascista tal cual lo había solicitado el intendente Romano Carancini del Partido Democrático.

Ante la confusión generada por la retromarcha de lxs pricipales convocantes, y la posibilidad de no contar con la autorización oficial para realizar la movilización (cosa que habría permitido una represión justificada desde lo legal), las organizaciones de base y varios círculos ANPI y ARCI, que decidieron desobedecer la posición oficial de sus dirigencias nacionales, confirmaron que el 10 de marzo se debía dar una respuesta contundente al fascismo.

No se discute, se combate
La jornada comenzó de media mañana realizando las compras necesarias para tener algo que comer durante el viaje a Macerata. El micro en cual debíamos viajar con lxs compañerxs de Radio Sonar y el Centro Social Sans Papiers partía desde el barrio del Quadraro y hacia allí nos dirigimos desde el barrio de San Lorenzo. Tomamos el subte en la estación San Giovanni hasta Numidio Quadrato con un poco de miedo por llegar tarde. Por suerte (y gracias a los tiempos romanos) todo transcurría con el habitual retraso que nos dió tiempo para beber un café que nos despabile un poco más. Incluso, antes de subirnos al micro con la gente de la Unione Sindacale di Base, pudimos inspirarnos mejor con los humos de la ciudad.

Una vez en la autopista, enseguida se empezaron a escuchar los primeros cánticos de arenga. Matteo Salvini, líder del partido La Lega, fue el principal destinatario y, por supuesto, también se entonó Bella Ciao, clásico de la resistencia partisana. Antes de la primera parada para encontrar a los micros que provenían de distintos puntos de Italia, pude conversar con Marco Martini, integrante de la USB. En cuanto a las expectativas y la importancia de lo que parecía iba a ser una convocatoria masiva, Marco me explicaba que la idea era “dar una respuesta numérica importante, de masa, que sea una manifestación grande e importante que diga no a los fascismos, no al racismo, no a este modelo que nos están imponiendo. Un modelo fascista que no habla de la unidad de los pueblos, sino que habla de rechazo y guerra entre pobres”.

Poco menos de cuatro horas tardamos en llegar a Macerata, ciudad de algo más de 41 mil habitantes, en la región delle Marche. Por suerte no sufrimos ningún control policial que pudiese retrasar nuestro arrivo. Cuando logramos acercarnos a las inmediaciones de los Jardines Diaz, donde se realizaba la concentración, estaban terminando las palabras que dieron inicio a la marcha. Una multitud formada por diversas realidades sociales italianas comenzó a movilizarse en orden por viale Trieste, dejando la cabecera de la manifestación a los centros sociales de la ciudad.

Entre tan variada militancia social y ciudadanxs de Macerata se encontraba Judit, joven de Barcelona, que junto con dos amigxs vascxs vive en Macerata por estar realizando su año de Erasmus (programa europeo de intercambio universitario). “Estoy aquí porque creo que es un tema importante. Porque en Italia tienen un pensamento bastante fascista y machista, como muy cerrados en ese aspecto. Y que se haga una movilización así es importante para avanzar un poco. Porque hemos visto, después del tiroteo, la reacción de mucha gente ha sido de apoyo al tiroteo de odio contra la inmigración. Incluso el gobierno ha usado el tiroteo como excusa para lanzar mucho odio hacia la inmigración. La gente se ha movilizado por algo que cree que es importante y que necesitan cambiar. Y es salgo que quiero apoyar”. Así, con fresca convicción, argumentaba su presencia Judit.

Entre los tantos círculos ANPI que habían decidido desobedecer a su dirigencia nacional para decir presentes en la lucha contra el fascismo, se encontraba el de Rignano e Reggello. Su presidente, Paolo Banci, con el tricolor partisano sobre sus espaldas, me explicó que estaban marchando porque, no coincidiendo con su secretariado nacional, consideraban importante dar una respuesta precisa y ser solidarios con Macerata y con el el movimento antifascista. Respecto al trabajo cotidiano que se debe realizar para combatir el fascismo, Paolo lamentaba que en las escuelas no se esté enseñando la historia del antifascismo. Por tal motivo, considera fundamental el trabajo sobre el territorio que puede realizar el ANPI, por ser su terreno privilegiado.

Otrxs “desobedientes” en la marcha fueron los círculos del ARCI que, desoyendo el comunicado de la palabra oficial y arriesgándose a sufrir represalias políticas, decidieron decir presente en Macerata. Declarando para la transmisión que realizó Radio Sonar de Roma, Lorenzo, de ARCI Gay Umbria, manifestaba: “el movimento LGBT, y todas las organizaciones del movimiento, son por naturaleza antifascistas. Nosotrxs llevamos el antifascismo en nuestros cuerpos cada vez que caminamos por la calle con nuestrxs compañerxs, cada vez que estamos en público. Nuestra presencia y nuestros cuerpos son intrínsecamente antifascistas”.

Pero los círculos disidentes de ANPI y ARCI no eran lxs únicxs. La marea del más de treinta mil personas que inundó las calles de Macerata estaba compuesta por distintas realidades políticas y sociales: colectivos de migrantes che piden asilo, de ciudadanos extranjeros que viven legalmente desde hace años en el país, centros sociales de toda Italia, partidos políticos y alianzas electorales, colectivos antifascistas, anarquistas, feministas. Todxs respetando el recorrido autorizado y sin generar ningún hecho de violencia, de frente a la atenta mirada de una importante cantidad de fuerzas represivas ubicadas en las calles internas de la ciudad y en las adyacentes al viale Trieste.

Mientras que por los altoparlantes que acompañaban la marcha se escuchaban las distintas intervenciones de lxs participantes, Marta, militante feminista de Potere al Popolo Bologna, explicaba al aire de Radio Sonar la relación entre las luchas antifascista y feminista en el actual contexto social y político italiano: “nosotrxs vinimos con una bandera que dice que la seguridad de las mujeres se logra con autonomía y solidaridad de clase. Porque creemos que es realmente estúpida la instrumentalización que se hace del cuerpo de las mujeres para proponer políticas de seguridad, racistas y discriminatorias de frente a lxs migrantes. Pensamos que la guerra entre pobres puesta en escena por las últimas políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea, y llevadas adelante por los distintos gobiernos que se sucedieron, es fruto del descontento social y usa a lxs migrantes como chivo expiatorio. Entre otras cosas se alimenta una retórica, una narración de esta ‘invasión’, que sabemos bien que es contradecida por la realidad que dice que el verdadero dato preocupante es que hay tantos jóvenes, que superan el número de migrantes que llegan a Italia, que se ven obligados a emigrar al exterior para buscar una vida más digna”.

Cerca de las seis de las tarde volvimos al punto de partida para cerrar una masiva manifestación antifascista, totalmente pacífica, que dió una respuesta contundente a lo sucedido una semana antes en la ciudad. Entre la colorida y variopinta multitud que rodeaba los Jardines Diaz se llevó mi atención un hombre vestido con las típicas ropas andinas. Se trataba de Becker Fabián, poeta peruano, quien me explicó el el motivo de su presencia era “hacerle saber a la humanidad y a toda la juventud del mundo que no debe existir el racismo en el mundo”. Al mismo tiempo que se escuchaban los últimos discursos de cierre, Fabián rescataba la importancia de la cultura para combatir al fascismo: “depende de la mentalidad, porque el que lee, automaticamente cada persona, es autónomo de aprender a ser dueño de sí mismo. Y leyendo y viajando se aprende”.

Debido a que el atentado fascista cometido por Luca Traini fue dirigido particularmente contra migrantes provenientes de África, fue muy numerosa la presencia de personas de aquel continente que llevan ya mucho tiempo siendo parte de la sociedad italiana. Fatima, como referente del Movimiento de Italianos sin Ciudadanía, dio su testimonio en representación de todxs aquellxs que no poseen “la ciudadanía escrita en un papel” pero son parte de sus comunidades a todos los efectos. Con un sentido de pertenencia absoluto, Fatima justificó su presencia en la marcha mientras dejaba en claro cuál es la Italia que desean para todxs: “somos parte de la ciudadanía y en consecuencia vinimos aquí con los valores sobre los cuales se basa nuestra sociedad, sobre los cuales se basan nuestra constitución, para decir no al fascismo. Para decir no al racismo. Y sobre todo para decir que nosotrxs queremos una Italia más inclusiva, donde lxs migrantes y lxs italianxs no tengan que tener miedo de ir por la calle. Queremos una Italia donde no existan personas que, pero lograr algunos votos, continúen a jugar con la piel de seres humanos”.

 

Poco antes de la desconcentración de la multitud, con los compañerxs de Radio Sonar, tuvimos la posibilidad de cruzar algunas palabras con Gabriella, militante del Centro Social Sisma, quienes tomaron la responsabilidad de llevar adelante y promover la manifestación a pesar de los momentos de confusión vividos en los días previos. Como militante de base de Macerata, Gabriella vivió de un modo muy particular la marcha: “sentimos un gran respiro de liberación. Vivimos una semana bajo presión en cual había necesidad de organizar un momento colectivo, de fuerte respuesta, de masa contra la narración tóxica de estos días. La construcción de esta jornada fue obstaculizada por todxs; primero el intendente con sus declaraciones inquietantes, después CGIL, ANPI y ARCI nacionales que se apartaron dejándonos solxs creyendo que la jornada de hoy era necesaria y un momento de liberación y no de un conflicto que se incrementaba. Estamos agradecidxs a todxs aquellxs que nos apoyaron fuera de la ciudad”.

Cansadxs y con frío nos fuimos acercando al micro que nos debía llevar de regreso a Roma después de un largo día de antifascismo militante. Llegamos más temprano de lo esperado y con hambre. Por tal motivo, nos fuimos a buscar un lugar para comer algo mientras repasábamos lo recientemente vivido. Después de la cena, cada unx prosiguió su velada. Era sábado de carnaval y, como la lucha antifascista, la noche debía continuar.

Compartí esta nota

Reddit

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *