El 12 de mayo de 2017, Iago estaba yendo, junto a un amigo, a Villa Tesei a comprar repuestos para un auto que estaba reparando. Casi como un presagio, pasaron por una calle llamada Malaspina. Allí vieron un automóvil que tenía las tazas de las ruedas mal puestas y las tomaron. “Yo siempre digo lo mismo… No justifico ni de casualidad que él se haya apropiado de las tazas”, aclara Irina con un tono de disculpa, como si las tasas valieran la vida. Y cuenta que “los chicos se fueron riéndose como si se tratara de una súper avivada que se habían mandado. Hicieron aproximadamente diez cuadras y apareció un auto a todo lo que da manejado por Buscarolo. Básicamente, le vació dos cargadores de una pistola por la espalada”.

Imagen: @justiciaporiagoavalos

La escena de furia se dio en pleno día, cerca de las 12.45, frente a chicxs que ingresaban al turno tarde de una Escuela Primaria. “En ningún momento mi hermano y su amigo pusieron en riesgo la vida de Buscarolo. En cambio, él puso en riesgo a todos. No sólo a mi hermano y su amigo sino a todos los chicos de la escuela”. En el tramo final de este raid, los jóvenes, asustados, salieron corriendo. El subcomisario vuelve a la carga, y sin mediar palabra, los persigue al mismo tiempo que seguía disparando.

“En medio de todo esto, lo chicos le devuelven las tazas y le piden disculpas. Le dicen que fue una picardía. En ese momento, su amigo se da cuenta que Iago tenía intención de decirle algo pero no podía hablar. Lo que cuenta su amigo es que como Iago estaba con ropa de trabajo no le llamó la atención que su campera tuviera un agujero. Cuando le corre la campera da da cuenta que Iago había recibido un disparo”. El tiro le impactó en el medio del corazón. Iago murió en la ambulancia. Sus últimas palabras fueron para Buscarolo. Le dijo ‘flaco llevame al Posadas que me muero’. “Buscarolo se negó y  lo único que les decía era ‘pendejos de mierda me cagaron la vida’.

Imagen: @justiciaporiagoavalos

José Pérez Buscarolo llega al juicio con prisión domiciliaria. El beneficio fue otorgado por la jueza de Morón Lucía Casabayo en mayo del año pasado. La medida fue considerada una ofensa para la familia quien consideró que “se la otorgaron de una manera bastante bizarra. Lo que nos informan es que la jueza Lucía Casaballo se juntó con él  y en una conversación que tuvieron se dio cuenta que era una buena persona, un padre de familia y lo habilitaba a estar en su casa porque en un penal ocupaba un lugar innecesario porque las cárceles están súper pobladas”.

Iago era el menor de seis hermanos. Por la mañana estudiaba y por la tarde trabajaba reparando motos y autos. Irina lo recuerda solidario, alegre y activo. A días del inicio del juicio, se lamenta: “Si Buscarolo hubiese hecho lo que correspondía lo tendría que haber llevado a la comisaría. A Iago le hubieron hecho un acta por hurto y cuando él llegaba a casa yo te puedo asegurar que lo agarraba a patadas en el culo…”. Pero no fue así. El efectivo de la Federal disparó el arma reglamentaria que mató al joven. “Buscarolo ejerció pena de muerte sobre Iago. Él decidió condenarlo y ejecutarlo en ese momento. Incluso tuvo oportunidad de ayudarlo o de salvarlo y también se negó”.