Roma es un estado de canción

Roma roldán se animó a cantar y atravesó todos los espacios culturales del oeste. Ni sola ni mal acompañada, está a punto de editar Reversible, su primer disco, que es fruto de andar entre Buenos Aires y Misiones buscando plasmar afuera lo que lleva bien adentro.

Nota publicada en la Revista Güarnin! Nº98
Por Lechuga

“Salí de vieja”, dice cuando le pregunto por qué hace algunos años nadie se la imaginaba como la artista que es hoy. “Mis amigas de la infancia no me conocían así, pero en realidad yo cantaba hace un montón. A los 12 me regalaron una guitarra y empecé a escribir canciones totalmente oculta, en mi pieza, sin que nadie me escuchara, algo muy para adentro. Componía desde otro lado más adolescente, sin animarme a mostrarlo.”

¿Cómo encontraste tu banda?
Los convoqué como sesionistas para grabar el disco. A Julián (Romano) de Se Armó! para el bajo, le escribí y se copó. A Lucas (Avellina) me lo recomendaron. Cuando tenés los temas te imaginás un cierto groove, una cierta dinámica de la canción. Lo bueno es chocarse con las personas indicadas, que te capten la idea al toque, que te transmitan una seguridad, confianza de que “sí, es esto”. Tuve otra formación y me ha pasado que para grabar no estaba muy segura de esa cadencia, algo en la parte sensible de cada canción. Con Juli y Lucas conectamos desde la intención, en cada momento, en los matices. Supieron desde un principio lo que la canción necesitaba y por eso les propuse que se sumaran cuando quisieran y empezó a pasar eso, se fue solidificando ese formato de trío.

En cambio, Lisandro (Aristimuño) les da las canciones a sus músicxs para que las toquen así como él dice.
Es una posibilidad, tiene que ver con encontrar a personas en las que depositar tanta confianza. Quizás yo agarro un bajo y me pongo a jugar y me encanta, o con una batería, pero alguien que viene curtiendo ese instrumento lo tiene mucho más metido, y es confiar en que si esa persona te viene acompañando hace un tiempo, le mostrás, la guiás o es como darle una opinión. Puede coincidir o no. Cuando no coincide, buscás otrxs músicxs, te desconectás. Pero cuando resulta que tocan lo que vos sentís que está bueno y te saben leer, es super relajante porque sentís que conocen tu manera de componer y que te gusta el estilo y la onda que le ponen. Con los chicos nos hicimos amigxs, hermanitxs musicales. Me gusta cómo se divierten, los miro payasear y me encantan porque juegan un montón sin dejar de sostenerme. Es una sensación de seguridad que me transmiten. Si voy a un lugar a tocar con alguien que nunca lo escuché ni ensayamos, le doy un tema que vaya derecho y le tiro como un adelanto. También está el riesgo de improvisar y estar permeable a lo que pueda pasar. Me gusta ver qué pasa, cómo la canción puede seguir siendo canción con diferentes energías.

¿Pasó lo mismo con lxs invitadxs en Reversible?
Deposité confianza en cada unx aunque no lxs conocía personalmente. Con Gaby Cajal por ejemplo, que grabó unos violines, fue hermoso porque tenía su instrumento recontra metido adentro. Fue sólo transmitirle una idea, una leve sensación de lo que tenía que pasar y ella supo interpretar, percibirlo y eso está buenísimo. De repente empezás a escuchar sonidos que estaban en tu cabeza, afuera. Con el Pollo (Las Pelotas) también fue una alegría. Yo lo admiro y respeto por su laburo, y en vez de 2 grabó 5 temas y quería más. Cayó con clarinete, barítono y estuvo re a disposición, disfrutamos mucho de grabar.

¿Cómo llevaste las canciones al disco?
Lo empezamos a armar en abril de 2012 con Martín “El Bredda” Sanabria de productor artístico. Él fue el moderador de la cantidad de cosas que me imaginaba. Me dijo: “tus canciones sos vos con la guitarra, pero ésto es otro formato, una carta de presentación. Está bueno que la canción funcione con todo esto o sin todo esto.” Es re lindo poder adornarla, como producir una foto, aunque vos seguís siendo la misma persona. Me parece que en ese sentido funciona grabar un disco: para darte el gusto de usar la tecnología, de aprovecharla y tomar eso que está vigente en un formato que se va a expandir. Es jugar con las herramientas que hay. En el vivo me parece que está bueno que suceda con lo real, jugás con otras cosas, con los tiempos, con los sentimientos de la gente (risas).

A Roma no le cabe ir a un boliche a meterle gente para que consuma. Con el público también es crítica.
Considero que está bueno que la gente valore si tiene que pagar una entrada, que no lo sufra si le tiene que pagar a un artista. Si te comprás una birra pero no le querés pagar a alguien que se juntó a ensayar, que compró cuerdas, que estuvo dedicándole un montón de tiempo de producción a esa fecha, no me parece. Pero tampoco me parece el extremo de enriquecer gente ajena al proyecto, porque al final gana el que tuvo plata para alquilar un local. Igual me cabe tocar gratis en movidas o espacios que ameriten la participación por alguna causa que sea redituable en otros aspectos. Quien quiere ir a vernos gratis, puede. También está la mirada del productor que te dice que tenés que empezar a dejar de lado esa postura porque después la gente se acostumbra a no pagar y te tildan de que te la re creíste. No me parece descabellado poner una entrada si va a ser un beneficio para poder seguir haciéndolo, tener un incentivo en varios aspectos. Por más que te encante tocar, si no tenés plata para moverte al lugar, es un garrón. En general armo las fechas con un poco de estrategia para poder llegar a distintos lugares pero te quema la cabeza. Porque toda la semana pasarla pensando en cómo voy a hacer para, con lo que me pagan, conseguir sonido, pagarle a lxs músicxs y que a mi me queden $2,50 para volverme a mi casa, es estresante. A la fecha llegás a media máquina. Y así tenés altibajos, momentos que el desgano, sin sonar emo, te hace replantear lo que venís generando.

Reversible
El cambio del “Romi” al “Roma” fue sentir que desde ahí podía surgir de otra manera, reinventarme. La “a” era un poco más como Abrir y la “i” era más Introspectiva. Roma es quien tiene esta propuesta, si me mudo, andá a saber cómo me llamo. Me puedo poner “Australia Monigote” (risas). Si dejo de llamarme así, ¿verían lo mismo? La gente que te quiere te va a seguir escuchando si te cambiás el nombre, es como cambiarse de sexo. Roma es un estado de canción y por ahora me siento compatible con ese estado.

Reversible es un reflejo de un proceso. Una sensación que experimentamos en varios momentos, de mostrar todo. Darte vuelta un cacho de piel. Soy ésto y también soy ésto. Me cuesta porque es medio desgarrador pero lo estoy haciendo. Es una cosa visceral que me pasó con eso de salir a tocar, de repente soy cantautora. Mostrar algo que te define y quizás para siempre.

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