La Secretaría de Cultura de la Nación, a través del Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), ha publicado esta obra colectiva que intenta resumir anécdotas, problemáticas y aspectos relevantes de la trayectoria productiva y cultural de nuestro país.

Desde el punto de vista económico, la industria cultural se concibe como un conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y distribuidoras de mercancías concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y se destina finalmente a los mercados de consumo, con una función de reproducción ideológica y social.

Sin embargo, tanto los binomios cultura e industria, como arte y capital alcanzan síntesis contradictorias; la democratización cultural y la generación de nuevas formas culturales por un lado, y la irrupción directa del capital en el ámbito de la creación y la producción cultural por otro. La segmentación de las formas de rentabilización de la producción cultural por el capital es consecuencia del modo de organización del trabajo, de la caracterización de los propios productos y sus contenidos, de las formas de institucionalización de las distintas industrias culturales, el grado de concentración horizontal y vertical de las empresas de producción y distribución, o incluso de las formas en que los consumidores se apropian de los productos y servicios.

En el camino de las industrias culturales existe una suerte de relación permanente entre la innovación tecnológica, las posibilidades industriales de responder materialmente a la reproducción a escala y los modos y hábitos de apropiación por parte del público. Las industrias culturales viven en los últimos años un proceso de reconversión tecnológica profunda que impacta tanto en la producción como en la distribución y el consumo. No se conoce aún cuál será el futuro de la gratuidad vía Internet de música, películas y diarios. Por otra parte, existe una interacción de los distintos sectores de las industrias culturales donde, a través del desarrollo de las Tics, hoy puede encontrarse un CD de música que es a la vez un videojuego, y un mismo soporte que contiene texto y música.

El impacto que la producción y el consumo cultural tienen sobre la constitución de las identidades y prácticas sociales y por lo tanto sobre la preservación y el fomento de la diversidad cultural es indiscutible. Y al mismo tiempo, la relación inmediata que existe entre las condiciones materiales en que se genera y desarrolla la cultura y el tipo y forma de productos que surgen a partir de esas condiciones. Las prácticas, acciones y productos que forman parte del campo cultural tienen, además de una dimensión simbólica, una económica. Como parte de este enfoque, se ha cuantificado el impacto que este sector tiene sobre la producción, el empleo, el comercio exterior y el consumo, entre otros aspectos. Como consecuencia de esta puesta en valor del sector cultural, se han podido realizar diagnósticos donde se evidencia un importante proceso de concentración, tanto a nivel geográfico como económico -lo cual amenaza la libre creación y circulación de bienes y servicios culturales, la protección de la diversidad cultural y el acceso ciudadano a múltiples y diversas voces-.

El desafío del Estado es garantizar la retroalimentación entre ciencia, tecnología y cultura, fomentar la igualdad de acceso a los bienes y contenidos culturales, garantizar las oportunidades para que cualquier ciudadano pueda desarrollar sus capacidades expresivas, revalorizar y rescatar su patrimonio socio-histórico-cultural y sustentar desde lo técnico, lo tecnológico y lo ideológico, el fortalecimiento de la integración cultural territorial así como de las identidades locales, la generación de nuevas ideas y el fomento de la imaginación, todo ello dentro del sistema cultural que se cohabita y construye día a día en una sociedad libre que se expresa.

(Saber Cómo Nº 99 | Abril de 2011)

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