Cuando desaparecen a Luciano el 31 de enero de 2009, su familia comenzó una larga búsqueda. De su paradero, y de justicia. Ahora, se cumplen diez años de ausencia. Pero son también diez años de una lucha inclaudicable por el derecho a saber la verdad. Diez años de gritar que a Luciano Arruga lo mató la policía y lo desapareció el Estado.

Su mamá y su hermana supieron desde el primer momento que la policía del destacamento de su barrio estaba implicada. El joven de Lomas del Mirador, a sus 16 años, se había negado a robar para ellos y desde entonces vivía hostigado. Incluso lo habían secuestrado y torturado.

Luciano estuvo desaparecido 5 años y 8 meses, hasta que lo encontraron enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. La lucha de su familia no terminó con la aparición del cuerpo: una década después, siguen en carrera para que los responsables materiales y los encubridores judiciales y políticos no queden impunes.

La foto de Luciano en el ex destacamento policial donde fue torturado. Su familia lo convirtió en un espacio cultural para el barrio.

Una causa que avanza en la impunidad

Solo el ex policía Julio Diego Torales cumple condena por el caso Arruga, luego de ser sentenciado a diez años de prisión por el TOC N°3 de La Matanza en una causa paralela que investigaba la detención ilegal y tortura del joven en septiembre de 2008.

La causa madre, la de desaparición forzada, sigue en etapa de instrucción desde hace años. Aunque, Vanesa Orieta, hermana de Luciano, considera que “la palabra quietud no sería la más indicada” para hablar de esta causa, “porque avanza constantemente por el lado de la impunidad“, lo que “nos imposibilita a nosotros como familiares a poder saber la verdad y obtener justicia”.

Haciendo un recuento del recorrido hecho en estos diez años, Orieta señala la complicidad judicial con el aparato policial que desaparece a lxs pibxs de los barrios. “Roxana Castelli fue la fiscal que le dio la investigación a la policía que nosotros denunciábamos” y la encargada de dilatar las pericias en los primeros, y fundamentales, 45 días. Por otro lado, “la fiscal Celia Cejas Martín y el Juez Gustavo Banco pincharon nuestros teléfonos y nos investigaron por un año y seis meses”, contó Vanesa. Sobre ellxs tres recae un pedido de juicio político.

Pablo Pimentel, titular de la APDH La Matanza, recapitulaba que en estos años “pusimos todo la energía para que Luciano apareciera y los responsables vayan presos”. A pesar de esto, los ochos policías señalados como los responsables por la desaparición de Arruga siguen en libertad. Por eso, el sentimiento en este aniversario es de “impotencia”.

El camino para hallar a Luciano también estuvo lleno de trabas. “Se tuvo que insistir mucho para que aparezca el cuerpo a través de un segundo hábeas corpus”, recordó Pimentel. Encontrarlo, 5 años y 8 meses después, significó, para Vanesa, “el efecto más importante en nuestras vidas“.

No es un policía, es toda la institución

“El motor que guía esta lucha es Luciano, es seguir visibilizando su causa, entenderla como un ejemplo de una problemática, la represión estatal, que se lleva la vida de miles de pibes y pibas de los barrios pobres”, sentenció Vanesa.

Familiares y amigos saben que el de Luciano no es un caso aislado, sino que es un ejemplo del modus operandi de las fuerzas policiales en los barrios. De hecho, según datos de la CORREPI, desde el retorno de la democracia hubo más de 5.900 casos de víctimas de represión estatal.

Por eso, saben también que el camino es la lucha organizada, que unirse es la mejor forma de pelearle a la impunidad de lxs poderosxs. “Estamos luchando contra un Estado corrupto y represor. Es un mounstro bastante grande y nos dimos cuenta que juntos podemos darle batalla“, decía Mónica Alegre, la mamá de Luciano, durante la multitudinaria marcha que se hizo en Lomas del Mirador para recordar a su hijo y a todas las víctimas de la represión estatal.

“Nos hermanamos todas las familias, todas las causas, porque todas nos conciernen. Estar con otras madres a nosotros nos da fuerza para seguir peleando”, decía Mónica. Y, 10 años después, todavía quedan muchas cosas por las que luchar. Por Luciano, y por todxs.