¡Que viva la Anarquía!

[Por Mariano Civitico. Desde Barcelona] Despreciado, bastardeado, tergiversado, prohibido y perseguido, el anarquismo ha sobrevivido a su tortuosa historia llegando a estos tiempos de confusión global con ideas lúcidas y experiencias valiosas que aportar en la búsqueda de un mundo mejor.

En la actualidad, es dentro de las fronteras del Estado español (y más precisamente en Cataluña) donde este pensamiento, que intencionalmente es confundido con el caos y el desorden, continúa desarrollando prácticas concretas de organización obrera. En esa parte de la península ibérica, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), de importante rol durante la guerra civil española, sigue trabajando para recuperar el terreno perdido antaño y lograr una sociedad solidaria sin dios, ni patria, ni amo.

Cada 23 de abril, en Barcelona, se celebra la fiesta de Sant Jordi, el santo patrono de la ciudad. A la enorme cantidad de turistas que pasean por la capital catalana se suma la gente local que sostiene la tradición que indica que los hombres deben regalar una flor a las mujeres y ellas devolver la gentileza con un libro.

De esta manera, la ya de por si concurrida y colorida rambla se convierte por una jornada en una gigante florería y librería a cielo abierto. Así,  en un hermoso día soleado con aromas y colores de todo tipo mi curiosidad se sintió atraída por el rojo y el negro del stand de la CNT. Y hacia allí me acerqué.

No está muerto quien pelea

Desde una óptica resultadista, la historia de la Confederación Nacional del Trabajo  (sindicato revolucionario y anarquista fundado en 1910) puede ser considerada una sucesión de derrotas. Desplazada al interno de la República por los stalinistas, fue derrotada en la guerra civil española para luego ser prohibida y perseguida durante la dictadura franquista.

Con la instauración del sistema democrático burgués a finales de los años 70’ del pasado siglo, la situación no cambió sustancialmente para la CNT. Así me lo explica Aitor, joven militante treintañero de la sección al Cornellá, una vez que nos ponemos a hablar después de las presentaciones formales. Rodeados de libros, me cuenta que con la vuelta de la democracia, y a pesar de la nueva situación de legalización y del auge del sindicalismo y los movimientos sociales, sufrieron un proceso de debilitamiento producto de los conflictos internos pero también de los ataques de la extrema derecha y del Estado, que los inculpó de atentados que no habían cometido.

Aitor describe ese período histórico como falto de conciencia militante, con “más ilusión que conciencia”, debido al “aburguesamiento de Europa” en general y al abuso de drogas que arruinó a una generación en la España de los años 80’.

Sin embargo, el militante anarquista reconoce que en la actualidad la CNT está gozando de la participación de mucha gente joven y así describe el presente: “No es como hace unos años que había mucho abuelo, también muchas peleas internas. Actualmente hay peleas, no digo que no. Siempre lo ha habido y siempre lo habrá, es lo que hace entretenida la cosa. Pero a nivel de empresa se está ganando cierta fuerza.”

La explicación de esta renovación generacional Aitor la encuentra en el modelo de participación que propone la CNT, abierto, de base y horizontal en la toma de decisiones. Me cuenta que son el único sindicato que por propia voluntad ha decidido no aceptar subsidios y mantenerse al margen de los Comités de Empresa, estructuras de participación decididas verticalmente por el Estado español. Claro que una postura así implica un costo que pagar: “Hacer sindicalismo de esta forma es difícil. Es duro que haya gente que se quiera implicar,  porque aquí hay que implicarse. En un Comité de Empresa puedes pedirte horas, luego hay gente que se pide horas y se va a la playa. Aquí no, aquí es tu tiempo libre.”

En estos tiempos de pensamiento único, en los cuales el capitalismo se ha naturalizado como la sola posibilidad de organizar no sólo el trabajo sino la sociedad toda, es difícil hacer comprender que la búsqueda de alternativas se convierte en una necesidad y no en una simple posibilidad si es que se pretende vivir armoniosamente en conjunto. En este sentido, Aitor, como militante anarquista e integrante de una cooperativa de telecomunicaciones que debe competir ni más ni menos que con el monstruo de Telefónica, expresa en simples palabras por qué el anarquismo es un horizonte hacia el cual dirigirse: “El aburguesamiento ha hecho que mucha gente quiera tener lo que no puede tener. Entonces la realización personal, o el mejorar la vida, es comprarse cosas. Y eso ha sido muy dañino, porque cuando militas en el movimiento anarquista no buscas eso. Y la gente lo que piensa es lo opuesto, que quieres dejarlo todo. Los anarquistas queremos vivir bien, no queremos vivir mal evidentemente,  pero claro no abusando de otra gente”.

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