Por Lili Belforte

Hace una semana, transitando la cuarentena, en mi contexto de encierro casero,  una amiga periodista -Valeria Parente- ordenando su biblioteca encontró el libro “Cuando murió Buenos Aires” de Miguel Angel Scenna, relato histórico sobre los primeros meses de 1871 que describe   el momento en que se  produjo en Buenos Aires una epidemia de fiebre amarilla cuyas referencias de época demostraron que murieron 13 mil personas. Parente me invitó a analizar el pasado y el presente mediante una analogía que interpelaba a las acciones singulares y colectivas. Por eso, en tiempo de aislamiento social preventivo y obligatorio tomo prestado el título de una nota periodística de Gonzalo Carbajal “Luchar, vencer, caerse, levantarse”.  Nexo de un emergente necesario para afrontar el cotidiano y reflexionar sobre las características y alcances de las políticas públicas implementadas durante la gestión de gobierno de Mauricio Macri para quienes trabajamos en el Estado en espacios vinculados a los Derechos Humanos.

Las dificultades de estos últimos cuatro años estuvieron atravesadas principalmente por:

-Disminución del personal  sea por movilidad, por pase en comisión de servicio a otras dependencias, o por intimidación al personal obligándolo al retiro por jubilación, entre otras

-Persecusión política y laboral

– Desfinanciamiento de las políticas de Memoria que vieron afectados su desarrollo de diferente manera en cada ámbito de trabajo

– Desactualización de equipamiento técnico y falta de mantenimiento adecuado para los equipos

– Proyectos paralizados o en ejecución discontinua por decisión institucional

Este panorama se rearfimó en el IV Encuentro de Trabajadorxs de DDHH e INAI organizado por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en octubre de 2019  que mapeó al sector  y  por medio de un comunicado gremial  expresó que “en estos últimos cuatro años, los trabajadorxs resistimos los despidos y el ajuste en nuestros salarios, defendimos nuestro trabajo y también las políticas públicas de derechos humanos. A pesar del vaciamiento y los intentos del macrismo por barrer con todo lo construido, sostuvimos las banderas de Memoria, Verdad y Justicia con el compromiso ético de continuar las luchas de los organismos de derechos humanos y de los pueblos originarios”En otro segmento de la expresión de uno de los gremios que representa a los estatales planteó que “estuvimos en la calle contra a la reforma previsional, en repudio al 2×1 para los represores, exigiendo la aparición con vida de Santiago Maldonado, justicia por Rafael Nahuel, libertad a la compañera Milagro Sala y a lxs presos políticos. Fuimos parte del #NiUnaMenos y de las masivas movilizaciones por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Denunciamos las violaciones a los derechos humanos y las represiones sistemáticas al pueblo trabajador”.

Un encuadre que realizó Observatorio de Políticas  Públicas de Derechos Humanos de ATE Capital, expuso un diagnóstico de los últimos 4 años, con eje en los graves retrocesos de los programas y áreas , la reducción de la planta de trabajadorxs y el fuerte ajuste presupuestario. (*)

Aún con políticas de amedrentamiento acuñada en un grito: Sálvese quién pueda, que fuera sostenida desde una confrontación sectorizada, concentrada y clasista, supimos establecer  el carácter social de la resistencia mediante una impronta identitaria.  El desafío de la nueva etapa está en la resignificación del Estado,  garante de derechos, con una controversia novedosa y no sólo es cultural. Incluso están a la mano mayores herramientas para re interpretar  la polémica publicación de La Verdadera Vida del filósofo Alan Badiou que menciona una  nueva elite de gestión de capital o multitasking.

(*) http://fundaciongermanabdala.org/informe-del-observatorio-de-politicas-publicas-en-derechos-humanos-de-ate-capital/