Nora Irma Morales nació un 22 de marzo de 1930 en el Hospital Ramos Mejía de CABA. Es hija de Vicenta y Manolo, que eran inmigrantes catalanes, y tiene 4 hermanas.

En 1950 se casó con Carlos Cortiñas, con quien tuvo 2 hijos: Gustavo y Marcelo.

Gustavo era estudiante de Ciencias Económicas en la UBA, militante peronista y tenía un fuerte trabajo territorial en la Villa 31, junto al padre Mugica.

El 10 de abril de 1977 fue el último día que Nora vio a Gustavo. Se habían despedido en la terminal de micros, ya que Nora y Carlos se iban a pasar semana santa a Mar del Tuyú. Cuando volvieron a su casa en Castelar, se enteraron que el 15 de abril a Gustavo lo habían chupado los militares cerca de la estación del Sarmiento.

Desde entonces, Nora comenzó la búsqueda incansable de su hijo. el primer paso fue la comisaría de Castelar, donde no hubo respuestas. Hicieron Habeas Corpus, se contactaron con la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, con la Comisión de Familiares Desaparecidos por Razones Políticas, con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, con el Servicio de Paz y Justicia. Quienes estaban en el poder se excusaban de responsabilidades o contestaban “algo habrá hecho”.

El día 30 de abril fue la primera reunión de Madres. Nora tomó contacto una semana después, exactamente el día 6 de mayo y desde entonces su búsqueda pasó de individual a colectiva. Azucena Villaflor de De Vincenti cansada de los ninguneos les expresó a las madres “En vez de escuchar estas barbaridades, vamos a la Plaza”.

Esta búsqueda llevó a Nora a entrar a la Mansión Seré, uno de los centros clandestinos más importantes que hubo en el oeste durante la última dictadura. Nora intuía que ahí había gente secuestrada, por lo que un día fingió ser una compradora que quería poner un geriátrico ahí y se acercó a la Mansión. Quería que quienes estaban ahí supiera que no estaban solos.

En estos 45 años de lucha, Nora abrazó todas las causas justas, como una forma de mantener viva y de reivindicar la militancia de su hijo y de los 30 mil.

Nora está en todas partes, en los reclamos contra el gatillo fácil y la represión, en contra de la megaminería, en contra del endeudamiento, en defensa de los pueblos originarios, por el aborto legal y contra los femicidios:
últimamente empezó a usar un pañuelo verde en la muñeca, aparte de su característico pañuelo blanco, porque, como ella misma dijo, ser feminista “es una cosa bárbara”.

La lucha de Madres traspasó fronteras, llegaron a muchos países con sus reclamos y su defensa por los derechos humanos. Nora viajó para llevar su testimonio de lucha a Oriente, Europa, Canadá, Rusia, Cuba. Estuvo con las mujeres de Kurdistán, con aquellas que fueron esclavas sexuales en Japón, con los pueblos originarios de todas partes de América Latina, con los mapuches en el sur de Argentina y con los pueblos del Amazonas.

Hoy Nora cumple 91 años. Con un festejo reducido y con distancia con la pandemia, no faltaron los homenajes y las muestras de cariño para agradecerle que sea un faro de coherencia, lucha y amor.