[Por Mariano Civitico, desde Roma] El domingo 31 de julio, en Venezuela, se llevaron adelante los comicios para determinar la conformación de la Asamblea Nacional Costituyente (ANC), convocada por el presidente Nicolás Maduro mediante el decreto 2830 del 1 de mayo de este año, la cual tiene el objetivo de modificar la Constitución venezolana que el chavismo le diera al país en 1999. Más de ocho millones de venezolanxs (algo así como el 41% del padrón electoral) ejercieron su derecho al voto, cumplieron con los estándares de la democracia liberal y fortalecieron la revolución bolivariana para construir el consenso que aporte la tan deseada paz social.
El sufragio se desarrolló en un contexto de violencia política alarmante, generada por la poco democrática oposición que se encuentra incentivada por los intereses económicos de los Estados Unidos. La misma oposición, nucleada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que poco tiempo atrás argumentaba haber obtenido algo más de siete millones de votos en un plebiscito plagado de irregularidades y, debido a eso, declarado ilegítimo por el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Hasta aquí la información concreta de la coyuntura venezolana. De la cual se puede sacar la conclusión que lxs golpistas de la MUD fueron una vez más derrotados a través de las urnas. Como ya sucedió en otras dieciocho oportunidades de las veintiuna votaciones, entre elecciones presidenciales, parlamentarias y plebiscitarias, que se desarrollaron en Venezuela desde que Hugo Chávez llegara democráticamente al poder en 1998.
Esto no marca el fin de nada. La oposición, que hasta aquí ha bloqueado caminos con guarimbas, ha profundizado el desabastecimiento incendiando depósitos de alimentos, ha atacado medios de comunicación estatales y comunitarios, ha asesinado simples y ocasionales disidentes a sus violentos métodos, como así también a militantes chavistas y hasta candidatos políticos, se negó a participar del proceso de diálogo propuesto por el oficialismo, no presentó candidatxs y, por supuesto, no reconoció los resultados. Por lo tanto, va a continuar con su plan desestabilizador.
Tampoco es el inicio de nada. Al menos no del conflicto, aunque sí se espera de su resolución. Los problemas de Venezuela no comenzaron cuando Maduro convocó a la elección de la Asamblea Constituyente para tratar de apaciguar el país a través de las formas institucionales. Y sólo será el comienzo de una nueva etapa si el pueblo venezolano apoya este proceso abierto y resiste los embates de la derecha mas recalcitrante.
La conflictividad que se vive actualmente en la patria de Bolivar se acentuó profundamente desde la llegada de Nicolás Maduro a la presidencia. Aunque claro, ya existía desde mucho antes. Porque si en Argentina descubrieron que existe “la grieta”, en Venezuela hay un abismo entre los que tienen todo y se niegan a perder privilegios y los que nunca tuvieron nada y son la base la construcción del socialismo bolivariano. La derecha, que ahora ataca despiadadamente cometiendo crímenes y actos terroristas, siempre estuvo al acecho desde que el chavismo empezó una profunda transformación social.
Los hechos inmediatos que desembocaron en esta situación son los siguientes: en diciembre de 2015 la oposición gana las elecciones parlamentarias y se convierte en mayoría en la Asamblea Nacional (AN), uno de lo cinco poderes que conforman el Estado de la República Bolivariana de Venezuela. En agosto del año siguiente, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declara en desacato a la AN por haber incorporado a tres diputados impugnados de los cuales se había considerado fraudulenta su elección. No se trata de un detalle menor, o de una simple arbitrariedad contra tres parlamentarios del estado del Amazonas, porque con ese número la MUD obtenía la cantidad de escaños que le hubiesen permitido modificar al TSJ e, inclusive, habilitar el llamado a un referéndum revocatorio. Por lo tanto, amparándose en la constitución venezolana, el TSJ considera nulo lo decidido en la AN y su Sala Constitucional pasa a cumplir ciertas funciones que correspondían al parlamento. Algo que ya venía sucediendo debido a la pérdida de poder y legitimidad del legislativo, como explicaba el analista Luis Vicente León para el sitio de BBC Mundo, el 30 de marzo de este año.
Impedida de llevar a cabo sus planes golpistas a través de las formas institucionales, la oposición inició una escalada de violencia que ha provocado la mayoría de las muertes y que tiene como objetivo final la denominada “hora cero” para sacar a Maduro del poder y borrar el chavismo de la historia. Esto, que en cualquier otra geografía del mundo sería catalogado de terrorismo y fuertemente condenado por el liberalismo occidental, es avalado e incentivado mediante una brutal campaña de tergiversación de lo que sucede en tierras venezolanas.
En este contexto la batalla comunicacional es fundamental. En Venezuela misma, donde las cadenas de televisión privadas prácticamente ignoraron la elección de la Constituyente. En Argentina, donde el presidente se permite cínicamente pedir por los “presos políticos” de Venezuela pero la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le sugiere a él y a su cómplice Gerardo Morales, que libere a Milagro Sala, injustificadamente detenida desde hace más de quinientos días. También en Europa. Por ejemplo, en España, Mariano Rajoy encontró en Venezuela la excusa ideal para evitar dar explicaciones de la trama de corrupción que financió su partido. En Italia, la plana mayor política se llena la boca hablando de Venezuela para tapar la enorme desocupación juvenil o la precarización laboral.
Por tal motivo, un caluroso sábado de junio, la Casa del Pueblo “Giuseppe Tanas”, el Colectivo Estudiantil Roma Norte y Patria Socialista, organizaron una charla debate llamada “¿Qué sucede en Venezuela?”, con la participación de la Asociación Nacional de Amistad Italia-Cuba y la periodista y escritora Geraldina Colotti, además de la presencia del embajador venezolano en Roma Dr. Isaías Rodríguez.
El objetivo era brindar información de primera mano para ampliar el panorama, vencer el cerco mediático que existe de parte de las grandes multinacionales de la comunicación y darle la palabra al gobierno de Maduro que, contrariamente a lo que se pueda creer, no cuenta con suficientes canales de expresión y es silenciado ante la opinión pública internacional. Militancia solidaria de clase que traspasa las fronteras.
Militancia romana de un sábado bolivariano
Sábado caluroso de junio en Roma. Tenía que ir a Primavalle, barrio del noroeste de la ciudad, y hacia allí me dirigí. Una hora de viaje en tren y colectivo y ya estaba en la Casa del Popolo “Giuseppe Tanas”, ubicada en una zona urbanizada por el fascismo para re ubicar a vecinos de ciertas partes del centro modificadas por obras de urbanística y que, hasta hasta ese momento, era un área rural. Hoy sufre cierta decadencia y, parece, la venta de droga es salgo común en sus calles.
Ese es el contexto geográfico de la Casa del Pueblo, espacio ocupado y recuperado por un grupo heterogéneo de personas del barrio, que se encuentran entre los jóvenes veinte años y los treinta ya superados hace rato, para tener un lugar donde organizarse pensando en los problemas de la comunidad y en formarse políticamente. Se trata de una estructura no muy grande pero de interesantes dimensiones. Después de subir unas escaleras uno se encuentra de frente con un salón, que en ese momento había sido arreglado para la ocasión con la correspondiente bandera de Venezuela sobre la pared del fondo y las sillas necesarias, decorado con cuadros referentes al comunismo soviético e internacional. A la izquierda, la barra con espacio para esperar el inicio del evento tomando alguna bebida fresca, y por detrás la cocina de interesantes proporciones.
Para las siete de la tarde ya estaba todo listo para dar inicio a la charla del embajador venezolano en Roma, y ex vicepresidente de Hugo Chávez durante su primera presidencia, Dr. Isaías Rodríguez. Junto a él, exponían Iván Collini, integrante de la agrupación política Patria Socialista; Marco Papacci, de la Associazione Nazionale di Amicizia Italia-Cuba; y Gelardina Colotti, escritora y periodista en L’Unità y Le Monde Diplomatique. El público era una mezcla de militancia italiana de base y algunos latinoamericanos viviendo en Roma.
Iván es un joven militante de algo más de treinta años que abrió el debate con un análisis de la situación venezolana y una explicación sobre el motivo de la solidaridad con el gobierno de Maduro. Marco y Geraldina expusieron sobre el panorama comunicacional del conflicto. Él es un italiano con tanto acento latinoamericano en su forma de hablar castellano que me confundió cuando nos presentamos. Orgulloso me mostró una foto con Fidel Castro para justificarme su tono cubano. Ella es una feminista ex integrante de las Brigadas Rojas que pasó varios años de cárcel en la década del 80’. Por su parte, el Dr. Rodríguez, vestido de simple chomba y pantalón claro, se hizo presente sin ningún tipo de custodia y se mezclaba como uno más entre todos los allí presentes.
Una vez que tomó la palabra, el embajador bolivariano empezó por aclarar que la conflictividad que se vive en Venezuela actualmente, producto del violento accionar de la oposición, se da en sólo siete de los 335 municipios que tiene el país, precisamente aquellos en los que viven los sectores sociales mas acaudalados. A pesar de la actitud antidemocrática de los principales referentes de la MUD, el gobierno de Maduro propuso tres instancias de diálogo que no fueron respetadas: “Ninguno de los acuerdos a los cuales se llegaron, en esas tres reuniones, los cumplieron. No quieren el diálogo, no quieren elecciones, no quieren Constituyente, quieren tener el gobierno y el poder por la violencia. No quieren la constitución del 99. Ese es el cuadro que tiene actualmente Venezuela”, sentenció taxativo el diplomático.
Ante este panorama de desestabilización, el presidente venezolano convocó a la Constituyente para tratar de afianzar, a través de las formas institucionales, el proceso iniciado con Chávez. Con la referenzia ineludible de la primera ANC realizada en 1999, así explicaba Isaías Rodríguez la actual propuesta: “Frente a esa situación, el presidente Maduro planteó, como alternativa para el país, una nueva constituyente. Hicimos una constituyente en el 99, y esa constituyente que lideró el presidente Chávez planteó algunas de las cosas con las cuales hemos iniciado el proceso revolucionario. Y con esta constituyente queremos afianzar el proceso venezolano. Esa es la razón por la cual en este momento Venezuela se encuentra en un nuevo proceso constituyente”.
Para que se pueda comprender la importancia de una reforma de la Constitución, el embajador continuó su disertación sobre el concepto del poder originario del pueblo, y su nacimiento en las teorías políticas de la Revolución Francesa, como superación del poder divino de los reyes absolutistas. Por eso mismo explicó que la ley suprema en Venezuela anterior a 1999 no contemplaba ese poder popular como origen y, además, había sido redactada por un grupo de notables. Debido a esto es que se insiste en una Asamblea Constituyente, que sea la representación del pueblo, para reformar la carta magna.
Sin embargo, a pesar de haber elegido recorrer el camino burgués de las instituciones para cambiar la realidad venezolana, el chavismo es consciente de la dificultad de esa elección y así lo admite el ex vicepresidente bolivariano: “Nosotros buscamos la vía más difícil, hacer la revolución por la vía pacífica electoral y apegados a la democracia burguesa. Eso significa que tenemos que pagar el pecado original de creer que se puede hacer una revolución pacíficamente. No es fácil. Es complicado, es complejo, pero pareciera que en este momento histórico no hay una alternativa a esa en América Latina”. De todas maneras, el embajador Isaías Rodríguez asegura que mantendrán las formas democráticas aunque no pueda asegurar que el proceso sea pacífico: “Nosotros vamos a trabajar nuestro proceso por esta vía, pero de lo que sí estamos seguros es que no va a ser pacíficamente. No porque nosotros queramos que no sea pacífica, sino porque quienes tienen los privilegios, y han perdido esos privilegios, no se resignan a perderlos pacíficamente y van a pelear por ellos hasta la última gota de sangre que les quede”.
Es que esa pérdida de privilegios genera un odio visceral que se expresa de las formas más violentas posible. Por tal motivo el diplomático venezolano es categórico al decir que de parte de la oposición “hay violencia, no hay proyecto, discriminan, tienen toda la intención de engañar a través de la propaganda para instalar su proyecto. No creen en elecciones, no creen en constitución y además tienen el amparo de los Estados Unidos y las compañías petroleras”.
El panorama a futuro se vuelve aun más complejo y preocupante cuando el embajador Rodríguez reconoce que, aunque están en la búsqueda de una solución pacífica, desde el gobierno no pueden asegurar contener las manifestaciones de violencia popular. Explica que para el gobierno de Maduro es importante poder gestionar la conflictividad social, primero, para no ser acusados de violentos y, después, para mantener la estabilidad que evitaría una intervención de los Estados Unidos, objetivo último de buena parte de la oposición.
A muchxs podrá parecerle exagerada la posibilidad de una invasión del territorio venezolano, pero para quien fuera vicepresidente de Chávez no suena a descabellado si el país es arrastrado a una guerra civil. Así, con la excusa de la ayuda humanitaria, el imperialismo estadounidense tendría a su disposición no sólo el petróleo venezolano, sino también el oro, los diamantes, el coltán, la madera y el agua. De todas maneras, Isaías Rodríguez advierte: “Estamos resistiendo con dignidad y con coraje y vamos a vencer”.
Después de un sostenido aplauso a las palabras del embajador, se propuso un momento de debate con pregustas realizadas por el público presente. Ante la consulta acerca de cómo se prepara Venezuela ante la hipótesis de una invasión extranjera, el diplomático chavista hizo referencia a tres frentes que el Estado ya trabaja desde hace tiempo: el interno, el diplomático y el militar. El interno quiere decir que el “proyecto revolucionario es una alianza cívico-militar”, lo que se traduce en que los militares venezolanos “son personas del pueblo que van a la milicia, estudian en la milicia y no se desligan del pueblo, que forman parte de las clases más pobres del pueblo”. Por su parte, las gestiones diplomáticas implican las relaciones que estableció Chávez con Rusia, China e Irán; además de lo que significa el papel que cumple el Alba y PetroCaribe para las relaciones internacionales de Venezuela, el proyecto bolivariano continúa estableciendo relaciones y defiende su posición tanto en la OEA como en la ONU. Por último, Isaías Rodríguez fue lo suficientemente explícito cuando explicó que “en el supuesto caso de que la situación pasara a otros terrenos ya hay disposición táctica y estratégica por parte de China y por parte de Rusia de tomar partido como tomó partido Rusia en el caso de Cuba, con Kennedy y Nikita Kruschev”.
Para finalizar la charla, y después de permitirse alguna festejada broma sobre las consecuencias de las políticas internacionales que está tomando Donald Trump, el Dr. Rodríguez reflexionó sobre la importancia de la comunicación popular y de base en una situación como la actual. Habló de lo fundamental que resulta el papel que cumplen los pueblos, ya que en América Latina se viene desarrollando de forma parcial un proyecto propio de identidad que genera una militancia contra las multinacionales capitalistas de la comunicación. En este sentido, a todxs lxs presentes les dijo que “juegan un papel determinante en la revolución mundial” por ser voceros y activistas de un proyecto. Entonces, ante el bloqueo que existe de las opiniones contrarias al status quo se debe hacer multinacional la voz de los pueblos para poder vencer a los medios funcionales al capitalismo.
Bien pasadas las nueve de la noche se dio por terminado el debate y una buena parte de lxs presentes nos quedamos para la cena de camaradería que se había organizado. Compartiendo un plato de pasta y una copa de vino conocí a Grabriela y Roberto, ecuatorianos de larga residencia en Italia, que militan el marxismo y la Patria Grande con su programa “Artillería de la Palabra”, por la radio web Revolucionarios al Poder. También pude saber más de la experiencia de vida de Geraldina Colotti, una de las pocas personas que habiendo elegido la militancia armada en los años 70’ y 80’ no se arrepintió de aquellas decisiones manteniendo firmes sus convicciones revolucionarias.
Una jornada necesaria aquí en Italia, en donde reina la total desinformación sobre lo que sucede en Venezuela. Como ocurre en buena parte del mundo donde los Estados Unidos hacen sentir su control informativo. Una situación muy compleja que hasta genera fuertes debates y disputas al interno de la izquierda. Porque Venezuela incomoda, por que es real, porque sucede en este mundo y ahora en estos tiempos de tibia posverdad. Se trata de tomar posición claramente y sin medias tintas, como la humanidad tuvo que hacer durante la Guerra Civil Española, en la cual había infinidad de internas en el bando de la República pero lo correcto era combatir al fascismo sin dudarlo. Lamentablemente, aunque a muchxs no les guste, en Venezuela se hace necesario ensuciarse con el barrio de la historia. No para regodearse como cerdos en un chiquero, sino para construir la sociedad que debe venir para toda América Latina.
