Por Tiziana Crimi

María Elena Medina, atleta de 40 años oriunda de Isidro Casanova, celebra y agradece su paso por los Juegos Bonaerenses representando con orgullo y convicción al partido de La Matanza. A los 19 años le diagnosticaron una insuficiencia renal crónica, que la obligaba a dializarse y esperar un trasplante, que llegó casi siete años después.

El acto de seguir la impulsó a representar a su municipio en atletismo en la última edición de los Juegos Bonarenses. También se preparó para otras competencias, entre ellas el Mundial de Trasplantados en Newcastle, Inglaterra. Pero su camino no fue el tradicional: fue un proceso de casi siete años de espera, estudios de periodismo en medio de la diálisis y una transformación física y mental que ella describe con intensidad literaria.

¿Hubo resistencia física o mental a esta nueva vida que te exigía el ejercicio post-trasplante?

Nunca me gustaron los deportes que planteaban en el colegio. Si tuve resistencia, fue gracias a esos deportes. Yo veo mucho que como estudiantes de secundaria no nos ofrecen otros tipos de deportes más que los que son en conjunto. Y ese es el inconveniente. 

Me gustaba mucho correr, pero no los deportes grupales. Me inicié caminando y luego adopté la marcha (marcha deportiva). Hay otros deportes que no son los hegemónicos, y eso es importante compartir.

 

Te recibiste de periodista durante la diálisis y pronto terminás los estudios en literatura. Si tu vida pre y post-trasplante fuera un género literario, ¿cuál sería y por qué?

Lo que pasó con la diálisis me asustó mucho, era muy chica. Tiene un poco de terror: los pinchazos, el dolor, la gente que se te muere ahí. Y después fue más dramático; el renacer, lo romántico, la vida. Llevó a un acto de amor. Mi donante falleció el 14 de febrero. Ella quiso seguir dando vida en un día de amor. Hay 6 o 7 personas que hoy están viviendo gracias a esta mujer que dio mucho amor. Yo describo este evento como un «volver a nacer» y siento una profunda gratitud diaria hacia la familia donante.

 

Después de tantos años esperando un órgano y lidiando con la diálisis, ¿la marcha atlética te enseñó algo sobre el ritmo y la resistencia de la vida?

En la marcha atlética vos vas contra vos mismo. Es ir a velocidad, tener resistencia. En la diálisis hay que resistir. No sabía por qué, pero después de la primera diálisis vi que eso era lo que necesitaba.

 

María Medina en los Juegos Bonaerenses 2025.

¿Tu formación periodística te ayudó a comunicar tu mensaje personal?

Sí, me ordenó mucho en la cabeza qué es lo que quiero decir, pero no lo pienso tanto; dejo que las cosas salgan desde el corazón, contando lo que viví sin esperar nada a cambio. Comunicar es algo que uno puede hacer desde lo personal, y no hace falta formar parte de ningún organismo para visibilizar o impartir la esperanza necesaria para quienes aún están en lista de espera.

 

¿Cuál es el mensaje final para quienes están pasando por la enfermedad o la espera de un trasplante?

No hay que quedarse en lo de «tengo un trasplante», sino siempre ir por más. A mí me sirvió el trasplante para viajar, para ir a recitales, volver a ver a mi abuela. Hay que demostrar que se puede tener una vida plena. Con los juegos yo me sentí muy cómoda. Además, trabajamos para que se introdujera la categoría de los trasplantados en los Juegos Bonaerenses, porque es fundamental dar estas oportunidades.

Me genera mucho orgullo haber nacido, aprendido, formado y enseñar hoy en La Matanza. Ha sido una gran alegría para mí esta edición. 

Nosotros la medalla la tenemos ganada desde el primer momento que tenemos una nueva oportunidad de vida.