Por Martín Flores

En las primeras décadas del siglo XX, en un contexto histórico donde los países centrales de Europa se preparaban para la gran contienda mundial de la Primera Guerra, en una atmósfera donde estaban en auge los nacionalismos y existía una arraigada fe en el progreso y las ciencias, aparece el escritor alemán Hermann Hesse, retomando las preguntas de los primeros existencialistas, interpelando a través de sus obras el papel redentor de la razón y la tecnología. Sus libros representan la inquietud por la búsqueda del sentido luego del gran fracaso de Occidente y sus sistemas políticos y religiosos. Su muerte a principios de 1960 lo convirtió en un emblema de la contracultura y en un referente literario para las generaciones que vinieron a cambiarlo todo.

En la columna de Literatura de Imaginación es Poder (Lun a vier de 14 a 16hs por En Tránsito),  hablamos  sobre Demian, que fue publicado en 1919 y narra la evolución espiritual de Emil Sinclair durante su atormentada adolescencia, atravesando los difíciles años en los que intentamos hallar el sentido de las cosas. En ese periodo turbulento de confusión, dolores y desgarramientos, aparece el personaje misterioso que da nombre a la novela y que es tan necesario, un ser auténtico y luminoso cargado de nuevos símbolos, con quien el protagonista recorrerá un camino de aprendizaje orientado a cuestionar los valores predominantes de la sociedad, principalmente la idea del bien y del mal, pero también los principios morales del conformismo, la moderación y el sufrimiento con que intentan educarnos, y las buenas costumbres a las que debemos someternos para ser considerados como personas normales.

En este proceso de búsqueda del conocimiento, Emil conoce a una figura central: Abraxas, una antigua representación del cristianismo gnóstico que reúne las enseñanzas mágicas persas con la filosofía griega, y asimila algunas consideraciones de la cristiandad que estaba naciendo hacia hacia el siglo IX. Abraxas combina lo divino y lo demoníaco en una síntesis integradora frente a la dualidad binaria de los dogmas monoteístas. Simboliza el espíritu libre y rebelde en busca de su propia identidad mediante la unión de los contrarios. Este hallazgo le ofrece a Emil una revelación: quien supere la dicotomía encontrará la síntesis, porque la vida intensa asimila los opuestos, no los niega.

La existencia no tiene una sola dimensión. Es más bien diversidad y abundancia. Estamos hechos de luz pero también de oscuridad. El bien se agita dentro nuestro, pero también albergamos un mundo oscuro y tenebroso. Y no estamos completos si negamos los contrarios. Quedarnos de un lado nos impide vivir la experiencia de la otra orilla.

Una historia influida por la filosofía de Friedrich Nietzsche, el psicoanálisis especialmente junguiano y el misticismo oriental. Una historia que habla de la importancia de romper con la comodidad de lo establecido, enfrentar el miedo a la incertidumbre para desarrollar nuevas fuerzas y buscar una identidad propia en medio de la tormenta que nos vulnera.

Literatura de formación que nos transmite que llevamos dentro un mundo de potencialidades que pide nacer, y que nadie puede ocupar tu lugar y crear ese mundo por vos. Cada uno debe atravesar sus propias experiencias y arriesgarse a emprender el camino personal.

Más que un libro, Demian es un umbral fascinante y terrible, abierto al descubrimiento de los misterios que habitan en nosotros mismos.

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