Los Juegos Olímpicos de Tokio pasaron a la historia luego de casi un mes de espectáculo de alta competencia deportiva que se pudo disfrutar un año después de lo previsto por la pandemia. Argentina obtuvo tres medallas (una de plata y dos de bronce), además de varios diplomas.

Dentro de lo que se esperaba, la delegación nacional realizó unos JJOO positivos. Las Leonas volvieron a subirse a un podio después del complicado torneo que habían tenido en Rio 2016. En esta edición, luego de perder la final 3 a 1 con Países Bajos, una potencia de la disciplina, las dirigidas por Carlos Retegui se colgaron la de plata y sumaron otro logro a su palmarés.

Por su parte, los Pumas lograron el bronce en el Rugby Seven. Un tercer puesto muy importante debido a que, si bien fue poco esperado, capitaliza todo lo bueno que se viene trabajando en el rugby nacional hace tiempo, desde los Pumas en la mayor, juveniles y ahora el Seven. La gran alegría se la quedó el vóley masculino con una medalla que parecía imposible tras ganarle el partido por el tercer lugar a Brasil, que venía de meter cuatro finales consecutivas con dos oros en el medio. Histórico. 33 años pasaron desde que Argentina había ganado el único bronce en este deporte, en Seúl 88 y justamente ante el mismo rival.

Sin embargo, más allá de los festejos mencionados, hubo varios pedidos desesperados en las zonas mixtas ante la prensa. Y esto tiene que ver con que muchos atletas de la delegación se vieron fuertemente afectados por las decisiones políticas tomadas desde Río 2016 hasta hoy. Para comenzar, durante los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri el deporte nacional fue uno de los más perjudicados. Con el paso del Ministerio a Secretaría, sumado al intento de venta del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), muchos deportistas que contaban con el apoyo del Estado perdieron su mano.

El macrismo tuvo un único objetivo: privatizar todo lo que significaba un “gasto” para el Estado. El CENARD era una joya invaluable para los negocios inmobiliarios de Horacio Rodríguez Larreta, un espacio de 115 mil hectáreas con un valor aproximado de 3600 dólares en 2018. La idea, en aquel entonces, era vender el espacio y mudar el centro a Villa Soldati, barrio en el cual el precio por metro cuadrado giraba entre los 600 dólares ese mismo año. Todo esto con el agravante de que en la compra de los terrenos estaba vinculado Gerardo Werthein, actual presidente del Comité Olímpico Argentino e integrante del Comité Olímpico Internacional.

Diógenes De Urquiza, Secretario de Deportes de la gestión anterior, en su primera nota denostó el apoyo estatal a los deportistas. “No puede ser que el deporte sólo viva del Estado, es una locura. No puedo entender eso de ‘vamos a pedirle al Estado’”, sentenció el ex funcionario. Una declaración que resultó aún más llamativa cuando se derogó el impuesto del 1% a la telefonía móvil que ayudaba a financiar al Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) en 2017. Un impuesto que, para tener una idea, en el año 2011, casi dos años después de su creación, había generado un ingreso de alrededor de 100 millones de pesos. En consecuencia, se otorgó un presupuesto fijo en el cual el número se ajustó año a año siempre por debajo de la inflación.

Aún así, eso no fue todo. El esquema de financiamiento estaba influenciado por la proyección de resultados, es decir que aquellos que tenían más chances de obtener logros recibían más dinero que quiénes no.

El ENARD, que tenía suficientes recursos para sostener una planificación deportiva de mediano y largo plazo, se ha quedado prácticamente sin recursos y sin independencia. Por otro lado, el sistema de becas se sostuvo con limitaciones, pero lo que se vio más afectado fue el presupuesto de viajes para competencias internacionales.

emmanuel luceti
Emmanuel Luceti en Tokio 2020

Con estos antecedentes a cuestas, se sumó en marzo de 2020 la cuarentena obligatoria dispuesta por el gobierno de Alberto Fernández para frenar los contagios de coronavirus. El parate también afectó la preparación de los y las atletas para la cita más importante de su calendario. Recién en septiembre se retomaron paulatinamente los entrenamientos.

El arrastre de los últimos 5 años y la situación extraordinaria por la pandemia tuvo sus consecuencias en Tokio. Una de las más afectadas fue la nadadora Delfina Pignatiello, la joven de 21 años que es uno de los proyectos nacionales más interesantes a nivel deportivo, con un margen de crecimiento enorme. Su debut olímpico no fue como lo esperaba e incluso tuvo que limitar sus redes sociales por los comentarios agresivos que recibía. “Esto no es un antes ni un después. No hay nada tan importante ni tan terrible en la vida. Quiero aprender de eso”, expresó Delfina luego de su paso por la competición.

Otro que se mostró triste con su rendimiento fue el judoka de 36 años Emmanuel Lucenti, quien manifestó su deseo de que “los chicos de abajo no pasen lo mismo que yo, que tengan que vender su auto o dormir en un aeropuerto. Quiero ser ejemplo, pero para que se cambien las cosas”. Lucenti luchó con las costillas rotas y cayó, en su cuarta participación olímpica, a los 24 segundos de la primera pelea.

Durante los festejos también hubo lugar para los pedidos, con mensajes parecidos entre las diferentes disciplinas. Tanto el “Chapa” Retegui (entrenador de las selecciones de hockey) y Marcelo Méndez (entrenador de la selección de vóley masculino) se tomaron el tiempo de pedir más apoyo para los clubes de barrio, ya que son ellos las “fábricas” de talento en nuestro país.


“Es muy importante que el deporte sea una prioridad en nuestro país. Los países desarrollados lo tienen como un estandarte. Yo pregono ladrillos en el deporte y eso significa infraestructura. No sólo para el hockey sino para el deporte en general. Sacar a un pibe de la calle es mucho más valioso que una medalla”  –
Chapa Retegui

Según Sergio Hernández, entrenador de la selección de basquetbol masculino, Argentina tiene tan sólo el 5% de sus chicas y chicos federados en materia deportiva. De allí surgieron deportistas como Diego Maradona, Lionel Messi, Manu Ginobili, Lucha Aymar, Paula Pareto, Juan Martín Del Potro, Gabriela Sabatini y tantos otros que estuvieron entre el top 3 y 10 del mundo en sus disciplinas. Y la referencia pasa únicamente en individualidades porque parece que sólo importa ser el mejor, no hay lugar para el crecimiento y desarrollo grupal. De todas maneras, el país tuvo (y tiene) Pumas, Leones y Leonas, Generación Dorada, equipos de handball, voley y otros tantos equipos competitivos, incluso sin el desarrollo de una política deportiva fuerte.

Después de 33 años, el seleccionado de voley obtuvo una medalla olímpica.

Hubo un tiempo en el que se invirtió un mínimo, con una cancha, una pista, una pileta. También hubo otro en el que se intentó vender el CENARD a cambio de un metro cuadrado más caro para el negocio inmobiliario. Para muchos, el deporte, la salud, la educación y el bienestar colectivo es un “gasto” para el Estado. Pero si en lugar de gasto fuera inversión, de alguna manera las altas exigencias estarían un poco más fundamentadas.

Democratizar la práctica deportiva implica apostar a una sociedad más igualitaria, el acceso al deporte ofrece la posibilidad de promover hábitos saludables en la población y construir valores como la solidaridad, el respeto y el trabajo en equipo. Planificar y sostener una política deportiva, que tenga recursos económicos e infraestructura, conlleva, también, a mejorar las participaciones de la Argentina en las competencias de alto rendimiento.