En nuestro rincón literario de Imaginación es poder (lun a vier de 14 a 16hs, por FM En Tránsito) seguimos el zigzagueante recorrido por los clásicos universales, aquellas obras que por su enorme originalidad han logrado alcanzar el curioso privilegio de trascender las particularidades de su tiempo y lugar para convertirse en un implacable aporte al universo de las Letras.
Hoy hablamos de una novela compleja y laberíntica, pero también fascinante y escandalosa: el famoso Ulises de Joyce.

El escritor irlandés construyó una de las obras más importantes del siglo XX narrando un solo día en la vida de un ciudadano común y silvestre en la ciudad de Dublin. Pero por qué una historia aparentemente modesta, aparentemente sencilla e intrascendente se convierte en un libro descomunal que logró trastocar todo lo conocido? Por qué se transformó en un título ineludible para lectores en general, y escritores en particular? Cuál es su contribución a la historia de la Literatura?

Porque el Ulises es el símbolo de la aventura, en contraposición a todo orden. Porque es un desafío al lenguaje y a las técnicas narrativas.

Porque Joyce concibió que para narrar fielmente un día cualquiera de un ser humano cualquiera necesitaba escribir un libro casi infinito, porque en una sola jornada a cualquier persona le sucede una enorme cantidad de cosas, y recibe desordenadamente una cantidad inabarcable de estímulos y percepciones. Y Joyce se propuso narrar la epopeya cotidiana de Leopold Bloom -sus anhelos, su soledad, sus desencuentros y frustraciones- describiendo ese arcoiris interminable de sucesos, y haciendo un paralelismo nada más y nada menos que con uno de los más grandes héroes que la Literatura universal ha concebido: el protagonista de La Odisea del escritor griego Homero.

El inolvidable escritor imaginó de antemano que en las vivencias de un ser humano común en la ciudad de Dublín a principios del siglo XX cabían todas las hazañas narradas en aquella gran aventura poblada de dioses mitológicos, criaturas fantásticas, hechiceros, cíclopes, sirenas y guerreros. Y para contarlo, James Joyce fue por todo: se valió de todas las técnicas literarias existentes hasta el momento, las ensayó, las exploró, las agotó, y finalmente se lanzó hacia lo desconocido. Cada capítulo es un viaje que se corresponde con un canto de La Odisea, narrado con las herramientas del naturalismo, el simbolismo, la crónica periodística, el tratado científico, el pasaje bíblico, el teatro y la poesía. En cada fragmento se especializa además en diferentes partes del cuerpo humano, en cada uno de los sentidos, en diferentes colores y figuras retóricas. Y finalmente desemboca en uno de los capítulos más revolucionarios de la historia, basado en el caótico y misterioso discurrir de la conciencia: el monólogo interior de Molly Bloom, que se sumerge como pocos lo han hecho en las profundidades del universo femenino, considerado obsceno y escandaloso incluso en el día de hoy, casi cien años después de haber sido publicado.

Una obra descomunal, superlativa y desbordante, que sólo se puede escribir entregando la vida a la literatura. Una genialidad experimental llena de enigmas y simbolismos que todavía sigue despertando las más hondas preguntas a quien se atreva a recorrer el asombroso mundo al que nos invitan sus casi 900 páginas de intrigante recorrido .