Manifiesto

[Por Regina Scorza] El mi√©rcoles pasado las calles de Buenos Aires se pintaron de verde. Durante todo el d√≠a mujeres en su mayor√≠a y algunos varones, fuimos acerc√°ndonos a las inmediaciones de Congreso para acompa√Īar una de las votaciones m√°s re√Īidas y largas de los √ļltimos tiempos.

Desde algunos días previos, la ansiedad y los nervios no nos dejaban pensar en otra cosa. Pensando en verde, decíamos todas, para referirnos al estado de expectativa y miedo que nos atravesaba.

Ya el mi√©rcoles, cuando todo parec√≠a enlodarse y el boca a boca dec√≠a que la votaci√≥n era muy pareja, las mujeres de la Campa√Īa Nacional por el Aborto, legal, seguro y gratuito, transmit√≠an tranquilidad: ‚Äúlo que logramos ya constituye una victoria‚ÄĚ dec√≠a Celeste McDougall. Nina Brugos, una hist√≥rica, tambi√©n nos animaba al alegrarse por la cantidad de adolescentes en las calles y su protagonismo indiscutible: ‚ÄúLa revoluci√≥n de las hijas‚ÄĚ, tal como Luciana Peker supo definir.

Lo cierto es que el debate por la legalizaci√≥n del aborto instal√≥ un clima de discusi√≥n in√©dito en nuestro pa√≠s: con la habilitaci√≥n del gobierno para el tratamiento en comisiones del Congreso, no hubo una sola marcha, desde entonces, donde la consigna por Aborto legal no constituyese una bandera. Sumado a eso, durante dos meses, todos los martes y jueves, las audiencias en el Congreso Nacional llevaron las voces de cientxs y cientxs de expositores a favor y en contra, exposiciones que ocuparon las planas centrales de la prensa argentina. Esa presencia que desbord√≥ en las mu√Īecas de las m√°s grandes y en las mochilas de las m√°s pibas que entienden que la autonom√≠a de las mujeres es un derecho que ya no podemos postergar.

¬ŅQu√© nos dej√≥ el debate?

El saldo positivo, adem√°s de la media sanci√≥n, es la discusi√≥n inund√°ndolo todo. Lo que constitu√≠a un tema tab√ļ supo desbordar los espacios de discusi√≥n: de un asunto que se habl√≥ durante d√©cadas por lo bajo y a modo de ¬†susurros, a ser el tema de conversaci√≥n en bares, colectivos, sobremesas familiares, espacios de trabajo y, fundamentalmente las aulas en las escuelas. Esa es la victoria: estudiantes reclamando la aplicaci√≥n de la ley de Educaci√≥n Sexual Integral en sus escuelas, estudiantes, con sus compa√Īeras a la vanguardia, dispuestxs a transformar la historia.

Es que la explosi√≥n del debate en los √°mbitos cotidianos oblig√≥ a quienes estamos a favor y a quienes est√°n en contra, a pensar cuestiones que nunca antes hab√≠an formado parte de nuestros puntos de referencia en la discusi√≥n. Supimos el lugar que ocupamos en los ranking mundiales por aborto clandestino, supimos que la mujer es el √ļnico g√©nero que carga leyes contra la autonom√≠a de su cuerpo, supimos que los pa√≠ses desarrollados dieron esta discusi√≥n hace 40 a√Īos atr√°s. Entre tantas otras cosas.

Lo que sucedi√≥ fundamentalmente es que pudimos aprender y, este aprendizaje adem√°s, fue intergeneracional e interclasista. Las hist√≥ricas que la vienen peleando hace a√Īos nos ense√Īaron, fueron nuestro punto de partida y sost√©n pero tambi√©n, nos nutrieron las pibas porque supieron desnaturalizar un mont√≥n de sentidos que hac√≠an carne en nuestros cuerpos. Ellas son las responsables en la destrucci√≥n del tab√ļ en las calles, ellas que supieron ver lo rid√≠culo en la prohibici√≥n y patearon el tablero de la verg√ľenza: la √ļnica verg√ľenza es la de ser c√≥mplices de una legislaci√≥n que a las mujeres ricas las deja decidir y a las pobres las deja morir.

Las grandes revoluciones pasaron por nuestras vidas en películas y libros. Algunas hemos pasado una gran cantidad de tiempo analizando las implicancias del mayo francés o la revolución cubana.

Pero la revoluci√≥n, era hasta no hace tanto, algo que suced√≠a, en un tiempo y espacio distinto al que una habitaba. En muchos casos, en pa√≠ses, que nunca jam√°s hemos pisado. Desde el 2015, con la primera plaza ‚ÄúNi una menos‚ÄĚ algo se est√° moviendo aqu√≠ y en otras partes. Es el siglo de las mujeres, dijo la diputada Lospennato, minutos antes de la votaci√≥n. De un tiempo a esta parte, las mujeres invadimos la escena p√ļblica, con glitter, givr√© y convicciones. Esas que los que dirigen las grandes estructuras sindicales en Argentina no parecen encontrar.

Ya pasaron dos paros internacionales de mujeres y ese germen lo vimos nacer ac√° cuando gritamos en la Plaza de los Dos Congresos que no quer√≠amos una muerta m√°s y reclamamos al Estado el cumplimiento de la Ley 26.485, ¬†de protecci√≥n integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. De ese entonces a esta parte, instalamos al feminismo en el debate p√ļblico y con ello, las luchas que muchas mujeres llevan hace d√©cadas y a las que otras tantas nos sumamos.

Seguro estar√°n las y los que con sus an√°lisis pol√≠ticos y sociol√≥gicos concluyan por qu√© esto no es una revoluci√≥n, si hasta se habl√≥ de moda en la televisi√≥n. ¬ŅPero qu√© es una revoluci√≥n sino una transformaci√≥n radical con respecto al pasado inmediato? Las mujeres somos la historia. Lo decidimos all√° en 2015 y lo reafirmamos esta √ļltima semana. Escribimos nuestro manifiesto en cada paro internacional y en cada pa√Īuelazo. Lo escribimos y lo reescribimos porque estamos constantemente pens√°ndonos y deconstruy√©ndonos. Queremos la paridad de derechos y que nuestras voces se escuchen.

Queremos una revoluci√≥n latinoamericana. Por eso re√≠mos y lloramos al ver nuevamente ese grito de mundial -nuestro mundial- que signific√≥ el resultado de la votaci√≥n y, por eso, nos emocionamos cuando vemos las repercusiones en el continente: Costa Rica, M√©xico, Per√ļ, Colombia, nos miraron y se interpelaron: ellas tambi√©n van a luchar por sus derechos, ellas tambi√©n empiezan a patear el tablero por el #AbortoSeguroGratuitoYLegal.

Decime entonces que esta no es una revoluci√≥n. Dec√≠selo tambi√©n a las pibas que se bancaron el fr√≠o, entre abrazos y mantas, en comuni√≥n con unas otras a las que nunca hab√≠an visto pero sent√≠an hermanas. A las que no marcharon pero lloraron frente al televisor. A las que no descansaron un minuto, proyectando la lucha que viene: ‚Äúesta es la media sanci√≥n, no podemos aflojar‚ÄĚ.

 

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