Este sábado se realizará una nueva Marcha por el orgullo LGBTIQ en Plaza de Mayo, uno de los reclamos  que llevarán será: «Basta de genocidio trans-travesti».

Marlene Wayar, es una activista Travesti, que viene trabajando en varios proyectos que reflexionan sobre  la situación de las travestis. Es así que este año presentó su primer libro, Travesti, una teoría lo suficientemente buena, y esta semana lo hizo en el Museo por la Memoria de la Ciudad de La Plata.

«Estuve en ese lugar  hace unos años y ahí  acuñe una frase para explicarme frente  al mundo que es que tengo un cementerio en la cabeza. Todas las  travestis tenemos un cementerio en la cabeza. Han muerto amigas de mi misma edad y más jóvenes a lo largo de toda mi vida y todas por causas evitables.  A las personas heterosexuales no les pasa eso de tener mil quinientas muertes en la historia», expresó Wayar en diálogo con En Tránsito.

Se trata de un material que aborda la teoría travesti con una perspectiva latinoamericana. «Lo que  estamos proponiendo es que travesti es esa mirada, esa posición en el mundo y lo analizamos desde Latinoamérica  porque es en el mundo en donde estamos. Creemos que todas la teorías previas y contemporáneas están buenísimas, ahora nosotras las tenemos que pasar por el cuerpo y por nuestro territorio para saber si nos dan buenos a malos resultados», sostuvo y agregó que «tiene que ser una teoría que no baje de ningún territorio iluminado sino que se construya en dialogo».

Marlene trabajó junto con Susy Shock y Claudia Acuña en la elaboración del libro ya que  las tres que se encontraban produciendo en el mismo sentido. «Cuando podemos hacer un trabajo en alguna medida de decolonizar nuestras cabezas, nuestros sentires, nuestros corazones y todo lo que nos vienen abrumando en este mundo neoliberal capitalista, patriarcal, androcéntrico, duocéntrico,  empezamos a sospechar lo mismo». Por eso, «la  producción tiene como el mismo sentido de poner en interpelación a estas sociedades en la construcción cotidiana del odio que tienen. Hoy ese odio esta floreciendo por todos los poros en Latinoamérica y la verdad es que nos tienen muy asustadas, no en términos personales, pero creemos que hay un colectivo un 95 % inmerso en la prostitución que si lo va a padecer. Va a padecer  a las fuerzas policiales, la coima, la persecución,  la cárcel,  el odio», señaló.

Wayar indicó que tuvieron «65 compañeras muertas» en lo que va del 2018. «Se vuelve terrible también porque no estamos aisladas, estamos pensando en la infancia que en este punto es donde podemos empatizar con todas las identidades. Sabemos lo que pasa  en las mujeres de un continente donde la pobreza esta absolutamente feminizada, donde las niñas y adolescentes representan  un 20% de los nacimientos en Latinoamérica, donde  la totalidad es producto de estas violaciones y  abusos  intrafamiliar sobre estas niñas», sostuvo y agregó, «todo esto nos duele y nos insta a la acción».

Por otra parte, Wayar formuló que ella  no cree «en los terribles demonios. Por su puesto que existe Bolsonaro, Macri,  que son configuraciones muy perversas o desconsideradas con el mundo, violentos, constitutivos y propagandistas del odio y de los discursos fundamentalistas, que toman mano de la religión,  la discriminación,  la exclusión, generando que nos odiemos entre todas y todos y llevan esa bandera de la violencia».Sin embargo, la activista travesti, planteó que ella prefiere preservarse de esas autoridades y apuntar a la realización de  «una confrontación crítica, cara a cara» con quienes vive en el cotidiano, «que por la excusa que sea han votado a la derecha» en el país o  en otros países vecinos. Aquellos que  «han votado proyectos que tenían que ver con que nos priven de derechos y nos sometan a la violencia».

«Lo que quiero es discutir con las pobres, que son  a las que les impacta en la vida, con mi familia, mis amistades, mis compañeras de trabajo, porque votaron en contra de mis derechos a transitar por la vida, a existir,  a respirar, a trabajar, a entrar a los mismos hospitales que entran ellos por la salud pública, a que los niños y niñas tengan las posibilidades de desarrollo potenciados a través de la educación pública, a que los jóvenes puedan acceder a una educación universitaria pública, gratuita,libre, autónoma y crítica», expresó.

En ese sentido, recalcó que esa situación tiene que apuntar  «a una interpelación entre nosotros y nosotras que hemos hecho que emerjan estas configuraciones subjetivas que alimentan el odio el crimen,  porque los discursos de odio constituyen un plan sistemático y generalizado contra ciertas poblaciones como puede ser la población travesti, que constituye en el código penal internacional crímenes de humanidad».

Por último, reflexionó  sobre su cotidianeidad como travesti. «Las cuestiones de mi biografía y de la biografía  travesti, más las cuestiones de  que haya una afrenta derechosa en nuestro continente hace que sea muy difícil apostar por la vida o por la esperanza y cada una de las devoluciones que recibo me ayudan a sostener y a resistir».