Por Mariu Serrano, foto por Malu Quinteros
Rodrigo Gómez es el alma mater del Proyecto Gómez Casa, un experimento que arrancó en solitario y de a poco incorporó cada vez más artistas. Hoy en día, la formación del trío original se disolvió, y en paralelo se sumaron vientos y los Fluxian, un colectivo de performers lumínicos que intervienen en los shows.
¿Cómo surge la idea de la banda? ¿En qué circunstancias se sumaron lxs demás músicxs?
En 2009 empezó la banda. Estaba tocando solo, viajando mucho al exterior, ya era un delirio, me hacía preguntas en voz alta. Estaba al borde del colapso. Algo me estaba pidiendo gente. Justo en paralelo armamos un estudio clandestino con Sebastián Rey y con Alejo, que fue el guitarrista en la primera formación. Pensé en ellos porque era la gente con la que estaba trabajando. Y a Leonello (Zamboni) lo conocí en un festival en el Teatro San Martín. Estaba exponiendo unos aparatos rarísimos, y recorriendo la muestra vi lo que hacía y me encantó. Ahora cambió porque Leo y Sebi no están más. La banda está creciendo un montón, cada vez hay shows más grandes, que significan más trabajo semanal. Y así como creció la banda, la movida de Leonello: ahora está en la Bienal de La Habana; y Sebi, que está más metido en la parte de formación, ligó un par de subsidios para poder ir a dar clases por el país, entonces no es viable. Los chicos que tocan ahora venían a ver la banda y se sabían los temas de memoria. Había tres músicos en escena, se fueron dos, y la banda podría haber decidido parar cuatro meses y rearmarse, pero siguió de largo como si nada y hay más gente. Fluye.
En cuanto a lo escénico, ¿cómo es la relación con los Fluxian?
El primer contacto fue en unos seminarios que hice de composición interdisciplinaria. Ellos fueron alumnos míos. Yo creo que la información está en todos lados, y la podés trasladar a cualquier cosa. La disciplina queda después de la idea. Lo que ocurre con los Fluxian es que la información que está en la música y las letras, está en la luz. Ves gente trabajando en el show, haciendo cosas todo el tiempo y súper sincronizados. Así como hay ensayos en la parte musical, hay ensayos de la puesta en escena. Está recontra laburado. Sabemos qué estamos haciendo y por qué aparece un hombre que mira un televisor en un momento, se está buscando algo.
¿Cómo encaran el proceso de grabación?
Primero hacemos una etapa muy grande de pre producción. Grabar en el estudio en mi casa, registrar ensayos, y después una maqueta donde grabamos lo que aparentemente sería el disco. La idea es llegar al estudio lo más resueltos, porque la instancia de grabación es muy particular. Aparecen los egos y es insoportable. Por eso no grabamos más de una toma por tema. Si no salió, grabamos otra pero la anterior se borra. Una banda puede llegar a tardar un año en grabar, nosotros en general los grabamos en tres días. Tenemos la suerte de que el operador de sonido es también nuestro ingeniero de grabación, entonces es un vivo increíble porque ya nos conocemos hace más de diez años. Después lo mezclo yo, lo masteriza Andrés Maggio, que se suma al equipo sin cobrar. No es un descuento que tenemos, un favor, es gente que confía en el proyecto. Son cosas medio mágicas que hacen que podamos sacar material muy rápido, cuando son procesos largos. Así que el único costo es la fabricación. Eso nos permite tener caudal de material.
Tus letras son intimistas, ¿cómo llevás ese nivel de exposición?
Para mí es lo más lógico. Esa idea de que lo autobiográfico no es el lugar, es un problema, ¿de quién vas a hablar? Uno apenas puede con uno mismo. Y me da mucha vergüenza, pero decidir dedicarme a esto, que lo hago desde que tengo recuerdo, fue un intento de poder vencerla. La distancia entre el supuesto artista y el supuesto público es lo que yo no comparto. Estar parado frente a cientos de personas no es un hecho para tomarse livianamente. Si yo me pongo en ese lugar pelotudo de generar una distancia, el pibe que está abajo va a ver alguien inalcanzable. Si vos ves que en un show un pibe está haciendo una luz con una linterna y un pedazo de espejo roto, podés llegar a tu casa y hacer cualquier cosa. Abrir ese juego da mucha más satisfacción y se prolonga en el tiempo, porque lo que se propaga no son las canciones, son las ganas.
¿Qué función cumple el lenguaje inventado?
Lo empecé a armar en el 2002. Había una situación familiar muy compleja y dolorosa sobre todo, y ya se venían acumulando años de eso. Yo tenía la necesidad de poder decir las cosas, pero inevitablemente implicaba tener que hablar de familiares y mi idea no era hacer una bajada de línea. Ahí empecé a ver qué pasaba con el contenido; si está necesariamente en el idioma o si se podía escupir con la forma de decir las cosas. Eso lo estiré 5 años fácil, buscándole la vuelta, escuchando películas a ver qué sonoridad era mucho más cruel y usar ese tipo de conjunciones de consonantes, la efe y la te, o lugares tajantes. Para mí fue vital porque se transformó en un refugio.
Tienen un sonido muy difícil de encasillar, ¿eso les genera permeabilidad?
A la banda siempre se la asocia con algo experimental. Después la ligan más con el rock, o con la electrónica, otros dicen que casi ni es una banda porque en vivo es un show… A su vez ese “no sé”, que podría jugarle en contra a la banda, le juega a favor. Puede tocar en un lugar electrónico, como en un festival de rock, como en la movida instrumental, o en la movida noise. En vez de no entrar en ningún lado, terminó siendo al revés.
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