Por Flavia Gallegos y Noemí Romero

A pesar de las adversidades y desigualdades que tienen que afrontar las mujeres que juegan al fútbol en Argentina, éste grupo, el de la Selección Nacional de Fútbol Femenino, le mostró a la sociedad que con poco se puede lograr mucho. Porque a pesar del poco apoyo que reciben, lo que predomina es la garra, la fuerza, los ovarios, la lucha, la pasión y  la energía que las envuelve.

En este último partido de la fase de grupos, la Selección sabía que tenía que ir por un poco más. El seleccionado argentino salió a la cancha con  modificaciones, planteó un equipo más ofensivo y el objetivo era claro, esta vez había que salir a ganar y  desde el primer minuto del partido demostró ese hambre de gloria. Claro, el arriesgar mucho también te puede lastimar y eso nos pasó con Escocia que de contra golpe encontró el 1 a 0.

Sin embargo, Argentina seguía buscando, encontrando espacios  y mostrándonos que no iban a bajar los brazos. El segundo de Escocia llegó apenas comenzó el ST y ya se veía el desgaste y el cansancio de las chicas cuando llegó el tercero. Si, 3 a 0 y parecía que era imposible, de hecho, algunos portales deportivos ya daban por muerta a esta Selección, que es la Selección de los milagros.

No les faltó nada, atacaron como unas guerreras, defendieron a más no poder y todo el sacrificio tuvo su recompensa.

Ingresaron Milagros Menéndez y  Dalila Ippolito, jugadora de River Plate de tan solo 17 años, para cambiar el aire. Y ambas fueron protagonistas de la jugada y el gol de Mili, el primero de ésta Selección en este mundial.  No tardó en llegar el segundo, cuando la arquera escocesa terminó metiéndola adentro. Las ilusiones aumentaban, pero como siempre, no nos quedaba otra que sufrir.  La jugada de penal no fue advertida por la árbitra, se pidió el sistema VAR, pasaron interminables minutos hasta que se sancionó. Pateó Flor Bonsegundo, lo atajó la arquera, adelantada. Se volvió a pedir VAR y ahí, con mucha más seguridad y firmeza, Bonsegundo convirtió el empate.

Foto: SelecciónArgentina

Hoy nos juntamos a ver el partido con amigues, en las casas, en las escuelas, en los bares. Paramos el mundo por unas horas  y gritamos esos goles con el corazón, como lo hizo Bonsegundo. Vimos las lágrimas de las jugadoras cuando finalizó  ese empate. Ellas querían un poco más pero más no se podía, ya habían dejado todo.

Ellas ya ganaron. Ganaron el reconocimiento de sus pares, de sus nuevos seguidores, de lxs que siempre las bancaron y de toda una sociedad que hoy las conoce. Ya no son indiferentes o desconocidas, hoy tienen nombre y apellido. Fueron ENORMES y de eso ya no hay vuelta atrás.

Pasaron doce años para que la Selección Nacional de Fútbol Femenino vuelva a sentir la adrenalina de jugar un mundial, si, Francia 2019 será la fecha que nos quede en la memoria colectiva por mucho tiempo. Ese momento de la historia que logró reunir a estas jugadoras enormes que después de tanto sacrificio y lucha demostraron todo lo que tienen para dar.

Jugadoras con diferentes historias, lugares, recorridos, pero un mismo objetivo, llevar lo más alto que se pueda a la bandera. De un país que las vio crecer, aunque en muchos casos no pudo verlas evolucionar porque estas tuvieron que irse a buscar oportunidades a otros países, en los que sí toman al fútbol de mujeres de manera profesional.

Es cierto que todavía hay que esperar para saber si clasifican o no a 8vos de Final, pero lo más importante de todo es que ya  hicieron historia. En cada entrenamiento, cada pase, cada cantito y cada baile, nos enseñaron que los resultados son más satisfactorios si se obtienen a través de la LUCHA COLECTIVA.