El acceso de las mujeres al ámbito deportivo fue tardío y siempre estuvo lleno de dificultades. Hoy se están superando esas barreras creadas por estereotipos sociales y culturales, pero son indiscutibles las diferencias que existen y esas diferencias crecen aún más si hablamos de fútbol. En el 2019 el fútbol femenino fue noticia más de una vez con la clasificación de Argentina después de doce años a un Mundial. También conocimos a Maca Sánchez que visibilizó la situación de las jugadoras vulneradas en sus derechos como trabajadoras del deporte.
A partir de esto, se semiprofesionalizó la 1era división y los clubes tuvieron la obligación de realizarles contratos a ocho jugadoras. En el momento del anuncio, el “Chiqui” Tapia se presentó como el presidente de la igualdad, pero ¿es así?
Hoy hay muchas jugadoras con contrato que aún no cobraron un peso, otras que reparten sus sueldos con sus compañeras y algunas pocas que cobran en tiempo y forma, pero AFA no estaría pagando su parte y mucho menos controlando que se cumplan esos contratos.
Otro punto importante es que la mayoría de los clubes no tienen inferiores y mucho menos fútbol infantil. Esa falta de formación retrasa la evolución del deporte en nuestro país y es una de las deudas más importantes.
Más allá de esto, fue un año positivo y el fútbol femenino tuvo uno de sus enviones más importantes generado por las pibas.
Esas pibas que llevan en sus botines revolución y que tienen claro que falta mucho, porque el fútbol va a ser feminista o no va a ser.