Por Facu Acuña y Maru Castana
Nota publicada en la Güarnin Nro. 103 Octubre 2014
Llegar al Tugurio no es cosa sencilla, pero una vez que las puertas se abren el mundo Bayer nos convida un recorrido por la historia y sus lazos con una actualidad latente y compleja. Así fue la charla con uno de los máximos referentes del periodismo que nunca deja de escribir.
– Hola, Osvaldo. Lo llamamos porque en estos diez años de la revista lo entrevistamos dos veces y no fue tapa. Y nos parece que Bayer debería ser tapa.
– Bueno, ustedes sabrán por qué.
Así empezó todo. No sin problemas de coordinación, no sin ilusiones, con nervios. Pocas veces se tiene el privilegio de entrevistar y visitar a un referente del periodismo, historiador, emblema. Osvaldo Bayer tiene 87 años, a lo largo de su vida surcó diferentes caminos que lo llevaron a ser cronista, jefe de redacción de política y Fuerzas Armadas y fundar periódicos. Con la idea de “aportar una mirada independiente, y poder denunciar las barbaridades que se cometían contra los pueblos originarios”. Todo muy lindo si no tuviéramos en cuenta que el diario era en Esquel y las atrocidades contra los aborígenes se daban en ese mismo territorio y que, lejos de un premio, le valió amenazas para que abandone la ciudad.
Todo comenzó igual que hace cuatro años, cuando otros dos compañeros llegaron al Tugurio (ver G! 64), una esquina de Belgrano donde Bayer tiene las paredes tapizadas con libros de todos los colores y años. Al fondo hay un patio jardín muy bien cuidado. “¿Quién cuída todas estas flores?” soltó una. Con orgullo de hombre meticuloso, Osvaldo respondió “yo, por supuesto”.
La pregunta fundamental para quien fue testigo de un sinfín de acontecimientos del siglo pasado, sería “¿cómo comenzó todo?”.
“Cuando volví de mis estudios de Historia en la Alemania de posguerra, me dije quiero hacer investigaciones, pero quiero darlas en un idioma que lo entiendan todos, para lo cual voy a hacer un año de periodismo, no quiero escribir en un idioma academicista. Entonces empecé a trabajar en Noticias Gráficas y realmente me gustó mucho el periodismo. Así trabajé un año, pero luego me dije ‘no quiero quedarme solo en la Capital Federal’, quiero conocer el interior del país”.
Visto a la distancia una decisión sencilla es la que puede torcer y definir el rumbo de cualquiera. Pero esa decisión es lo que marcó a fuego lo que vendría después: “Acepté un contrato con el diario Esquel y el dueño quería hacer un periodismo financiado por los grandes estancieros y las empresas y yo le dije que quería hacer uno independiente. Fue un año de lucha y me echó. Lo peor es que me acusó de doble tentativa de homicidio. Me metieron preso y cuando salí, fundé el diario La Chispa”.
Todo bárbaro hasta que el garguero se seca de tanta parla y el mismo Osvaldo Bayer nos ofrece “un pequeño whisky”. Voces tímidas dicen “no, gracias”. Y otras un poco más atrevidas mencionan “bueno, lo acompañó”. “Ey, ¿pero no te gusta? Como me vas acompañar nada más”, suelta. La botella llega a la mesa e invita con un “acá cada uno se sirve, niño”. Las historias y las vivencias contadas en cualquier mesa de bar tienen una cosa en común, con el pasar de los años todo parece agrandarse. Hace apenas unos años, el mismo Bayer no dijo que el La Chispa duró seis números. Cuatro años más tarde nos cuenta que “duró doce números, con el último, vinieron los oficiales de la Gendarmería Nacional con una resolución del Comandante de la zona donde se me daban 24 horas para dejar la ciudad. El argumento era que mis escritos ‘causaban inquietud en las poblaciones fronterizas de esa zona’. No sé por qué, nunca me metí con la frontera”.
La segunda estadía en la cárcel se la ganó cuando “me invitaron de la ciudad de Rauch, que fue un militar europeo contratado por Rivadavia para exterminar a los indios ranqueles, y fuí a dar una conferencia. Rauch en su partes militares decía ‘hoy para ahorrar balas hemos degollado a 27 ranqueles’. Entonces dije en la conferencia que era una vergüenza que el pueblo se llamé así. Un día el indio Arbolito lo espera en una hondonada al Coronel, le bolea el caballo y le corta la cabeza. Entonces propuse en la biblioteca del pueblo que pongan el nombre de Arbolito. Pero en esta vida hay que estar bien informado antes de sostener cosas, cuando volví a Buenos Aires ¿quién era el Ministro del Interior de la dictadura de ese momento? El General Rauch, bisnieto directo del coronel. Hay que tener mala suerte, es como sacarse la lotería al revés”. Esa opinión y propuesta le valió más de dos meses de prisión.
– ¿Cómo es para un periodista y escritor haber hecho un libro que tiene una trascendencia tan importante?
Es una satisfacción de ver triunfar la verdad histórica, de hechos absolutamente desconocidos y negados por la sociedad. Se hablaba de las huelgas patagónicas pero no se había escrito absolutamente nada. El radicalismo desconocía el hecho. Es increíble que jamás se haya hecho la autocritica de parte del partido radical, de ese crimen tan atroz. Fue dar la pena de muerte y el fusilamiento de 1500 peones rurales por beneficiar a los estancieros. El mismo Irigoyen había eliminado la pena de muerte dos años antes, es más le dio al Ejército la pena de muerte por subversión. Una huelga rural no es subversión, eso es cuando se levantan los militares. Hasta ese momento fue el crimen masivo más grande de la Argentina, después vendrá la dictadura con la desaparición de personas.
– Hoy hay un rescate de la figura de Irigoyen, ¿cómo se analiza eso?
“Claro, porque se basan en una falsedad. La falsedad es negar que este hombre cometió tres crímenes atroces: La Semana Trágica (NdelR: aparece una tos despiadada y Bayer dice ‘esto me lo manda Roca’) de 1919 eso fue una masacre total que hace la Policía. Después hizo la matanza de la Patagonia. Y después el fusilamiento de los peones hacheros de La Forestal. Y es como si no hubiera pasado. Tres hechos que resultan desconocidos. Y lo hizo un presidente elegido por el pueblo. La democracia aconseja la autocritica cuando se cometen errores, pero los radicales miraban para otro lado. Ahora, el peronismo tampoco se hizo la autocritica por los crímenes de López Rega y la Triple A (NdelR: Alianza Anticomunista Argentina). En los diarios uno podía leer, durante el gobierno de Isabel, que lo habían condenado a muerte a uno. Ese Gobierno que fue un desastre total”.
Así, el relato nos llevó a un clima de amargura, al momento donde todo se “resolvió” por fusilamientos, golpes de estado. Entonces hay una reflexión incomoda, que nos hace preguntarnos primero si “ganamos algo”. Alguien optimista podría pensar que sí. Entonces ¿dónde encontramos las victorias del pueblo?
“Pese a las derrotas, el pueblo supo levantarse. Hubo sectores de la población que no aceptaron nada de eso. Realmente hay huelgas que son un ejemplo, se paró toda la gobernación de Santa Cruz. Y necesitaron la pena de muerte para terminar con eso. Hubo muchos movimientos antes del peronismo que fueron sobre la base del pueblo. Que me inviten a actos para la reivindicación de figuras de resistencias sindicales o de pueblos originarios es para mí el triunfo final, de los ocho años de exilio que sufrí”.
DEMONUMENTALIZAR
– ¿Cómo se analiza la figura de Roca, porque tuvo una serie de prácticas que llevaron a la consolidación del Estado argentino?
“Pero la base de la historia tiene que ser la ética, la defensa de la vida. Y además algo que nunca se nos dijo, esa generación reimplantó la esclavitud en la Argentina. Hasta se introdujo la esclavitud de la niñez, miles de indios fueron traídos prisioneros y repartidos como esclavos. Una persona así, ¿merece tener el monumento más grande de Buenos Aires?
Tuve una discusión en televisión con Félix Luna, hablé de los crímenes de Roca, la masacre de pueblos originarios, se calculan en más de 20.000 los indios muertos, y la esclavitud de muchos otros.
Y la contestación de Félix Luna fue ‘sí, está bien. Roca habrá matado, e hizo un gesto despectivo, una cierta cantidad de indios. Pero no nos olvidemos que hizo el edificio de Obras Públicas, que trajo los ferrocarriles, que hizo la Casa de Gobierno y otras obras’.
Y yo le respondí ‘tiene razón, Dr. Luna, no lo había comprendido y ahora lo comprendo. Es lo mismo se habla mal de Hitler porque dicen que mato a 6 o 2 millones de judíos, es lo mismo. Pero hizo las autopistas alemanas, le dio trabajo a todo el mundo, hizo el edificio olímpico de Berlín’. Y ahí se dio cuenta que había metido la pata”.
– Roca implantó el Servicio Militar Obligatorio, ¿cómo ve cuando hoy aparece alguien y propone que vuelva?
“Yo hice el Servicio Militar, fue el peor periodo de mi vida. Perdí un año y medio. Estuve en la brigada de limpieza, soy un tipo práctico para limpiar el piso. No se aprende absolutamente nada. Así que no, no al Servicio Militar. Menem lo eliminó, ¿no? Hay que hacerle un monumento (risas)”.
Bayer es una persona que tuvo el privilegio de entrevistar a personajes que se transformaron en iconos en nuestros días. Uno de ellos es Ernesto Che Guevara. “Yo fui a Cuba como uno de los representantes del sindicato de Prensa. Y nos recibió el Che. Y nos habló durante tres horas sobre cómo hay que hacer la revolución en la Argentina. Hablaba como un poeta él. En la delegación había dos mujeres que estaban enloquecidas con el Che. Si hubiera sido mujer yo me habría enamorado también (risas), tenía un carisma. Tenía ojos poéticos ese hombre y nos dijo ‘¿hay alguna pregunta?’. Entonces me da vergüenza cuando nadie pregunta. Entonces le digo ‘sí compañero Che, muchas gracias por recibirnos y habernos hablado así de forma tan directa. Pero hay algo que quisiera preguntarle, usted habló de cómo se hace la revolución. Pero no nos habló de la oposición de los gobiernos burgueses. Porque mandan los Ejércitos entrenados en la lucha anti guerrillera’. Y la respuesta del Che fueron tres palabras, me miró, yo no sé si con pena o con asco, me dijo ‘son todos mercenarios’. Qué respuesta heroica y poética. Sí, son todos mercenarios pero tienen cualquier cantidad de armas, como lo han demostrado.
Pero yo estoy contra toda violencia. Cuando los anarquistas asaltaban un banco era para hacer sus revistas o darles dinero a las familias que no tenían entradas y necesitan dinero. Pero acaso ¿se puede hacer una revolución sin violencia y terminar con un Gobierno violento?
La experiencia de la guerrilla en nuestro país fue muy dramática. Se ha comprobado que no es el método, más ahora por como las Naciones han preparado a sus Ejércitos en la lucha anti guerrilla. El método tiene que ser otro, tiene que ser los grandes paros obreros. La desobediencia civil, eso puede obligar a cambiar el sistema”
EL VIOLENTO OFICIO DE VIVIR
– ¿Cómo fue haber sobrevivido a toda una generación de periodistas y escritores, con tanta gente que se quedó en la lucha?
“Porque yo nunca pertenecí a ninguna organización, me mantuve siempre en la investigación histórica. Pero los conocí a todos estos amigos, a David Viñas y a Rodolfo Walsh en la Facultad de Filosofía. Al Paco Urondo lo conocía de la redacción de Clarín, trabajamos uno al lado del otro. A Aroldo Conti lo conocía de encuentros de escritores. Y nosotros discutimos mucho. Con Walsh nuestro último encuentro discutimos mucho sobre eso”.
– ¿Qué le decía?
“Bueno yo le dije ‘Rodolfo yo no te entiendo una cosa, desde que nos conocimos siempre fuiste marxista y ahora te hiciste peronista (porque había ingresado a Montoneros)’. Y me respondió ‘no te equivoques, yo sigo siendo marxista, pero ¿dónde está el pueblo?’. Y le dije ‘sí el pueblo es peronista pero no los va a acompañar’. Y el dice ‘ya vamos a ver’. Pero no los acompañó y se equivocó. Y perdimos al mejor de todos. Era un hombre extraordinario”.
– ¿Qué diarios lees?
“Leo dos diarios para informarme. Uno Página 12 para saber cómo va el Gobierno. Y Clarín para ver todo lo malo que hace. Pero el periodismo escrito de hoy es un desastre. Pero lo conozco de tantos años de hacerlo, es de acuerdo a quién te pone avisos, quien te sostiene. Se tergiversa la verdad”.
Hoy el periodismo parece haber caído en un abismo sin referentes, carente de plumas que valgan la pena, que se destaquen. Bayer piensa sobre quién se destaca: “El muy informado es José Pablo Feinmann. Pero cambia y dice cosas que no son ciertas. Escribe demasiado. Un libro cada seis meses. Pero en algunas cosas está muy bien informado. Pero no se me ocurre, decirte ahora. No hay ningún Rodolfo Walsh, que era el mejor de todos”.
La fila de entrevistadores para hablar con él continua. Tenemos que cortar una charla que habría durado horas interminables y habría secado varios vasos de whisky. Todo queda con la promesa de seguir, que todo tiene que continuar. Entonces ofrecemos traer una botella por nuestra parte la próxima. En ese preciso momento espeta: “Pero niño, usted no toma nada”. “Y bueno, Osvaldo, no le voy a bajar toda la botella”.
