Un 30 de abril de 1980 nacía un chico en el barrio de Floresta, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, decidieron llamarlo Luis Scola. ¿Quién pensaría que tan solo quince años más tarde estaría en uno de las instituciones más emblemáticas del básquetbol argentino, como Ferrocarril Oeste?… Y no solo eso sino que en su cumpleaños número 18 sería adquirido por el TAU Cerámica de Vitoria, un equipo de los más reconocidos en el viejo continente. Donde pasaron leyendas argentinas de este deporte, como Juan Espil, Andrés  Nocioni y Pablo Prigioni.

Pero ninguno de estos jugadoreLuis Scola (canchaentera.com)s dejaron marcado su sello de la forma que lo hizo el “Luifa”, como lo llamaban sus amigos en aquellos “partiditos” de básquet que se armaban en las canchas luego de la salida del colegio.

Tres Supercopas de España e igual número de Copas del Rey, dos Campeonatos Españoles fue el saldo que dejó este maravilloso jugador en sus siete años en el club vitoriano. Sumado también a sus galardones como MVP (Mejor Jugador del Partido) de la ACB (Liga Española), en 2005 y 2007.

Cuando Europa le quedo chico, un día le llego una carta. La misma decía “Flaco después de dejarla chiquita en España, ¿no tenés ganas de venir a la NBA?” a lo que respondió sin miedo, “¿porque no?”. Y en el verano del 2007 emigró a territorio estadounidense para ponerse la camiseta número cuatro de los Houston Rockets, uno de los equipos texanos reconocidos en la historia de la Meca del básquetbol mundial.

Luego de sacarle la titularidad a un grande como Dikembe Mutombo, un jugador mítico dentro del deporte y quien tiene la marca de segundo máximo taponador de la NBA. ¿Qué poquito no? Scola, como dice en el dorso de su camiseta, supo robar el cariño del público en todos los lugares en los que estuvo y desplegó su juego simple pero efectivo, y en muchos casos sorprendente. Pasó por Phoenix y, ya más veterano, fue a parar a Indiana Pacers.

Para hablar del ala-pivot en su participación con la celeste y blanca, podríamos resumirlo en una sola palabra, CAPITÁN. Ningún otro vocablo le sentaría mejor que éste, cuando se habla de una persona que siempre que se la necesitó, en el campo de juego, estuvo presente poniendo el pecho a la causa. Dejando en la mejor posición a su selección. De la que no se hablaba desde 1950 cuando ganó el Mundial de Argentina, en el Estadio Luna Park.

Por este currículum de 35 años, no podemos dejar de desearle a una gloria Argentina. Feliz cumpleaños.