Por Fernando Vega

Misiones. Escuchaba esa palabra y me gustaba, y el significado que le encontré fue que, ante lo que yo veía, que era 201509409 misionesgente que se frustraba por ponerse metas inalcanzables, la prioridad era conquistar pequeñas misiones.” Toto Tobares, guitarrista y cantante de la banda, describe así el surgimiento de un proyecto del cual sólo él permanece como miembro original.

La historia de Misiones comenzó en 2008 para, tras años de cambios y deserciones, concretar en 2012 un EP de cuatro temas, De la mecánica entre la muerte y la vida, con un estilo más “cancionero” de lo que se concretaría luego en su primer disco. Sin embargo, pronto Toto debió salir una vez más en búsqueda de músicos que sustenten el proyecto Misiones. Así, primero Nicolás Luzny (bajo y coros) y luego Juan Ignacio Carreira (batería) terminarían de conformar la alineación actual, que dio lugar a su álbum debut, grabado a fines de 2014.

EL DISCO

Desde la entrada de Juan en la batería, hacia mediados de 2013, el trío debió transitar un proceso de adaptación. Amalgamar el sonido implicaba consolidar una formación, un asunto históricamente conflictivo pero que sin embargo se mostró presto a resolverse una noche no carente de señales: Juan conoció la banda en un escenario que Misiones compartió con Pez, en Santana, y de inmediato se pusieron en contacto. Pez representaría a partir de entonces un punto de encuentro tanto desde el gusto musical como desde la impronta del arte como sitio libre e independiente, pilares que funcionan como motor y unidad de la banda. Dice Juan: “Me había gustado lo que hacían a primera vista. Al principio costó porque era una banda muy distinta respecto de lo que yo venía haciendo. Pero después me puse estudiar, me senté en la batería a sacar todos los tempos de los temas, que eran rebuscados…” Y las cosas salieron. En base a ensayos persistentes, el nuevo disco, que fusiona el rock progresivo con el punk y el hardcore, pero sin cerrarle la puerta a otros estilos, así lo manifiesta. Se destacan el manejo de intensidades que invitan a ahondar tanto en las melodías rabiosas de guitarras, sustentadas en sociedades virtuosas de bajo y batería, como en la profundidad de las composiciones, las cuales nunca se alejan del todo de la esencia de la canción. Las letras, que no abundan, aparecen casi siempre con una palabra apropiada que refuerza el mensaje. Toto explica la búsqueda: “Nos gusta la variedad. No nos gusta el cliché del rock and roll. El EP es melancólico, y si bien tira para adelante, es más bien un paisaje que revisa dolores. En cambio el disco es como decir: ‘ya fue’. Y si bien el disco no tiene nombre, la tapa, por ejemplo, es una bandera negra en honor a Black Flag. Si la bandera blanca es una bandera para rendirse, la bandera negra es un planteo de lucha”. Un título solapado se adivina entonces, tanto como una manera de abordar el under. “Buscábamos un audio muy distinto a lo que propone el mainstream, no queríamos sonar como las bandas de rock que salen en la radio. No queríamos las guitarras comprimidas, las guitarras dobladas. Queríamos traer más el sonido de The Stooges, de la ola hardcore de Los Ángeles. Un disco con, más allá de un sonido, una impronta”, prosigue Toto, y Nico lo confirma: “Queríamos algo más natural, por eso la idea fue grabar en vivo. Grabamos todo en una o dos tomas. No queríamos estar semanas enteras adentro de un estudio”. El disco se grabó efectivamente en apenas dos días, y para hacerlo de esa manera necesitaron ensayar al máximo, tanto para economizar horas de estudio como para reflejarse “afilados” en la frescura de las tomas.

Descargable de manera gratuita desde su página (misiones.bandcamp.com), al igual que el EP, el disco sin embargo apunta a salir en formato físico casi como una cuestión de principios: tal próximo objetivo se concretará este año, más allá de lo esforzado que pueda resultar su costeo, como para cualquier banda under.

EL UNDER

Somos muy independientes. Tenemos que hacer todo nosotros”, dice Juan, entre el orgullo de lo conseguido y el peso de su implicancia. Todo cuesta. Juntar la plata necesaria para editar un disco es un esfuerzo grande. Tocar en vivo representa muchas veces la misma dificultad. Pagar para tocar, sin embargo, es una posibilidad que Misiones descarta de raíz. Toto: “El under está activo. El problema es cuando el organizador de un lugar elige según un criterio que nos perjudica. Por ejemplo, que nos digan: ‘no dijiste buenas noches’. Y pasa también porque hay bandas que ceden a eso. Cuando menos talento musical hay, más boludeces lejanas a la música: la manera de vestirse, etc. Nosotros no aceptamos tener que pagar para tocar. Además de que no podemos, tampoco les vamos a dar el gusto”.

Asociados a la UMI (Unión de Músicos Independientes), buscan cimentar un camino que, saben, demanda tiempo: pequeñas misiones que deben cumplirse como postas. “La única es insistir, por eso la bandera negra. Nosotros no vamos a tirar papelitos… vamos y tocamos. Si te gustó lo vas a ir a buscar, y sino, mala suerte”, sostiene Toto, con convicción, mientras se entusiasma con el repaso de las devoluciones del vivo: “Hay poca gente que gusta de nuestra música, somos conscientes de eso. Pero a la gente que le gusta, le gusta mucho. Yo le doy un gran valor a eso”.

LA MÚSICA

El cierre de la nota es envuelto en una sensación donde, más allá de las dificultades, prima la confianza en la fuerza propia. La misma se basa en la respuesta a la pregunta: ¿Qué importancia tiene la música en sus vidas?: “Desde muy chico escucho y toco rock. Siempre estoy al tanto, buscando cosas nuevas. Es algo de todos los días”, menciona Nicolás. Válvula de escape para la cabeza, para el alma; lugar de privilegio y placer absoluto. Tras una pausa, Toto anima una última impresión y planta una bandera, que es la de todo Misiones: “Cuando me gusta mucho una canción, me gusta pensar que quisiera vivir para siempre dentro de esa canción. Así de importante es la música”.