Lxs escritorxs
no sólo habitan ferias literarias
y anaqueles polvorientos.
También están en la calle,
en las plazas,
en los colectivos
y en los almacenes
de algunos barrios.
Trabajan, ríen,
marchan, buscan;
y en algunas ocasiones
afortunadas
podés encontrarlxs.

Capítulo #3

[Una Colaboración de Judit Belucci]

Anahí Ferreyra. 35 años. Oriunda de Colegiales, Buenos Aires.

(Ilustración de Severi)

Anahí vive en Flores, con dos gatos y un amigo. Se maneja en su bici y el Sarmiento* las traslada a ambas muchas veces.

Comparte sus textos en encuentros culturales, edita sus propios libros -a través de Las Desenladrilladores- y los vende en los parques de la ciudad.
En el Centenario hay más gente pero a veces siente que ya la conocen todxs por lo que ese territorio re-recorrido pierde su magia, en el Rivadavia pasa algo parecido aunque la rotatividad continua de lxs porteñxs-en-busca-de-pasto ayude a las ventas. Por su parte, el parque Avellaneda –por ser menos poblado y más grande- la invita a largas caminatas bajo los árboles.
También visita Agronomía, Parque Las Heras, Plaza Francia y durante todos sus viajes va acompañada de sus libros.

(*) Tren, claro.

¿Tenés algún súper-poder-cotidiano?
No sé si es un súper-poder pero poder vivir de lo que me gusta es un poder, al menos. También poder concluir cosas: una novela, por ejemplo.

No recuerda con exactitud su primer día de escuela primaria pero sabe que fue determinante el cambio de espacio físico durante la formación.

Creció en Colegiales y cursó la secundaria en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda donde recibió con agrado la ausencia de guardapolvos y la existencia del centro de estudiantes. Además llegaba en bici, y eventualmente aprendió a doblar la esquina sin manos, capacidad que podría considerar como otro súper-poder-cotdiano.

¿Qué cosa te gusta que a nadie más parece gustarle?
El calor intenso; esos días que no podés estar, los sufro pero también me gustan.

Se identifica con sus gatos, es de géminis, su kin maya es perro y también es perro en el horóscopo chino.

Su hermano, desde la mismísima República Popular China, le encomendó la tarea de combatir a un gato-amarillo que, parece, está habitando las altas esferas del poder argentino. Ella considera que está aportando todo lo posible para cumplir esa misión pero no cree poder lograrlo únicamente desde sus poderes perrunos.

Una de las palabras que más se repite en sus textos es INSOMNIO y en una época tenía el latiguillo de usar constantemente la expresión EN FIN.

¿Sabés algo que Google no sepa?
Seguramente, sí. Google no sabe lo que se siente acariciar y ser acariciada.

A los 6 años escribió tres poesías, recuerda que una de ellas trataba sobre las flores y rimaba bastante. A los 9 años, en un taller de periodismo para niñxs, escribió su primer texto de narrativa: un cuento de terror que salió publicado en la revista que editaban y luego se convirtió en un proyecto de novela con varios capítulos pero sin final.

Hoy no tiene copias de esa revista aunque la sabe importante para su historia.

¿Con qué escritor/a, vivx o muertx, te irías de campamento?
Spinetta, sin dudas.

Desayuna mate o kéfir, y frutas. Las paltas le parecen buenísimas pero caras; igual las consume. Su celiaquía, y ella, opinan que es malísimo que todo contenga glúten.

El último libro que leyó es “Las aventuras de la China Iron”. En él Gabriela Cabezón Cámara imagina la vida de la esposa de Martín Fierro. Es una visión feminista de los orígenes de la patria, con momentos más realistas y otros más delirantes.

Recomienda “Tengo miedo torero” de Pedro Lemebel. Lo compró en una feria de usados en Chile. El libro simula una edición original pero por dentro son fotocopias muy mal encuadernadas; el colmo de una editora. La historia transcurre durante la dictadura chilena y comienza con la historia de una travesti que le arrienda una pieza a un pibe universitario y se enamora de él. El libro cuenta, por un lado, esa historia de amor y en paralelo relata situaciones relacionadas a Pinochet y todo el contexto histórico. Todavía lo está leyendo.

¿Un consejo para la gente que empieza a escribir?
Que tengan paciencia y perseverancia. Además que sean tolerantes y abiertxs a la respuesta de lxs demás ante sus textos, para poder soltarlos y transformarlos.

De poder elegir como morir preferiría que fuera en algún desastre natural y así apreciar el poder de la naturaleza en su máxima expresión. En un terremoto o maremoto, estaría muy bueno. Que se abra la tierra y salga un chorro de lava o me trague una ola gigante, una cosa así; o un huracán que me lleve volando, también. Por el contrario, no le gustaría para nada una muerte al estilo accidente-de-tránsito; sostiene que si se diera de esa forma su fallecimiento le causaría mucha bronca.

¿Tu palabra preferida hoy?
Compañerismo o derechos-humanos, que son dos palabras pero es un concepto, como decir Buenos-Aires. Me parece importante tenerlo presente porque en este momento del país el gobierno los viola de todos los modos posibles.
(Derechos-animales también, eh; no es por una cuestión de especismo).

Está escribiendo una novela que trata sobre los movimientos sociales durante el 2001/2002.
Recomienda decenas de escritorxs independientes, entre ellxs, Guillermo de Pósfay, Dafne Mociulsky, Diego Seoane, Diego Rojas, Daniela Andujar, Eli Neira, Sol Fantín y Margarita Roncarolo, Carolina Dandois.

Hay muchxs más, agrega.

Entre otros artes que ejerce está la música, el dibujo y la cocina; también baila tango. Cree que necesitaría varias vidas para desarrollar bien esas otras capacidades.

¿Un recuerdo que disfrutes?
Una subida a una montaña, en Perú, con hippies de distintos países y dos perritxs que teníamos; estuvimos tres días subiendo y bajamos por el valle sagrado de Cuzco.
Fue una experiencia alucinante, la conexión con la naturaleza te cambia la percepción de todo. Una está metida en las cuestiones mundanas de la vida y de repente ver lo grandioso que es el mundo, es como salirte de lo humano, tener otra perspectiva.
 Algo de lo que escribe

Él
desde un rincón
arma los engranajes
de una máquina-poesía
una máquina poesía que funciona
nadie sabe como nadie puede explicar

arma los engranajes poesía números
de este susto poeta
susto de las ciudades/ que no se detienen
susto el trabajo y los números
pero hay descanso
hay poesía

hay juegos debajo de la mesa
mientras el imbécil se toma el té
pero sigue pensando en los números
-¡hora de descanso, hora de descanso!
recreoooo!

Después de vuelta
y es así la realidad, hay que hacer
hay que trabajar
no habría tanto si
pero
por eso
el poeta no se detiene
e investiga nuevos recursos lingüísticos
mientras trabaja
por la presente intimo a mis invitados a

leerme
leerme
depositar moneda en alcancía si lo requiere
la sed

el poeta investiga
mundos para sus universos
la filosofa filosofea
la historia se historiza
mientras las cuchillas andan
y todos felices

siempre y cuando no haya
un jefe que maltrate
demasiado
o unos pies parados que duelan / mucho
tiempo
un tanque de agua sin limpiar / muchas
palabras por decir/ y sed

entonces
o cuando te dicen que no
que no sos porque no tenés título
que sólo sos aquello que el imbécil quiere ver
una esclavo.

Libros editados por Las Desenladrilladores.

Máscara y Vacío (novela)
La materia, el trabajo, la poesía (poesía)
Los dioses, los amigos, la familia, una vecina, el anti-yo y algunos divagues (poesía)
Los intestinos inflamados (nouvelle)
La identidad se escribe con H (novela)

Para contactarte y seguir leyendo/la

Buscála en los parques o entrá a: https://www.facebook.com/Las-Desenladrilladores/
Escríbile a: Anahí Ferreyra (FB)