[Por Juan Lautaro Lucarini] Haedo. La calle para un lado sigue, va para Morón. Se pierde entre árboles. La otra punta se pierde en una curva y una contra curva, para aquel lado vas a Ramos, a Capital. La calle está vacía, es ruidosa y nueva.

La calle está en el medio de Haedo. Haedo también está en el medio, la gente pasa por acá. Nació así, estación intermedia, combinación. No es cabecera, eso se nota.

Pasa el tren, pasan los trenes. Nació con el tren y vive con el tren. El río del oeste, el río Sarmiento. Tiene un ramal, un bracito que suena fuerte pero no es muy caudaloso; Haedo-Temperley se llama. La lógica dice que es un bracito, pero parece más un afluente. Trae gente.

Estamos en Haedo, no les había dicho. Capaz ya se habían dado cuenta. En Haedo a la noche, que no es lo mismo que a la tarde o la mañana.

El tren en Haedo para todo el día. Va, viene y para. Les digo, es como un río. El tren para de día y Haedo es una cosa. Linda, ordenada, colorida. Pasean estudiantes con uniformes de colegios privados, les señores del barrio hacen compras y meriendan en casas de té.

El tren para en Haedo a la noche también. Haedo cambia. Haedo a la noche se vacía, la gente pasa más que nunca. Los autos y las motos vienen por esa contra curva y se disipan en los árboles. Ni en los semáforos para la gente, titilan en amarillo. Van y vienen. Les juro, ni uno frena.

Hoy en Haedo hace frío, mucho frio. Ocho grados más o menos. Llueve hace muchos días, además. Es de noche, pero no parece. Haedo está iluminado. Una luz blanca, que encandila, que es omnipresente; “Programa de Reconversión LED” dicen los carteles en los postes, orgullo del intendente. Hay que reconocerle que si quería iluminar lo logró. A las lámparas LED parece no escapárseles nada. No hay refugio.

Unos pocos recovecos están oscuros, con un a luz un poquito menos agresiva. Algunas paredes alrededor hacen de contenedor para esa luz apenas más cálida. También contienen a los que sí están en Haedo. No los que pasan en auto o colectivo. Los que no pasan. Los que se quedan en Haedo. En el Haedo iluminado, solitario y frío.

Déjenme contarles que es nuevo esto acá. Es verdad, puede ser que Haedo no estuviese tan bien iluminada, pero tampoco nadie buscaba refugio de esa luz en un día de frio. Nadie se quedaba, todos pasaban. Vaya a saber uno donde se quedaban, pero en Haedo no. Estarían pasando Ramos, antes de Morón. Nunca en Haedo.

La boca del túnel peatonal que cruza el río y sube hacia los andenes alberga a mucha de la gente que se queda en Haedo. Maxi y Walter están ahí.

Duermen en la boca del túnel, bajo un techo a la vera de la calle. Bien iluminados. Walter está hace un año en la calle, lo echaron de una fábrica textil. Maxi hace cuatro años que está dando vueltas, cuenta que tuvo problemas con su familia.

Es lo que toca me dice Walter.

¿Les tocó? pregunté.

Sí, pero prefiero estar acá y no estar en cana —agregó Maxi mientras se acomodaba en su colchón—, estar en cana no es vida.

Pregunté entrometido—¿Porque acá, por qué Haedo?

Es más tranquilo atinó a responder Maxi y dijo—: Nosotros nos cuidamos entre todos. Mientras no nos jodan, no jodemos a nadie.

Walter completó:

Nosotros no molestamos a nadie, hay otros que son cachivaches

Maxi, Walter y sus compañeros eligen Haedo, es más tranquilo. En Capital o en Moreno probablemente tendrían que pelearse para cuidarse y cuidar sus cosas.

Hoy Maxi, Walter y veinte personas más se quedan a dormir en Haedo. En la boca del túnel duermen seis personas, en las puertas de los distintos bancos nueve, en el andén duermen tres personas más. Hace frío y la gente duerme. Camas, colchones, frazadas y camperas. La gente duerme. Hoy en Haedo la gente duerme en la calle. El viento sopla, duele y castiga. La gente duerme. El invierno se pone duro y la cosa también.

¿En el Haedo tan bien iluminado que vemos cuando pasamos?, ¿Ahí duerme gente? Se preguntarán ustedes. ¡ese mismo!, les digo yo. El mismo que sus calles visten bancos, restaurantes, negocios, galerías que se adentran entre las manzanas,una linda peatonal y hasta un McDonald’s. Justo le están limpiando sus enormes vidrios al McDonald’s, debe estar calentito ahí.

Afuera no, afuera hace frío. Mucho frío. Cruzando el túnel en el que están Maxi y Walter, saliendo al andén, hoy hay una olla popular. Bah, todos los días hay una olla popular acá. Alfredo es parte de una agrupación política vecinal. El también está emponchado, a la vera del río hace más frío todavía.

—Las ollas populares son las que aguantan la presión, por eso no estalla.—Alfredo mientras me contaba, ordenaba lo que había quedado de la olla que recién había terminado— El municipio no da la cara—me dice.

Alfredo se libera de ordenar, se toma un segundo y me cuenta:

—Los lunes y los martes viene la parroquia del barrio. Los miércoles y los jueves vienen distintas iglesias evangélicas, de los viernes nos hacemos cargo nosotros y el sábado algunos colegios de la zona comparten la responsabilidad.

En Haedo hay ollas populares seis días a la semana. ¿Cuántas creen ustedes que había antes? Alrededor de setenta personas comen en las ollas populares de Haedo, todas las noches.  Comen y se van en el tren o comen y se duermen en Haedo.

El túnel cruza el río, del otro lado también duerme gente. Encuentro a Brian, Dario y Angelito. Están descargando sus carros, revolviendo lo que cargaron durante todo el día. Charlan y desensillan. Les pregunto por la vida en Haedo, las ollas, el municipio. Brian rápidamente condensa:

—El municipio trae comida y se va, no les interesa, no preguntan.

—La gente acá se toma el tren. Pasa y sigue —sentenció Darío después de escuchar a Brian—,no nos ven porque no somos ciudadanos, somos indigentes.

Angelito sigue revolviendo sus cosas. Brian me dice y comienza a tararear:

—Es como la canción: Hay gente mentirosa, gente policía, gente que te escucha, gente que no, gente que te banca, gente que no

—Es asíle dice Darío.

Ya hace frío, me duele el viento en las manos. Me despido de los pibes, paso por Haedo y sigo para otro lado.

Los diarios esta misma semana relatan que en Capital murió una persona de frío. El vicejefe de gobierno porteño dice que: “mucha gente prefiere dormir en la calle”. La gente mientras tanto, sigue en la calle, duerme y se muere. La letra de la canción que Brian tararea, un poquito más adelante dice:Gente que te deja en la calle morir

La gente pasa, la mayoría. Pero mucha duerme, acá afuera. Sobre la Avenida Rivadavia, a la altura de Haedo. La gente duerme y los otros solo pasan y apenas los ven dormir.