Por Laky Pérez y Natalia Tangona

El Inti Raymi, la fiesta del sol de los Pueblos Quechuas – Aymaras, se llevó a cabo por primera vez en uno de los barrios con más colectividades originarias de CABA en el año 2000, por iniciativa del grupo cultural Wayna Marka, gestando luego un espacio de referencia de la espiritualidad andina en la ciudad: COCA (Centro Organizativo Cultural Andino)

Foto: Laki Perez

Uno de los organizadores, Juan Gabriel Torres Flores, plantea: “Cuando empezamos había un Inti Raymi, que se hace todavía, en plaza de las Naciones Unidas, pero veíamos que el territorio o el espacio era enajenado a nosotros, que no estaban nuestros pares (…) Era digamos… vamos a bailar con los indios”

“La Wak’a es un espacio donde funciona el trabajo intercultural. (..) Saber que por encima de la nacionalidad boliviana se está hablando del tema de la identidad como Aymaras o Quechuas (…) la Wak’a en territorio de las comunidades de origen, es un lugar de energías, de descarga y carga de energía. (…) Acá también organizamos la parte política, como marchar por Marcelina Meneses, marchar por otro hermano que fue baleado y tirado a un río, marchar por nuestros derechos, organizar para ir a tocar en las escuelas”, agrega el referente.

Recuperar la identidad ancestral

“Buscamos recuperar nuestra identidad ancestral y permitir al otro que nos conozca y nosotros conocerlo. Un ejemplo es un documento que se presentó a los vecinos, que decía: “nuestros pueblos originarios tienen derecho a celebrar” y tuvimos que recalcar que nosotros no somos sus pueblos originarios. Somos los pueblos originarios, no tenemos pertenencia a alguien – señala el miembro organizador – Tenemos pertenencia a nuestra nación nada más, porque hay un discurso desde lo posesivo a nosotros que como indios pertenecemos a alguien”.

Detrás de algunas celebraciones realizadas por el gobierno porteño proponen una “teatralización” del Inti Raymi; Juan Gabriel Torres Flores, expresa: “nosotros ahí vemos cual es el indio bueno y el indio malo. Si nosotros queremos ser los “indios de la postal” para que venga la gente occidental o que no sea indígena, o poder rescatar esto para nuestros hijos, para nuestros nietos, para nuestros abuelos y familias”.

Cerca de la piedra sagrada se ve un aguayo repleta de hojitas de coca, acompañada de cuatro fogatas. Según cuenta la tradición se debe elegir sólo tres para poner las intenciones en un quintu, como ofrenda para la Pachamama al inicio de la ceremonia. “Las cuatro fogatas las hacemos en referencia a los puntos cardinales para mantener un equilibrio, y también para que los grupos se hermanen (…) para reubicarse con otra persona y entablar relaciones”, da a conocer Juan Gabriel. Las cuatro fogatas también representan a los suyus, las regiones que daban cuerpo al Tahuantinsuyo Inca. Pero también a los cuatro elementos fundamentales en la cosmovisión andina: aire, agua, fuego y tierra.

Foto: Laki Perez

Las contravenciones contra el retorno del sol

El año pasado la policía y los bomberos se presentaron en el lugar tras la denuncia del administrador del parque por “ruidos molestos.” Ante esto, las organizaciones sociales, agrupaciones de sikuris y activistas quechua-aymara se mantuvieron en estado de alerta e hicieron un llamamiento para solidarizarse y acompañar la celebración de este año, con una magnífica convocatoria. “Desde los vecinos recibimos un apoyo total”, aseguró Juan Gabriel.

Durante la madrugada, el frío enciende aún más el fuego de los abrazos, en sintonía con el baile, la sikuriada,  el apthapi (alimento andino comunitario), hasta que son interrumpidos, una vez más por la policía. Nuevamente una denuncia por “ruidos molestos” y el supuesto pedido supuesto de los vecinos de “cesar con el ruido”

“Vemos una negligencia desde el gobierno, no sólo una negligencia, sino la violación de leyes, porque hay leyes que nos amparan: la 1.153, la 1.150, el convenio 169 del artículo 5 de la OIT, que dice que el estado tiene que acompañar todos los procesos estructural y espiritual que hacen los pueblos originarios en su territorio o bien donde se encuentren” -argumenta Juan Gabriel – “entonces, todos estos tipos de leyes se incumplen, porque esta noche nos dejaron hacer, pero no porque haya habido un permiso, sino fueron dos semanas prácticamente de estar corriendo de acá para allá, para pedir permiso y entrar en la “legalidad” que nos están imponiendo”

En los últimos años, se viene vivenciando una revalorización de la cosmovisión andina. La reivindicación de las causas de los pueblos originarios que, tras más de 5 siglos, aún reclaman la restitución de sus territorios y el respeto y recupero de sus saberes. Este retorno a la tierra debe asimilarse como tal. Este retorno implica la interpelación permanente de todo lo que somos. Desarmar las lógicas coloniales y hacerse cargo de altísimo grado de racismo institucionalizado en cada parte de la sociedad. Implica, nada más y nada menos, que la desconstrucción social de las personas y con todo lo que nos rodea y rodeamos. Entender que no hay forma de desenlazarse de la vida. Que en la historia oral y la memoria colectiva de los pueblos que resisten a la humillación podemos hallar más retazos nuestros de lo que imaginamos.

Foto: Laki Perez.

Son las 6 am y Juan Gabriel nos invita a reunirnos en círculo, a challar con alcohol una ofrenda de hojas de coca. Luego de agradecer y pedir, se reúnen todas las ofrendas en la base de la piedra ancestral. A poco de las ocho de la mañana, tras el ocaso de la noche más larga del año, se escucha: “ahí viene el Inti.” El ciclo 5.527 ha comenzado.

Foto: Iber Mamani.