Por: Gabriela Pascual, Docente de Historia.

Los lugares hablan, todos tienen algo que contar, sus propias historias. En cada espacio el tiempo y las personas se entrecruzan. Y esto parece no ser diferente en el sitio en el que hoy está emplazado el Polideportivo Municipal ‘Gorki Grana’ en Castelar sur. Lugar destinado al disfrute del tiempo libre y el aire puro; espacio público en el que se encuentran personas con intereses y condición socioeconómica diversa; lugar que guarda una parte importante de nuestra memoria histórica. En ese lugar, sobre la calle Blas Parera, aún están en pie los pilares de una antigua entrada. En uno de ellos, una señalización dice: “para que el NUNCA MÁS sea realidad manteniendo la memoria de nuestro pueblo; los gremios, las fuerzas políticas, la APDH de Morón; en homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado; Día Universal de los Derechos Humanos; 10 de diciembre de 1986”. Entonces, las historias se multiplican y la memoria, estalla…

1.

Juan Seré llegó a la Argentina en 1862 procedente de Francia y junto a su esposa María Etcheverts comenzó un cuantioso negocio vinculado con las actividades agropecuarias. Primero fue el almacén de ramos generales, después la fábrica de bolsas de arpillera ‘Sres. Seré y Cía.’ y luego la compra de campos lo que les permitió insertarse entre los sectores terratenientes. Dos mil quinientas hectáreas en Lincoln, la estancia “La Sabina” en La Pampa, “Colonia Seré” en Chacabuco y una hermosa quinta de descanso en el oeste bonaerense,brindaron al matrimonio y sus 8 hijos, una vida cómoda y apacible. La muerte de Juan en 1902 dio paso a la sucesión. Las propiedades se repartieron entre los hermanos y Leocadia Seré recibió la quinta de Castelar.

 

La crisis económica de 1930 provocó el colapso del capitalismo mundial e impactó de lleno en el modelo agroexportador argentino. En varias zonas del conurbano los grandes terrenos comenzaron a dividirse y venderse para ser ocupados por las fábricas y sus gentes, sus modos de vivir y sus reclamos de clase. Morón no quedó al margen de este proceso. Lentamente la quinta de Leocadia empezó a lotearse dándole origen al Barrio Seré. Primero se liquidaron los terrenos más alejados y en el año 1949 finalmente se vendió la enorme Mansión y sus hermosos jardines, que fue adquirida por la Municipalidad de Buenos Aires para el disfrute de los empleados del Instituto de Previsión Social.

 

Tras el golpe de 1955, la casa quedó abandonada. En 1966 se firmaría un comodato en beneficio de la Fuerza Aérea para utilizarla como Casino de Oficiales del Escuadrón Gloster Meteors, de la VII Brigada Aérea de Morón. Comodato que se reafirmó en 1976. Cuando el 24 de marzo Jorge Rafael Videla, Eduardo Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti derrocaron a María Estela Martínez, se decretó la intervención del gobierno municipal y nuestra localidad se integró en el ejercicio sistemático del terrorismo de Estado.

Foto de la Mansión Seré tomadas en 1985

2.

…secuestro, tortura, exterminio, desaparición de personas, campos de concentración, el mal es total y lo impensable se torna real, se cancela el tiempo, el día se vuelve noche perpetua, se borran identidades, se cercena la vista, se inmoviliza los cuerpos, se mutila las mentes, se prohíbe la palabra y la vida se trasunta en muerte, el mar se convierte en una gigantesca fosa común…

 

A partir de 1976, Morón formó parte de la Zona I y la Subzona 16 de acuerdo a la organización de la represión planificada por las Fuerzas Armadas. Por su contundente presencia en la zona, las operaciones fueron coordinadas aquí por la Fuerza Aérea. Desde la I Brigada de El Palomar (a cargo de Rodolfo Fajardo, Hipólito Mariani y Oscar Caeiro)y la VII Brigada de Morón (dirigida por José María Romero, César Comes y José María Insúa) se desplegaron los planes de exterminio.Al igual que sucedió con el país, esta región del conurbano se militarizó y numerosos lugares fueron utilizados para el secuestro y la desaparición de personas. Uno de ellos fue la Mansión Seréo ‘Atila’ (en la jerga de los represores). “Base llamando a Atila” es una frase que quedó en la memoria de más de un sobreviviente. “Base llamando a Atila” es la frase que permitió dar cuenta de la vinculación entre este lugar y la Base militar ubicada a unas pocas cuadras.

 

En pleno barrio, a escasos metros de las vías del FFCC Sarmiento y muy cerca de las estaciones de Ituzaingó y Castelar, entre 1976 y 1978 la antigua casona de la quinta Seré fue utilizada como Centro Clandestino de Detención (CCD). Afuera, la vida cotidiana parecía seguir su curso; adentro, la vida cotidiana era asfixiante. Afuera y adentro imperaba el terror. Por eso, hubo varios intentos de fuga en Mansión Seré. El último fue exitoso y cambió el curso de la historia del lugar. Cuando, el 24 de marzo de 1978, Guillermo Fernández, Carlos García, Daniel Russomano y Claudio Tamburrini escaparon a tientas y en plena noche lograron ponerse a salvo en alguna casa vecina, dejaron en evidencia lo que se pretendía mantener en la clandestinidad. El intenso operativo represivo para recapturarlos, así lo demostró; al igual que las luces, tiros y helicópteros que durante horas amedrentaron al vecindario. Nadie olvidó esa noche, ni las sucesivas cuando se incendió y dinamitó la casa, dejándola en ruinas. Nadie tampoco impidió que cada tanto, anónimas manos escribieran en las paredes que quedaron en pie que allí se habían cometido todo tipo de crímenes. Había que evitar el olvido, hasta que fuera el momento de alumbrar la democracia y la justicia.

3.

Durante el año 1984 la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) recuperó testimonios e identificó los sitios que funcionaron como CCD para elaborar el informe Nunca Más, que fue presentado el 20 de septiembre al presidente Raúl Alfonsín. Mansión Seré o ‘Atila’ fue reconocido por los sobrevivientes como lugar de cautiverio y los delitos allí cometidos fueron incluidos en el Juicio a las Juntas Militares, desarrollado a lo largo de 1985. La sentencia señaló a las cúpulas de las Fuerzas Armadas como responsables de la desaparición forzada de personas. Entre ellos, el brigadier Orlando Ramón Agosti, a cargo de la Fuerza Aérea cuando Morón se integró en los circuitos represivos y Mansión Seré se convirtió en campo de concentración.

 

El final del Juicio implicó también un límite en el avance de nuevos procesos judiciales y la desmemoria comenzó a ganar terreno. A nivel municipal, el gobierno a cargo de Norberto García Silva decidió crear en el predio de la antigua quinta Seré “un parque de recreación zonal” y los últimos restos que quedaban en pie de lo que había sido el centro de detención fueron demolidos. Mientras tanto, a nivel nacional, la impunidad se profundizaba con las leyes de Punto Final (1986), Obediencia Debida (1987) e Indultos (1989 y 1990).‘Pacificar’, ‘reconciliar’, ‘cerrar’ fueron los verbos que atravesaron esta coyuntura histórica y que en Morón tuvieron su broche de oro en 1997 cuando, durante la intendencia de Juan Carlos Rousselot, se decidió la construcción de una casa que funcionaría como centro de reuniones (formales e informales) del Gabinete Municipal. No casualmente, el lugar elegido para levantarla fue justo frente al sitio en el que estaba la Mansión.

 

Pero la historia no se cierra, no olvida, no se silencia; la memoria corre, por lo bajo si es necesario y un día aflora, para hacer justicia, volver a nombrar y de alguna manera (si es posible) reparar el daño individual y colectivo que el terrorismo de Estado provocó…

4.

En 1999 comenzaron a soplar vientos de cambio en el oeste bonaerense. Tras el aluvión neoliberal y el escandaloso y corrupto gobierno de Juan Carlos Rousselot, asumió como intendente de Morón, Martín Sabbatella. En tiempos de colapso económico y estallido social, la lucha por la ‘memoria, la verdad y la justicia’ se convirtió, en este rincón del mundo, en una política de Estado.Y uno de los lugares más emblemáticos en la sistematización de la represión a nivel local, comenzó a resignificarse con un triple objetivo: evitar la impunidad, combatir la desmemoria y trasuntar la muerte en vida.

La Asociación Seré por la Memoria y la Vida agrupó a ex detenidos desaparecidos, familiares y luchadores populares e impulsó y acompañó este cambio de rumbo. Así, nació la Casa de la Memoria y la Vida, así nació el Proyecto Arqueológico y Antropológico Mansión Seré. Era julio del año 2000 -hoy se cumplen 20 años- y un equipo de investigación interdisciplinario comenzaba a trabajar para recuperar y dejar a la vista los cimientos de la antigua casona convertida en CCD durante la última dictadura cívico militar.

 

Un proyecto, en ese momento único en su tipo en toda Latinoamérica y que devolvió a la comunidad un lugar para que la memoria histórica, construida sobre la verdad, logre la materialización de la justicia. Justicia sobre lo sucedido y sobre lo que nunca más debe volver a suceder.Un lugar donde una y otra vez, nos encontramos con los y las 30000 y nos reconocemos en sus luchas. Luchas que no son ‘curro’ y que no terminan, hasta vencer…