Más de 9 millones y medio de argentinos participan, según las cuentas institucionales de Mercado Pago, en su «Fixture 2026». Detrás de esta cifra masiva aparece una problemática estructural: la naturalización de la apuesta. Con entornos digitales “diseñados para el desborde”, las nuevas generaciones crecen en un ecosistema donde el límite del entretenimiento como un fin en sí mismo, sin un interés económico detrás, es cada vez más difuso. 

El Prode no nació con Mercado Pago. Este formato, acrónimo de Pronósticos Deportivos, fue un juego de apuestas creado por la Lotería Nacional en 1971, durante el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse. El juego consistía en apostar quiénes serían los ganadores en cada fecha de la Primera División de Argentina. Para la Copa Mundial de Fútbol de 2026, la billetera virtual Mercado Pago lanzó su propia versión de este juego de apuestas.

Además de una versión gratuita, que promete un premio de USD 50.000 a quien más aciertos sume, la billetera virtual incluyó la opción de armar “Torneos de amigos”. Esta herramienta encendió las alarmas de la Asociación de Loterías, Quinielas y Casinos Estatales (ALEA), que acusó a Mercado Pago de facilitar apuestas digitales ilegales al permitir que los usuarios junten plata para un pozo común.

Tras el reclamo, Mercado Pago eliminó la posibilidad de fijar montos de dinero dentro de la plataforma. Ahora, los grupos solo pueden competir bajo las opciones “Amistoso” o “Por los porotos”. Según un comunicado de ALEA, este cambio posibilita que cada grupo «defina entre sus integrantes el significado o destino de los “porotos” que eventualmente puedan obtenerse al finalizar el torneo».

Aunque en los papeles los «Torneos de amigos» dejaron de ser una apuesta, la lógica de competir por una recompensa virtual no es novedosa. Para Santiago Stura, coordinador de Comunicación Institucional de Faro Digital, «la aparición de un número en pantalla, una moneda que tiene que crecer como mandato y que guarda un vínculo con el dinero real, es un elemento que viene incrementando su presencia en los entornos digitales desde hace años». Cuando crecen, esta dinámica genera una contradicción: «Muchos chicos llegan a la adolescencia y el mundo adulto les plantea campañas donde se dice que ‘apostar no es jugar’, pero en la experiencia de los chicos hay algo que se ve como una continuidad«. Por eso, el especialista concluye que «esos videojuegos monetizados, con lógicas de azar, van construyendo un efecto tobogán hacia las apuestas digitales«.

Para Stura, el diseño de los entornos digitales juega un rol central en esta problemática. Al estar integradas en el celular, las billeteras virtuales ofrecen un nivel de interacción constante: «Lo que hacen es que todo sea más fluido y accesible, y que, en esa dinámica de aceleración que proponen las plataformas, el tiempo para pensar sea menor«, advierte.

«Nueva subjetividad económica»

Según un informe de UNICEF, el 24% de los adolescentes de 12 a 17 años apostó alguna vez en alguna plataforma online. Esa estadística crece al 29% en jóvenes de entre 15 a 17 años.

En el análisis de Stura, esta estadística no refleja un fenómeno aislado, sino que está atada al acceso cada vez más precoz a las billeteras virtuales y a la irrupción de las narrativas cripto y la educación financiera a edades tempranas. Ante este contexto, el especialista advierte que hoy  «se solapan las categorías de inversión, apuesta y deuda».

Todo esto configura una «nueva subjetividad económica» en las juventudes, donde la relación con el tiempo y el valor del esfuerzo es muy distinta a la de las generaciones anteriores. Esta transformación, concluye el coordinador de Faro Digital, consolida un nuevo mapa «al calor de un estadio del capitalismo donde lo financiero viene ganando cada vez más terreno en detrimento de las lógicas productivas o industriales».

En una línea argumentativa similar, Damián Supply, psicólogo y coordinador en el área de prevención y salud de infancias y adolescencias del Hospital Italiano, sostiene que el negocio de las apuestas digitales capta a los jóvenes vendiéndoles «la idea de éxito y dinero inmediato», según declaraciones emitidas al aire de La Patria de las Moscas, por FM En Tránsito.

El psicólogo califica como «obscena» la naturalización de estas plataformas, un fenómeno que vincula con el Mundial, y apunta contra el marketing desregulado. En ese sentido, cuestiona el rol de las marcas, influencers y streamers por «empujar» a los jóvenes hacia las apuestas digitales.

A este bombardeo constante, explica Supply, se le suma una vulnerabilidad de la adolescencia, durante la cual áreas del cerebro encargadas de regular y controlar los impulsos aún no están maduras. Ante este escenario, subraya la urgencia de intervenir antes de que sea tarde: «A nivel estadístico, las probabilidades de que un pibe que apuesta repita esto en su vida adulta son altísimas. Ahí es donde tenemos que cuidar».

¿Cómo habitar la era digital?

A la hora de trazar una perspectiva a futuro, Stura advierte que el punto de partida es que el mundo adulto asuma que «lo virtual es real», basándose en la premisa de que es imposible cuidar lo que no se conoce. «Poner palabra, construir una reposición simbólica a lo que sucede en las pantallas nos permite construir bordes en territorios digitales que están diseñados para el desborde

A nivel institucional, subraya la urgencia de observar los debates regulatorios de países como Brasil, Australia o Gran Bretaña. Para el especialista, los Estados deben reconstruir su «autoridad cognitiva», capacidad de comprender e intervenir, para establecer límites claros.

Frente a este escenario, desde Faro Digital proponen adoptar una «tercera posición» que escape de los extremos, sin creer que las pantallas son la solución a todo, ni tampoco culparlas de los malestares de época. El gran desafío a futuro, concluye, es fomentar el pensamiento crítico y el acompañamiento para que la convivencia con estos entornos digitales termine «construyendo mejores condiciones de vida y no peores».