Hoy martes 27 de agosto se realiza en 17 provincias de nuestro país la Marcha Nacional Contra el Gatillo Fácil. En la Ciudad de Buenos Aires será a las 15 horas, desde Congreso a Plaza de Mayo.

Contra la violencia represiva del Estado, contra los policías que disparan y golpean y torturan y asesinan, contra el poder político que protege a quienes fusilan y desaparecen; contra la inacción, la impunidad y la desidia de las autoridades responsables; contra el tejido institucional que sistematiza y avala el acoso y hostigamiento a los sectores más vulnerables de la sociedad, contra la estigmatización de nuestrxs pibxs por parte de los medios masivos de comunicación y contra los prejuicios sociales que permiten reproducir y propagar esa locura.

Emilia Vassallo, madre de la víctima de gatillo fácil Pablo “Paly” Alcorta, y una de las organizadoras de esta movilización cada vez más convocante, pasó por el aire En Tránsito. Allí resaltó la importancia que tiene la convocatoria por su capacidad de reunir y acercar a todas las personas que atravesaron y atraviesan una situación de violencia institucional. En ese sentido,  destacó que esta iniciativa sirve “para poder sentir ese abrazo, ese recibimiento, ese decir `No estoy sola, estoy con mis pares que pasaron por lo mismo` y entender que el Estado tiene la responsabilidad del asesinato de nuestros hermanos, de nuestros hijos, de nuestros esposos, de nuestros familiares.”

En cuanto a los objetivos de la movilización, sostuvo que luchan contra el gatillo fácil porque “se trata de una de las prácticas represivas del Estado”, y manifestó que la propuesta es “denunciar y repudiar todas las prácticas que nos reprimen y nos oprimen. Sabemos que a los pibes no solamente los matan por una bala sino que les arruinan la vida por una causa armada, o porque los torturan, los desaparecen y los matan en contexto de encierro. Los ponen en prisiones solitarias.”

La madre de Pablo “Pali” Alcorta manifestó que en los barrios los pibes no tienen derechos porque están estigmatizados por la policía y muchas veces resultan víctimas del oscuro entramado que en ocasiones tejen las fuerzas de seguridad. “Los pibes no pueden estar en la esquina, porque los levantan, los cagan a palos, y muchas veces cuando se niegan a robar para ellos o para vender droga en los barrios, los torturan y los desaparecen como pasó con Luciano Arruga. Pero hay miles de Luciano también”, denunció.

La entrevistada sostuvo que la violencia institucional y las prácticas represivas del Estado sólo pueden entenderse como estrategia de un sistema perverso.

El gatillo fácil sólo es posible en este contexto represivo de injusticia y exclusión. Es una práctica concebida dentro de un sistema capitalista explotador y opresor

“Mientras haya ricos y pobres, y los más pobres no tengamos ninguna posibilidad, y mientras los pibes no tengan ningún tipo de futuro, esto va a seguir existiendo”, afirmó.

En cuanto al modus operandi que suele reiterarse en estas ocasiones, Emilia enumeró las prácticas y describió los detalles. “Es una modalidad que se repite. Ante los casos de violencia policial, se plantan armas para culpabilizar a las víctimas y se encubre a los verdugos. Se esconden o no se recolectan pruebas, se omiten testimonios o falsean el escenario donde se desarrollaron los acontecimientos. Los asesinos llegan al juicio en libertad, y de los juicios suelen irse en libertad. En este caso, el policía bonaerense que mató a mi hijo ahora está en la Policía de la Ciudad. Lo premiaron.”

Como familiar cercano de una víctima de gatillo fácil, lamentó profundamente que existan casos donde la sociedad defienda a los asesinos que aplican justicia por mano propia. “Es terrible que en estos casos sea la misma gente la que entiende y decide que la vida de nuestros pibes no vale nada”. Pero resaltó que es precisamente en este tipo de acontecimientos donde creen que tienen la posibilidad de ejercer y transmitir conciencia. “Es ahí donde nosotros apuntamos. Al cambio de pensamiento de la sociedad y hacer ver que nuestros pibes tienen derechos. Derechos que son atropellados porque les arrancan la vida. Y eso es lo que nosotros reprochamos y denunciamos ante el Estado. El hecho de no poder tener a nuestros hijos, de no poder disfrutarlos”.

Por último, enfatizó que tiene que haber un cambio cultural. “No puede ser que los mismos jueces sigan avalando y protegiendo esa represión. Algo hay en el imaginario que tiene que cambiar. Por todo eso es importante esta quinta marcha contra el gatillo fácil. Hay que terminar con esta cultura del disparo, del asesinato gratuito que destroza familias y sacrifica las almas que debieran ser protegidas”.

Las consignas son bien claras. Ni un pibe menos, ni una piba menos, ni una bala más. El Estado es responsable.