[Por Julieta Galera, @julieta_galeraok]
Tras una bochornosa sesión en la que la política quiso usufructuar con la victoria que se vaticinaba, el proyecto de expropiación y declaración de utilidad pública de Cromañón y el Santuario de Once, ubicados en Mitre al 300 en el barrio de Balvanera, para construir un espacio de memoria fue aprobado por unanimidad.
La media sanción del proyecto presentado por la Mesa Unidad Cromañón – integrada por 9 colectivos de víctimas sobrevivientes y familiares de víctimas de Cromañón-, redactado por la diputada del Frente de Todos Paula Penacca y firmado por diputados de 11 bloques, es el resultado contundente de casi de 18 años de lucha colectiva.
Este proyecto es el colorario de un largo proceso de lucha que comenzó en 2019, un año después de que la justicia devolviera las llaves del lugar a Rafael Levy, titular del inmueble de Cromañón. En ese momento las víctimas sobrevivientes y las familias de las víctimas fatales sintieron necesidad de frenar obras que se realizaban en en lugar y presentaron en la Legislatura porteña un proyecto de expropiación que no prosperó por falta de apoyo político del oficialismo. Antes de que el proyecto perdiera estado parlamentario, en diciembre de 2020 le realizaron algunas modificaciones e incluyeron la patrimonialización, que contemplaba la protección estructural del edificio para que hubiera posibilidad de que lo traten. Pero para fines de octubre de 2021, la legislatura porteña solo había aprobado un proyecto que lo declaraba de interés social y cultural. Ante la falta de respuesta del órgano legislativo de la Ciudad es que deciden llevarlo al Congreso de la Nación.
La Mesa Unidad Cromañón consensuó este proyecto transversal sin banderas políticas. Las diferencias entre las organizaciones existen pero todos comparten la convicción de que “ni las bengalas ni en rock and roll, a los pibes los mató la corrupción” y en que en la figura de Aníbal Ibarra, ex Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la corrupción política quedó impune.
Y este fue el punto clave del que se agarraron el bloque de la alianza Juntos por el Cambio, Evolución Radical y Avanza Libertad para convertir el recinto en un “gallinero”, mientras la diputada Penacca, autora del proyecto, argumentaba su voto.
Al respecto, Sabrina Klein, del colectivo Ni olvido ni perdón, dijo: “nosotros presentamos un proyecto no partidario. La última parte la vivimos con tensión porque sentimos que podíamos quedar fuera otra vez. Y ya el cuerpo no resiste. Yo voy por mi segundo cáncer peleando…es una falta de respeto lo que pasó”.

En diputados se vivió un momento “bochornoso” en el que todo el arco político, salvo el FIT, hizo prevalecer su “miseria política”. La sesión se le fue de las manos a la diputada Cecilia Moreau, presidenta de la Cámara Baja, con una oposición que parecía que en cualquier momento podía abandonar el recinto.
En ese sentido, Fabiana Puebla, de Movimiento Cromañón, expresó que “la última parte se vivió con mucho nerviosismo. A mí me sacó cuando se empezaron a pelear, es una falta de respeto a los familiares y sobrevivientes que estábamos ahí. Los trapitos se los tienen que guardar y lavar afuera”.
Finalmente, se votó, la expropiación obtuvo media sanción, los bloques de Juntos por el Cambio, Evolución Radical y Avanza Libertad abandonaron sus bancas y, al perderse el quórum, la sesión se levantó.
“Esto es un pasito más. Hace 4 años que venimos peleando por esto en la legislatura. Estamos cerca, queda poco pero hay que seguir”, sentenció Fabiana Puebla.
“Por suerte, prevaleció la memoria. Siento que se viene un camino de mucho laburo, pero sé que va a llegar a la cámara alta con el mismo compromiso que se tomó acá y esperamos que en el senado voten a favor”, culminó Brenda Re, integrante de Movimiento Cromañón.
Fotos: Andrés Pelozo (@documentos_de_una_vida)
