Abuelas de Plaza de Mayo anunció la restitución de la nieta 129, se trata de la hija de Carlos Solsona y Norma Sintora. La nieta recuperada vive en España y hace muy poco tiempo pudo conocer su verdadera identidad. Su madre, fue secuestrada y desaparecida cuando estaba embarazada de 8 meses.

En Todo Otra Vez (lun a vier a las 16hs por FM En Tránsito),  entrevistamos a Carlos Solsona, padre de la nieta recuperada recientemente. Allí Solsona remarcó que buscó a su hija durante 42 años.

-¿Cómo transitaste todos estos años de búsqueda?

Los transité como podía, a medida que pasaba el tiempo se hacía más difícil pero es una búsqueda que uno no puede abandonar nunca, salvo cuando se llegue al final o cuando uno ya no respira más. Pero es así y así seguirá siendo para todos los casos que faltan por aclarar.

-¿ Tuviste siempre la esperanza de poder encontrarla?

La esperanza no se puede abandonar. A veces sucede que como había muchos imponderables de por medio uno especula que no va a encontrar nunca nada porque no hay nada. Pero no. Esa falta de esperanza dura poco tiempo. No sé si está en algún lugar del disco duro con que uno viene al mundo pero esa es una búsqueda que no se puede abandonar nunca.

-¿Cuáles fueron los cambios que atravesaron como familia, desde esos primeros momentos -cuando tu hija y su esposa desaparecen- y hasta acá, 42 años después?. ¿Cómo fue transitar la búsqueda como familia?

De distintas maneras. Diez años después del secuestro y asesinato de Norma, formé otra familia con otra compañera y tengo otro hijo. Paralelamente a eso yo tenía todo el proceso de búsqueda que lo había iniciado solo porque nuestro hijo mayor con Norma tenía 2 o 3 años cuando se inicia el proceso, luego cuando nuestro hijo se convierte en adolescente se une a la búsqueda. Supo la verdad siempre y cuando se sintió con fuerza empezó a participar. Con él éramos más unidos en el proceso técnico, material, político, de búsquedas, de contacto con Abuelas.

Con mi nueva compañera y con mi hijo más chico pasó la misma historia. En 40 años pasan muchas cosas… Mi hijo más chico tiene 11 años menos que el grande pero hoy en día tiene 32. Hace rato que él tiene conciencia del tema y acompaña. Pero acompañaron, al igual que su madre, sabiendo que no hay  resultados prontamente y que quizá ya no los haya nunca y acompañaron de una forma muy inteligente. Preguntando poco. Muy de vez en cuando, como diciendo “aquí estamos, no aflojen, sigan buscando”, pero tratando también de no mostrar angustia y desazón por los fracasos que cosechábamos que era uno detrás de otro. Se hicieron muchas búsquedas, muchas investigaciones antes de llegar a la exitosa que fue esta última. El proceso tuvo varias etapas y duró más de la mitad de mi vida.

Foto: FB/AbuelasdePlazadeMayoSitioOficial

-¿Como fue el proceso con las Abuelas, que culminó hace unos días con la restitución de tu hija?

Fue más fácil porque yo no me enteré de nada. Las Abuelas hacen todo un proceso de investigación con suma seriedad y respeto por todas las partes. Tratando de no herir, ni de asustar,  lastimar, ni incomodar a nadie. Incluido los apropiadores a los que se trata con el máximo respeto desde el punto de vista del trato y todo. Después estarán las consecuencias legales  y cada uno asumirá lo suyo. Pero las investigaciones son sumamente secretas con un equipo muy eficiente. Esta investigación duró 6 o 7 años, desde que se empieza hasta que se logra decir sí, son compatibles las dos muestras de ADN de fulana o fulano de tal con tal familia.

-¿Cuándo te enteraste que habían encontrado a tu hija?

Yo me enteré del resultado de la investigación dos horas antes de la Conferencia de Prensa que después dimos con Estela de Carlotto y todas las Abuelas de Plaza de Mayo en la sede de ellas. Aunque no me lo crean, antes de eso, no sabía nada. Es más, a mi me notifican que me presente al local de las Abuelas desde el día anterior y yo estaba ingresando a Santiago de Chile cuando recibo la llamada. Estaba paseando con mi familia, así que tuve que dejar todo y salir a conseguir un pasaje de avión y volverme para Buenos Aires. Fue un proceso muy rápido.

-Cuando te enterás que la habían encontrado, ¿qué sentiste?

Yo no sabía lo que era un terremoto, ahí me enteré. Pensé tantas cosas, principalmente pensé en Norma, en la madre y el resto de la gente que me acompañaba también pensó lo mismo. Estaba con Marcos, mi hijo mayor y el hijo también de Norma. Los que habían quedado en Santiago de Chile que sospechaban lo mismo y nos llamaban cada diez minutos por teléfono y yo hasta que no se hiciera la conferencia no podía brindar información. Era una situación, no sé, no lo puedo explicar porque nunca lo imaginé en mi vida, yo imaginé  que íbamos a tener alguna pista que podíamos perseguir hasta llegar al objetivo y todas las que tuve eran fracasos.

-Y a raíz de esos fracasos, ¿hablabas con Estela?

Hace 7, 8 años atrás, en una conversación con Estela de Carlotto me dice: “Mirá ya no son más niños los que buscamos, son todos treintañeros y de ahí para arriba. Ahora lo único que queda es que ellos nos vengan a buscar a nosotros”. Entonces se empieza toda una política que es la que está llevando Abuelas hasta el día de hoy sobre el tema de la identidad, para que el que tenga dudas se presente, que se hace con todas las garantías.

Y uno de los comentarios así específicos que hace Estela respecto de eso es que, “En el caso de los varones se puede complicar que se presenten o no, pero si son mujeres cuando tienen un hijo, dice, eso las golpea y si tienen una duda, van a venir”. Fue lo que pasó con mi hija, cuando ella fue madre, no pudo sostener la sospecha porque la iba a transmitir a sus hijos y eso la movilizó para iniciar todo el proceso de recuperación de la identidad.

-¿Ya pudiste hablar con tu hija?

Sí, claro, hablamos varias veces y varias veces al día. Nos pusimos un poquito al día. Hay mucho por poner al día pero hay alegría y decisión de ambas partes. Ahora la parte más difícil le toca a ella, la parte de asimilar. Yo como padre de ella, que soy el padre de ella hace 42 años, la voy a ayudar y la voy a acompañar, la voy a proteger porque necesita protección en estos momentos. Por eso yo me limito a comentar que estamos teniendo un trato excelente, maravilloso, pero solamente por teléfono porque la distancia es muy grande.

Antes de recorrer las distancias físicas hay que hacer otros acercamientos y coberturas de temas que tienen que ver con la familia de ella porque tiene su familia armada hace tiempo. Empieza acomodando  la verdad de su vida con sus amigos que son los más cercanos, los que más podían sospechar de algo y con la familia biológica que somos nosotros. Paralelamente a eso, tiene hijos, un marido que la acompaña. Tengo mucha esperanza en que ese tránsito se dé con mucha facilidad y con mucha rapidez pero todavía no nos vimos personalmente.

-¿Ya tienen previsto, más adelante, cuando se acomode todo, verse en persona?

Por supuesto, el objetivo ahora es allanar todas las dificultades que hay para que eso no cause problemas a otras personas que estén de por medio, me refiero a problemas psicológicos cuando hay chicos de por medio. Esa es la verdad, el único impedimento y como esos chicos son mis nietos, imagínate que voy a estar a disposición de lo que su madre considere que hay que hacer, como haría cualquier abuelo. Yo ya tengo nietos por Marcos y por eso sé lo valiosos que son y cómo hay que cuidarlos.

-¿Pensaste qué vas a hacer o qué le vas a decir en ese primer encuentro?

No tengo idea qué voy a hacer cuando la vea. No sé si lo voy a arruinar o lo voy a hacer bien pero por ahora trato de no romper nada. Prefiero no especular porque seguro va a ser diferente a todo lo que pueda imaginar…

Para finalizar, Carlos Solsona  pidió acompañar  a las Abuelas. “Traten de que no pierdan la protección ni el apoyo que tienen porque en estos momentos les está siendo retaceado el apoyo, las critican sin fundamento. Estos éxitos de las Abuelas, les causan patadas al hígado a más de uno que son los mismos que fueron cómplices de la Dictadura y siguen formando parte de nuestra sociedad. Pero creo que a las Abuelas hay que defenderlas y fortalecerlas porque son el faro de la moral, la ética y la dignidad en nuestras sociedades.”